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La tragedia humana siempre ha sido comidilla en el cine, el hombre que buscó el milagro, y más aun el que pereció en busca de su meta imposible. Es fácil que viendo Everest a uno se le vengan a la cabeza dos películas como ¡Viven! de Frank Marshall y Límite Vertical de Martin Campbell. Sí, y viendo también esta comparativa es fácil encontrar como Everest falla donde aquellas ya fallaban. La historia de ¡Viven!, que al igual que Everest está basada en un hecho real, era realmente apasionante, mucho más incluso que la que ahora nos atañe. Aquel equipo de rugby condenado a sobrevivir en los fríos montes de los Andes comiéndose unos a otros se encontraba con un problema enorme, era difícil transmitir la verdadera angustia que un problema de estas magnitudes desentrañaba. Al contrario que las otras películas mentadas, Límite Vertical no estaba basada en una historia real, pero era una película que se prestaba exclusivamente a la acción apostando a que el terreno podría suplir todas las carencias del guion. El resultado era tan desastroso como espectaculares eran sus escenas, claro que tampoco ayudaba tener a un sosaina como Chris O’Donnell de protagonista.

Everest nos cuenta la historia real de una expedición al monte Everest que tras completar la fatídica misión se topo con un terrible temporal que hizo de su hazaña un verdadero infierno. El primer error de Everest llega en la concepción de la propia historia. Estamos ante una película plagada de personajes, quizá en un intento de hacer deuda con todos aquellos que fallecieron en aquella misión, la película opta por apenas tener protagonistas y jugar la carta del reparto coral. Pero esto también supone un verdadero riesgo que no consigue compensar, y es que estamos ante una película con tantos personajes que, valga la redundancia, apenas tiene personajes. En cierto momento de la película uno de los alpinista pregunta: “¿Por qué queréis escalar esta montaña?”, una respuesta a la que solo responden dos personajes, uno ni siquiera consigue encontrar la respuestas, y mientras que el otro sí la da, parecen olvidarse de que es un personaje que está en su tercera escalada y no, el espectador no le entiende ni a él ni al resto de sus compañeros.

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Para arreglar esto, la película apuesta por una decisión demasiado blandengue y también bastante obvia, ante las carencias de sus personajes opta por contratar a actores de gran talento como Jake Gyllenhaal, Josh Brolin, Emily Watson o John Hawkes y algunas caras lo suficientemente reconocibles para el espectador como las de Jason Clarke, Sam Worthington o Keira Knightley. Pero esta decisión es completamente inútil, basta con observar al demacrado personaje de Gyllenhaal, un tipo que lleva a su cuerpo al límite durante toda la película, pero jamás tenemos información de porqué hace eso, cuáles son los motivos que le llevan a esa situación. Ver a una cara familiar no sirve para dar vida a un personaje que simplemente es invisible sobre el papel. Esto es preocupante durante los tres primeros cuartos de la película, mientras que la expedición tiene que llegar a la cima del Everest superando los distintos contratiempos que se presentaban por el camino. Pero aun con todo esto, no acaba de ser un problema realmente grave durante este tramo, que pese a todo se presenta como una película lo suficientemente entretenida, y que se ve de manera agradable como la prueba de unos hombres por conseguir una meta bastante complicada, sencillamente porque en esta parte de la historia los personajes sí son prescindibles.

Pero la película se desmorona por completo en su tramo final, es ahí cuando la hazaña se acaba y el drama toma forma. Es cuando a la película se le ven por completo los problemas que había en la primera parte. Y si en un principio podíamos llegar a pensar incluso que estos problemas podrían venir de un masivo recorte en el montaje final, donde se hubieran quedado en el tintero el desarrollo de muchos de los personajes, aquí podemos comprobar que el problema va mucho más allá de eso. Tienes una historia de aventuras en la que un gran grupo de personajes van a perder la vida, sin embargo, todo esto está descrito de forma totalmente torpe. Muertes que llegan de forma abrupta, sin apenas fijar consecuencias en los demás personajes, que están carentes de todo tipo de emoción. Pero lo que resulta aún peor es que la mayoría de los diálogos de los que somos testigos acaban produciendo verdadera vergüenza ajena.

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Es cierto que el islandés Baltasar Kormákur muestra un gran quehacer en las grandes escenas de acción, se ayuda del terrible paisaje y lo convierte en el personaje más interesante, y nos regala algún momento de gran intensidad narrativa, como esa escena en la que Brolin tiene que atravesar una grieta a través de una escalera. Pero para un realizador que ha desarrollado su carrera en el cine de acción, con películas tan entretenidas como Contraband o 2 Guns, en las que toda la narración se basaba en espectaculares de acción sumada al carisma de sus protagonistas, intentar arreglar el desaguisado con el que se encuentra la película es una película harto complicada, y cuando debe de sacar al máximo el potencial narrativo de un realizador, acaba por mostrar las mayores de las carencias. Al final, lo que uno siente es que Everest es un completo desastre, una película que trata de contarnos un drama humano verdaderamente espantoso, pero resulta bastante complicado lograr esta misión cuando no tienes personajes con los que contarlo.

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Ficha técnica:

Título original: Everest Director: Baltasar Kormákur Guión: Lem Dobbs, Justin Isbell, William Nicholson Música: Dario Marianelli Fotografía: Salvatore Totino Reparto: Jason Clarke, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Elizabeth Debicki, Keira Knightley, Sam Worthington, Robin Wright, Emily Watson, John Hawkes Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 18/09/2015