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En reino soberano del humor gamberro marca Apatow, en el que sus propios aprendices (Feig, Lord & Miller…) han terminado superando al maestro, es fácil decir que una comedia de hace cuarenta años no funcionaría demasiado bien en cartelera. El sentido del humor, el ritmo de los chistes y las (cada vez más numerosas) referencias culturales pop han cambiado de forma drástica e igual que no podemos pretender que nuestro abuelo se ría con chistes de porros y penes nosotros no esperamos reírnos con comedias de enredos de las que ahora sólo encontramos en los teatros. A no ser, claro está, que sean grandes clásicos. En ese caso nos ponemos culturetas y alabamos el gran sentido del humor del endiosado director de turno. Pero pongámonos creativos e imaginemos que esa comedia añeja se estrena ahora mismo con el mismo guión, el mismo humor y los mismos clichés. Aunque nos cueste no podemos negarlo: no nos gustaría. Bastante lógico ¿no? Admiramos esas comedias clásicas porque inmediatamente las situamos en un contexto sociocultural y temporal concreto y las valoramos desde la piel de nuestra generación pero con la mente de sus contemporáneos. Es empatía fílmica de la buena y, reconozcámoslo, es un pensamiento cuanto menos interesante. Pero si los mismos ingredientes se utilizan para un plato nuevo lo mejor que puede pasar es que solo quede insípido.

Exceptuando a algunos directores con una marca autoral muy clara en su estilo de comedia (se me ocurre Woody Allen, por supuesto, pero también Edgar Wright o Kevin Smith) y a los que se les permite ser algo clásicos en lo que al humor se refiere, el resto de curritos tiene que ceñirse a lo que nos hace reír actualmente. Bien. No conocía a Peter Bogdanovich pero después de ver Lío en Broadway intuí que este señor habituaba a hacer comedia de la de antes. Y, efectivamente, no iba desencaminado. Después de siete años de retiro, Bogdanovich hace un regreso de esos que, tal vez, buscan ser sonados pero se quedan en un murmuro procedente de sus más allegados conocidos. Pero, aunque puede parecer que se limita a saludar con la cabeza y a pasar sin armar bulla, yo creo que Lío en Broadway es todo un golpe en la mesa con el puño cerrado. No es que la película sea ninguna maravilla cómica, aunque sí es muy notable, sino que lo que hace es todo eso que, como decía al principio, se supone que no debe hacer. Con un guión puramente teatral nos presenta una comedia de enredo de esas en las que mientras uno abre una puerta el otro cierra otra, en las que las coincidencias provocan todas las situaciones y en las que los personajes están tan extralimitados que es inevitable no empatizar con casi todos. Ingredientes clásicos todos ellos pero que con un pequeño soplido de aire fresco (más en la forma que en el contenido) desprenden un aroma que, si bien no es nuevo, si es bastante apetecible.

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Además del guión, el casting es uno de los puntos fuertes. Con un Owen Wilson bastante relajado como cabeza de cartel, encontramos un elenco elegido muy sabiamente y que desprende carisma por todos los poros. Imogen Poots sorprende, Will Forte cae bien, Rhys Ifans lo peta y Jennifer Anniston vuelve a molar como ella sabe. Todo encaja en un puzsle que parece demasiado fácil de montar pero que en realidad consigue un objetivo que, por la propia naturaleza de la historia, no es nada fácil: divertir durante 93 minutos. Y ahora una preguntita off the record, ¿se me ha notado mucho que estoy harto de los chistes de porros y penes? ¿No? Pues lo estoy.

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: She’s Funny that Way Director: Peter Bogdanovich Guión: Peter Bogdanovich, Louise Stratten Música: Ed Shearmur Fotografía: Yaron Orbach Reparto: Owen Wilson, Imogen Poots, Jennifer Aniston, Will Forte, Cybill Shepherd, Rhys Ifans, Lucy Punch, Eugene Levy Distribuidora: Emon Fecha de estreno: 24/07/2015