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Desde hace algunos años el cine de superhéroes vive, sin lugar a dudas, su época dorada, sus días de mayor esplendor. Resulta extraño no encontrarse cada año con 2 o 3 películas de superhéroes (como poco) en las carteleras, y por lo general el resultado suele ser satisfactorio, sobre todo en el caso de las películas producidas por Marvel. Sin embargo, el cine de superhéroes cuenta con bastante más antigüedad de la que pensamos, el problema es que las buenas producciones de este subgénero anteriores a esta época dorada se cuentan con los dedos de las manos. A saber, las dos Batman de Tim Burton, las Superman originales, los Spider-Man de Sam Raimi, y poco más. Este último, Raimi, responsable de la saga buena del Hombre Araña, ya tuvo su primer contacto en el cine de superhéroes en 1990 con la película de la que vamos a hablar a continuación: Darkman.

Peyton Westlake es un brillante científico especializado en crear piel humana, pero es dado por muerto cuando sufre una explosión en su laboratorio por culpa de una sádica mafia. Recuperado a duras penas, Westlake configura nuevos rostros gracias a sus conocimientos científicos para así poder vengarse de los tipos que le han dejado demacrado de por vida.

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Darkman no es, ni mucho menos, un superhéroe al uso. Westlake no es un Bruce Banner, dado a que no adquiere poderes tras su accidente. El único superpoder atribuible a Darkman es su insensibilidad al dolor a causa de las operaciones producidas durante su recuperación, además de su brillante mente científica. Es incluso cuestionable el hecho de que Darkman sea un superhéroe realmente. Es más un vengador de sus propias causas, un oscuro justiciero con sed de venganza salido, no de las factorías DC o Marvel, sino de la propia mente de Sam Raimi. Un personaje corrompido por su sed de venganza y de sangrientos métodos cuyo único fin es saldar su cuenta pendiente con sus enemigos y volver junto a su amada Julie Hastings.

Protagoniza el film un actor que actualmente es uno de los action-heroes más prolíficos pese a su edad: el irlandés Liam Neeson. Neeson se encargaba de interpretar correctamente a este justiciero cuyo primer pretendiente era el actor fetiche de Raimi por aquel entonces, Bruce Campbell; al tiempo que Frances McDormand se ponía en la piel de Julie Hastings, la chica de la película. Completan el reparto Larry Drake y Colin Friels como los villanos del film.

Puede que la película no haya envejecido del todo bien vista en retrospectiva, lo que no quita que Darkman sea una cinta tremendamente divertida. Dirigida por un Sam Raimi que venía de filmar la desternillante Terroríficamente muertos y que hizo en Darkman un alto en el camino antes de terminar su trilogía sobre Ash Williams con El ejército de las tinieblas. Darkman es una cinta rodada en 1990 pero aún impregnada del cine de ciencia ficción de los 80, con todo lo bueno y lo malo que ello representa.

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Darkman tuvo dos secuelas en años posteriores, pero de calidad bastante inferior. Tomaba el relevo de Liam Neeson como Peyton Westlake el sudafricano Arnold Vosloo, que alcanzaría la fama años después gracias a La momia. Tampoco Raimi quiso continuar con la dirección de la saga, que recayó en manos del televisivo Bradford May. Ambas secuelas, rodadas en 1994 y 1996 respectivamente, fueron producidas directamente para video, sin estreno en cines.

Es más que evidente que Darkman dista mucho en calidad de la mayoría de las películas de superhéroes que actualmente estamos acostumbrados a ver. Este género ha sufrido un cambio radical gracias a obras como Los vengadores o la trilogía de Batman de Christopher Nolan, que han hecho dar un salto de calidad a las cintas de superhéroes. Darkman no cuenta con la calidad de estas películas, el tiempo no ha jugado muy en su favor y en nuestros días parece bastante desfasada. Pero una cosa sí tiene Darkman que la hace una película interesante y de lo más disfrutable, y es su aroma a cine comercial ochentero, ese aroma con el que muchos crecimos y por el cual sentimos nostalgia. Es cierto que Darkman no es, objetivamente, una gran película, pero no está de más que echemos un poco la vista atrás y veamos cómo eran las películas de superhéroes antes del gran boom en el que aún estamos inmersos. Esas películas con las que muchos crecimos y que de pequeños nos parecían maravillosas, esas cintas llenas de nostalgia y recuerdos.