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Mi relación con el cine de François Ozon comenzó hace no mucho tiempo con el visionado de Joven y bonita, una película delicada y contundente que me encandiló y me descubrió a este director francés del que, a pesar de disfrutar de una carrera reconocida y prolífica (quince films en dieciséis años), no había oído hablar. En la casa vino después para confirmar que estaba ante un talento enorme, un cineasta al que valía la pena seguir. Y han sido esas dos cintas a las que me he agarrado de cara a su nueva obra, Una nueva amiga.

Aunque no puedo hablar del cine de Ozon en su conjunto, pues con la última mencionada son únicamente tres las películas suyas que he visto, tenía una idea clara de lo que podía esperar de Una nueva amiga, ya no solo por haberle escuchado de primera mano explicar en qué consistía la misma, sino porque la propia sinopsis enmarcaba en qué cuadro se iba a situar la historia. En la charla de presentación a la que tuve el placer de ir, Ozon apuntó que no considera que esté haciendo un retrato de la sociedad europea actual en ninguna de sus películas, que eso sería generalizar en exceso, pero por otro lado no se puede negar su fijación por historias que, dentro de la cotidianidad o de planteamientos intimistas, explotan hacia lugares insospechados habitados por personajes psicológicamente complejos.

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Su nueva obra, centrada en la relación entre una mujer (Anaïs Demoustier) que ha perdido a su mejor amiga (Isild Le Besco) y al marido de esta última, que disfruta vistiéndose de mujer al sentirse así más libre, no huye demasiado del espíritu plasmado en sus dos últimas películas, pero sí que cuenta con un enfoque algo diferente: el exterior por encima de la psicología. Con En la casa nos encontrábamos con una historia en la que los pensamientos y las decisiones (en el día a día y en el plano creativo) de los personajes lo eran todo; en Joven y bonita pasaba algo parecido, pues aunque lo exterior (el cuerpo de la chica) también era fundamental para la coherencia de la trama, al final todo se centraba en la psicología de la joven, en su visión del mundo, algunos dirían que en la adolescencia de alguien curioso y algo ingenuo. Una nueva amiga cuenta con personajes con conflictos internos y grandes decisiones personales realizadas en voz baja, claro, pero todo se externaliza de una forma evidente al tocar un tema como el travestismo. El marido, interpretado por un convincente Romain Duris, experimenta cambios corporales, en ocasiones se viste de mujer y en otras de hombre, se le nota cuando está nervioso y cuando consigue una pizca de confianza… Esto, que por un lado es inevitable, desencadena que la psicología del personaje salga como un torrente hacia fuera, lo que provoca que, siendo complejo, resulte algo menos interesante (o enigmático) para el espectador que por ejemplo esa protagonista de Joven y bonita o, sobre todo, el chico de En la casa.

La película es un camino en el que a medida que vamos andando nos damos cuenta de que cada vez tenemos más piedras en el zapato. Los diez primeros minutos del film son estupendos, con un resumen precioso de la relación entre las dos amigas en el que François Ozon demuestra ser un director que domina la narrativa, con planos que nos llevan de un lado a otro con elegancia. Y a partir de que empieza la verdadera historia, la relación entre el marido y la amiga, resulta una montaña rusa con momentos preciosos realizados con maestría y otros (sobre todo en el tramo final) en los que, sobre todo por culpa del guión, nos percatamos de cierta superficialidad a la hora de plasmar los conflictos, y de que hay piezas que se repiten, provocando que el puzzle, en principio complejo, nos lleve menos tiempo del esperado en completarlo.

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Cuando en la mencionada charla le preguntaron a François Ozon qué directores habían influenciado su trabajo, o si directamente consideraba que su forma de realizar tenía algo que ver con Pedro Almodóvar (aquí siempre barriendo para casa), él salió por la vía fácil con una respuesta bastante sensata y en cierto modo evidente: todo está inventado y es imposible no tener referentes, lo que hay que hacer es llevar esas influencias a tu propio terreno. Por otro lado, y para tranquilizar a todo el mundo, consideró que Almodóvar hace un cine muy español y que él hace un cine muy francés, por lo que las comparaciones no parecían convencerle en exceso. Una nueva amiga toca un tema quizá más propio de directores como, por ejemplo, Xavier Dolan (difícil no acordarse de Laurence Anyways) pero desde el terreno y la visión de Ozon, que con una dirección destacable consigue una película que, estando muy lejos de sus dos últimas y geniales obras, resulta interesante y contiene guiños de buen cine. 

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Ficha técnica:

Título original: Une nouvelle amie Director: François Ozon Guión: François Ozon Música: Philippe Rombi Fotografía: Pascal Marti Reparto: Romain Duris, Anaïs Demoustier, Raphaël Personnaz, Isild Le Besco, Aurore Clément, Jean-Claude Bolle-Reddat, Bruno Pérard, Claudine Chatel, Anita Gillier, Alex Fondja, Zita Hanrot, Pierre Fabiani Distribuidora: Golem Fecha de estreno: 15/05/2015