What a lovely day. Así empezarán varias crónicas del segundo y furioso día de Cannes. A las 8:30 nos esperaba el regreso de George Miller a la saga que le encumbró, con razón, en la lista de los , enormes directores de acción de la historia. Por otra parte Hirokazu Kore-eda llegaba para volver a ver su última obra en el GTL, La Semana de la crítica acogía colas inusuales para Los Anarquistas y los comentarios sobre las bondades de Son of Saul. no dejaban de aumentar.

Mad Max: Furia en la carretera de George Miller

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Aunque esta sesión mañanera era la première, la voz ya había corrido, en los pases de prensa americanos había arrasado, obra maestra y absoluto pico del género eran expresiones que se podían leer en la gran mayoría de las reseñas. Siempre que entro a una sala intento hacerlo en estado zen, sin haber visto o leído nada y sin dejarme afectar por el hype. Creo que es la vez que más me ha costado aplacar el entusiasmo mientras caminaba por la alfombra roja y entraba en la legendaria sala. 

Lo primero es lo primero, sí, es así de increíble, la sala de más de 2000 personas rompió a aplaudir en 3 ocasiones, al final de la primera gran set piece e incluso durante ciertos momentos de acción épica. 

La película abre como la segunda y tercera, poniendo en situación el mundo de Wasteland,  esta vez con menos imágenes de las otras entradas de la saga, Miller sabe que esta es otro animal y además evita confusiones si hubiera llegado a mostrar a Mel Gibson.

El prólogo ya había logrado erizar mi piel gracias al uso del timing cómico,  la cámara acelerada y rabiosa, los colores vivos, inolvidables, la música y el montaje más certero y veloz que recuerdo. Y aún no había ni empezado el festival.

Furia en la carretera es básicamente una persecución de dos horas, Max ayudará a escapar con un valioso cargo a la Emperadora Furiosa de la dictadura de la Citadela donde reina Inmortan Joe.

Miller ya ha dicho que ve a Max como un mito que deja tan impresionado a las personas que encuentra que cada una de ellas contará una historia sobre él, una visión personal. Para darle  cohesión pondrá aquí y allí guiños a la antigua trilogía, un corte de pelo, un tatuaje, una recortada o un gag invertido.

En cuanto a los villanos hay un gran cambio, de los cubiertos de cuero negro a los casi desnudos y pintados de blanco, además de que pasaremos más tiempo con ellos, aprendiendo su jerarquía e incluso sus deseos y ambiciones. Todo esto le sirve al australiano de, flipen, 70 años, para poner una capa más de sentido temático, haciendo un comentario sobre la adoración extrema a los líderes, los kamikazes y sobre todo, el patriarcado y el feminismo.

Hasta que no finaliza su primera set-piece los riesgos no dejan de subir cada 30 segundos, al finalizar la sala aplaudió ante lo que acababa de presenciar. El manejo del tempo en la acción de Miller es simplemente perfecto, pero no es lo único en lo que destaca, la composición, los tonos naranjas que impregnan todos los planos, el jugueteo con el blanco y negro, la banda sonora que acompaña deliciosamente los cortes, y por encima de todo la gloriosa harmonía entre stunts, efectos prácticos y CGI.

El ritmo es frenético y sólo coge aire con pequeños diálogos que sirven para dejar aún más claro los temas de la película, el hogar, la redención y el fin del reinado de los hombres, culpables del fin del mundo. Las mujeres no están representadas como badass repletas de masculinidad, sino que es cuidadosa y se preocupa de mostrar mujeres con distintas habilidades, miedos e inseguridades pero con un objetivo común, saberse más que objetos sexuales y huir de Inmortan Joe.

Miller podría haber caído en el mecanismo narrativo “Héroe salva a la chica” y, sin embargo, se esfuerza por hacerlo pedazos, Charlize Theron, casi tan protagonista como Max, supera a menudo en dotes hostiales a su compañero. Max es un simple aliado en la lucha de las mujeres por escapar y machacar, literalmente, el patriarcado.

Mad Max: Furia en la carretera es una bestia naranja, llena de vida y rabia que lo dará todo para estimular tus sentidos auditivos y visuales, acelerarte el pulso mientras abres la boca con la imaginación loca de Miller y derrocar al machismo que llevó el mundo al garete.

Our Little sister de Hirokazu Kore-eda

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Ni cinco minutos llegan a durar los conflictos más o menos dramáticos en la nueva obra de Kore-Eda pues todos los personajes son tan felices y responsables que la tempestad nunca llega. Y eso no es ningún problema, el japonés se encuentra a gusto con sus personajes a los que da un calambrazo de vida al enfrentarles a la muerte de su padre al que no veían desde hacía quince años.

Las tres hermanas atenderán al funeral donde conocerán a su hermanastra, una tímida y educada pre-adolescente de 13 años que aceptará sin dudarlo un segundo la invitación a vivir con ellas en la gran ciudad.

Kore-Eda utilizará planos con lento movimiento acompañados de música melancólica una y otra vez para establecer dónde se encuentran las hermanas, dotando a la película de una aura de simpleza, de bajo riesgo intencionado.

La paleta de colores, acorde con los problemas de los personajes serán dulces y claros, la angustia sólo serán por problemas resolubles. Esto conlleva un riesgo no poco banal, aburrir al espectador, sin embargo las actrices logran caer tan bien que sólo pasa un par de veces en las que realmente no pasa absolutamente nada interesante.Las cuatro hermanas aparecen varias veces en el mismo encuadro mirando en la misma dirección, compartiendo risas, puede llegar a cansar un poco.

El japonés se interesa por el miedo de los hijos a repetir los errores paternos, a aceptar las responsabilidades de la adultez e intentar salvar la felicidad e ingenuidad de la adolescencia. Es al fin y al cabo una película inofensiva, que juega a lo seguro, con cierta escena repleta de flores que resalta y alguna decisión visual bastante acertada.