Esta jornada del Festival de San Sebastián nos ha traído productos muy diferentes, entre ellos la seleccionada por Georgia a los Oscar, Moira, los nuevos trabajos de Imanol Uribe (Lejos del mar) y Jia Zhang-ke (Mountains May Depart), y la elogiadísima La Novia.

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La tercera película como director de Levan Tutberidze ha logrado lo que hasta ahora parecía imposible: que nuestra estima por la Sección Oficial de este año aumentara ligeramente. En Moira el director georgiano nos cuenta la historia de Mamuka, un joven que trata de sacar a su familia de la pobreza después de salir de la cárcel. La cinta de Tutberidze pone de relieve algunas de las problemáticas sociales que (intuimos) son acuciantes en Georgia, y al mismo tiempo que nos habla de la redención, el sacrificio y la integridad humana. Todo ello a través de un ritmo pausado, sin acudir a la artificialidad para encontrar más emoción y con una potencia visual estimable.

En la mitología griega, las Moiras eran las personificaciones del destino y quienes controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal. En su película, Tutberidze hace un uso extraordinario de esa referencia mitológica, cuya significación está presente en cada una de las escenas de la cinta (especialmente en el final, cuando una imagen desvela el atroz final que nos espera). Se trata, pues, de un detalle de lucidez argumental que agradecerán aquellos espectadores a los que el ritmo pausado de Tutberidze se les haga pesado. Además, encontramos que otros temas como la moral humana, la avaricia, el sacrificio y las crisis familiares también se tocan con gran tino. El apartado técnico de la cinta no consigue sobresalir sobre su historia, aunque es cierto que muchos de los encuadres del georgiano transmiten una gran belleza y sutilidad (el plano final es fantástico). El mayor peligro de Moira es que su historia y sus personajes pueden provocar cierta indiferencia, aunque con nosotros desde luego que no ha sido así.

Lejos del mar El milagro del amor

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Imanol Uribe ha calentado el Festival de San Sebastián. Su nueva película, Lejos del mar, ya forma parte del selecto grupo de obras “odiadas” por el público festivalero, un grupo donde se encuentran Mi gran noche, El rey de la Habana, y en menor medida, El desconocido. En su nuevo trabajo Uribe nos cuenta la historia de un etarra arrepentido que sale de prisión por la aplicación de la doctrina Parot. Siendo ya libre decide viajar hasta Almería, donde reside un amigo al que conoció en la cárcel, y allí encontrará el amor donde menos se lo espera.

Es indudable que Lejos del mar comete un error garrafal al abandonar su historia de origen para centrarse en el drama amoroso. Pero no seré yo quien critique cada aspecto de su guión. Puede que la película de Uribe falle estrepitosamente al reorientar su historia al drama amoroso, pero huelga decir que el primer tramo de la cinta tiene momentos muy interesantes. Si esta parte, que nos habla del proceso de redención y perdón, se hubiera estirado mediante un diálogo entre los protagonistas es posible que el resultado fuera mejor que Lejos del mar, pero, como decíamos, la película de Uribe se decanta por la (espantosa) relación de amor, y ahí es cuando entran en juego algunos de los mayores fallos del filme, como los personajes secundarios (el marido de Elena Anaya es muy divertido pero penoso) o el tono de ciertos diálogos. Aún así valoro que habiéndola cagado, Uribe tenga la decencia de ofrecer un final más o menos decente. Aunque los fundidos a negro son imperdonables…

La Novia – Barroquismo poético

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El pase de La Novia, película que adapta Bodas de Sangre, de Federico García Lorca, en el Festival de San Sebastián ha sido sorprendente. Sorprendente porque la película ha maravillado a casi toda la sala. Las críticas han sido tremendamente positivas en casi todos los casos. Y lamentablemente yo me encuentro en ese “casi”. Debido a mi condición de hater impuesta por la presión social que supone no amar esta película, me veo en la necesidad de dar mi opinión sobre esta arriesgada película.

La Novia se caracteriza por un marcado barroquismo visual, cargado de cámaras lentas y artificios fotográficos, y por una historia (totalmente idéntica a la que adapta) tremendamente intensa y melodramática. Sin ser especialmente amigo de este tipo de relatos amorosos, mi visión de una obra de Lorca adaptada a la gran pantalla es muy diferente a la de La Novia. Amante de la sutileza en el amor, creo que esas imágenes tan recargadas y dramáticas hacen un flaco favor a una historia con tanta carga emocional y a la vez tan sencilla como Bodas de Sangre.

Es cierto que la película posee imágenes de gran impacto, bellas y contundentes. Pero estas mismas imágenes se pueden encontrar en un anuncio de perfumes, imágenes en movimiento que representan la nada y que, en La Novia, representan lo mismo en muchos más casos de lo que parece.

La Novia es una película muy arriesgada, y siempre defenderé el riesgo en el cine. Pero rebasa líneas que la convierten en un espectáculo demasiado artificial, más empeñado en trasladar la esencia de la poesía al cine que en darse cuenta que el cine no es poesía.

Mountains May Depart – La vida según Zhang-Ke

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Jia Zhang-ke, el que es quizá uno de los mejores directores actuales de la poblada China, consuma su ópera magna en forma de melodrama familiar; una suma de todas sus virtudes y algunos de sus defectos, apoteósica en su forma y arrebatadora en su fondo, un canto a la vida no como fin sino como tragedia.

Como suele ser habitual en el director, las historias narradas en sus películas tienen siempre un importante trasfondo social, arraigado a China, que se puede ver como problema o incluso característica del pueblo oriental. En Mountains May Depart la inmigración sirve de nexo, casi excusa, para unir las diferentes tramas de lo que es la película más melodramática de Zhang-Ke.

Narra la historia de la pérdida, de la falta de afecto en una relación materno filial inexistente pero a la vez real; inseparables en distancia y tiempo. Narra la vida, una travesía de 25 años, desde el éxtasis de la juventud de Tao (interpretada magistralmente por Tao Zhao) en la navidad de 1999 hasta el ocaso, donde los sueños de la juventud se han convertido en cenizas y como, a la vez, surgen nuevos sueños en el personaje del hijo de la protagonista. Y también narra la historia de la inmigración, su problemática en China; de la necesidad vital de buscar nuevas metas o nuevas experiencias. Y por supuesto habla del amor. Del amor que una madre siente por su hijo, de la amistad, de los amores frustrados y los amores perdidos.

Habla de todo esto en tres actos, divididos temporalmente, que funcionan como magistrales melodramas independientes; pulidas piezas de un reloj que dan la hora en los momentos justos y que se guardan cualquier tipo de manipulación emocional, mostrando el drama de forma pura (que no es poco) y consiguiendo crear una atmósfera de tristeza y melancolía. Lo que se propone.

Mountains May Depart es una de las películas del año, la apoteosis de un cineasta que por fin despega hasta la excelencia más absoluta. No hay manera de no rendirse ante la potencia  de esta película, la película que mejor define el cine de Zhang-ke.