Nuestro primer día en la 63 edición del Festival de San Sebastián ha tenido absolutamente de todo, como debe de ser. Empezamos el día con lo nuevo de Amenábar, Regresión, seguimos con la vasca Pikadero y nos adentramos en otros continentes con The Assassin y El club. Mucha variedad (aunque no siempre buena).

Regresión – Cuando Amenábar nos puso tristes

Regresión

Cuando se anunció que Regresión sería la película inaugural de esta edición una mezcla de sensaciones contradictorias emergió del interior de los cinéfilos. Por un lado teníamos el pensamiento positivo: era Amenábar. Es cierto que con Ágora no estuvo muy acertado pero era Amenábar y confiabámos en él. Teníamos que fiarnos un poquito. Por el otro lado teníamos el pensamiento no tan positivo: el proyecto pintaba verdaderamente mal. No queríamos adelantarnos porque Amenábar ya había demostrado que sabe desenvolverse en el género, así que preferimos esperar. Con dudas pero con ganas.

De esta manera afrontamos el visionado de Regresión, y al terminar no podíamos dejar de pensar en lo ilusos que habíamos sido: ni Amenábar nos ha hecho felices ni su película es buena. Para su nuevo trabajo Amenábar ha apostado por una historia real ambientada en los noventa en la que nada funciona como debería. Regresión cuenta la historia de Bruce Kenner, un detective que investiga el caso de la Angela, una joven que acusa a su padre de cometer un crimen inconfesable. Cuando John, de forma inesperada y sin recordar lo sucedido, admite su culpa, un psicólogo entra en escena para ayudarle a revivir sus recuerdos oprimidos.

El afán de Amenábar por enfatizar cada una de sus escenas, el cariz absurdo de la historia y la falta de sintonía entre sus actores son sólo algunas de las razones que nos han llevado a renegar de esta película. Nos gusta que nos quieran hablar de los peligros de la imaginación humana, de la verdad que esconde lo sectario, pero no así, no tratando al espectador como a un pelele. Aunque lo peor es que Regresión es una película completamente impersonal. Sabemos que es de Amenábar porque lo pone en los títulos de crédito pero nada en ella refleja algo de su cine, de su talento. Imaginamos que de no ser por los nombres que hay detrás, hoy no estaríamos hablando de esta película ya que lo más probable es que hubiera quedada relegada a la parrilla televisiva de Antena3.

The Assassin – La mutación de un género

The Assassin

Si ya fue sorprendente la aproximación de Wong Kar-Wai a las artes marciales con The Grandmaster, más sorprendente aún ha sido la de Hou Hsiao-Hsien al wuxia, género chino en el que se juntan tradiciones medievales y artes marciales originales del país asiático.

Este género, tan ajeno a los que frecuenta Hou Hsiao-Hsien, muta para adaptarse al estilo del director. The Assassin es cine contemplativo y lento (y esto nunca fue más un cumplido que ahora), un cine que crea una atmósfera, casi un estado de ánimo, para sumergir en ella al espectador. Es una mutación de un género en el que las peleas de artes marciales pasan a un segundo plano y las intrigas políticas, las relaciones y el pasado cobran máxima importancia, enmarcadas en una representación apabullante de china.

La película más bella de Hou Hsiao-Hsien también es una de las más bellas del año. Cada plano es una pieza de joyería, pensados y meditados hasta el extremo. La luz, la noche o incluso la niebla están al servicio del director para crear una atmósfera única.

Éste no es un cine fácil, pero precisamente por esto la recompensa es mucho mayor. Hou Hsiao-Hsien ha traído la china medieval de forma apabullante.

El club – Una verdad incómoda

El club

El tono de documental que Pablo Larraín imprimió a NO, su certera versión cinematográfica del plebiscito de Chile, se traslada en términos muy similares al espinoso tema de los abusos sexuales que han sufrido niños de mano de algunos curas.

Concretamente la historia se desarrolla en una casa de retiro en la que conviven cuatro de estos curas, vigilados por una monja, en la que supuestamente deberían recluirse y hacer penitencia por los pecados tan depravados que han cometido. De esta forma se desarrolla una crítica feroz contra los encubrimientos de pederastia de la Iglesia y sobre la visión de la culpa que tienen los pederastas de sus actos.

El Club es de una lucidez envidiable, una visión totalmente descarnada de los abusos sexuales, de sus consecuencias y de las consecuencias de su encubrimiento. Pablo Larraín sacrifica cualquier floritura cinematográfica en pro de potenciar lo desagradable de su relato. Esta decisión puede ser discutible pero sin duda otorga una potencia increíble a la que es sin duda una de las películas que mejor muestra la cara más oscura de la Iglesia.

Pikadero – Juventud sin futuro

Pikadero

El director novel Ben Sharrock presenta en la sección de Nuevos Directores su opera prima en formato largometraje, Pikadero, una divertida y sobretodo, muy particular visión de la escasez de futuro de la juventud actual.

Pikadero es la historia de una pareja que no puede encontrar un lugar para consumar su relación. Esta búsqueda tan desesperada funciona como perfecta metáfora de la falta de horizontes que tiene la población más joven del país. Es divertida y muy honesta: Ben Sharrock otorga a su creación un estilo concreto, muy particular y lo lleva hasta el final. El riesgo es máximo; el resultado, desigual.

Aunque se agradece Pikadero, soplo de aire fresco formal y argumental en una industria que a veces no siempre potencia lo atrevido o diferente, acaba derrumbándose parcialmente bajo el peso que las limitaciones de su propuesta esconde. No es una historia que se tome en serio y por lo tanto su alcance y profundidad son limitados; mientras que en una primera mitad la comedia y la metáfora se desarrollan con interés, la segunda mitad y concretamente el último cuarto, pecan de ser un epílogo demasiado largo, un cierre serio, que no malo, de una película que en un principio no lo parecía.

Ben Sharrock ha dejado una primera película más que interesante y ha buscado el riesgo y la diferencia frente a la inmovilidad. Y esto siempre es de agradecer.

Crónica escrita por Beatriz Bravo y Guillermo Martínez