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Steven Knight, la cabeza visible tras la magnífica miniserie Peaky blinders, estrena ahora en España su segundo largometraje: Locke, un film un tanto inclasificable caracterizado por transcurrir de principio a fin en el interior de un coche conducido por Tom Hardy.

La idea de Knight es valiente y original, que seguramente sobre el papel lucía mucho mejor de lo que finalmente luce sobre el celuloide. Ya hemos visto experimentos similares en el pasado que han funcionado bastante bien (la española Enterrado, sin ir más lejos) de modo que, ¿porque no iba a funcionar Locke? Pues esencialmente por su guión. Dicho guión gira en torno a si se construye o no un importante edificio, lo cual depende de un capataz (Hardy) que tiene que lidiar por teléfono mientras conduce con adversidades personales y laborales, ¿suena aburrido? Sin duda, sí. Pero lo peor no es que suene aburrido, lo peor es que realmente lo es.

Su principal problema es que cuesta mucho conectar con lo que trata de contar; primero porque al principio nada interesa demasiado, y sólo esperas que aparezca algún giro que eleve la trama; y segundo porque esto último no ocurre, y conforme avanza el metraje todo acaba resultando cada vez más redundante y baladí, interesándote cada vez menos con quién y de qué está hablando. En otras palabras y remitiéndome a la premisa de la película: Ivan Locke es un capataz encargado de una importante obra que va a ejecutarse la mañana siguiente; el problema es que su “amante” va a dar a luz esa misma noche, lo cual le hace tomar una importante decisión (daddy issues de baratillo incluidos). Pues bien, desde que se toma esa decisión en los primeros compases de la película, la dirección del coche de Locke no varía ni un ápice (valga la metáfora), consistiendo el resto del metraje en llamadas de teléfono que en el fondo vienen a expresar lo mismo que la anterior y que la siguiente. De hecho había momentos en los que pensaba “esta conversación ya la ha tenido”. De este modo, acaba haciéndose larga, lo cual es preocupante durando apenas una hora y veinte minutos.

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El pilar dramático de Locke tiene un solo nombre, y es Tom Hardy. El actor británico lleva a cabo una notable interpretación, inteligente y contenida, especialmente destacable teniendo en cuenta lo bien que aguanta los primeros planos durante todo el film.  

Técnicamente es brillante. Tengo que elogiar la minimalista dirección de Steven Knight, que conjuga a la perfección con una hipnótica fotografía, jugando constantemente con las luces y reflejos que se funden en la carretera, creando un paisaje nocturno realmente envolvente. También quiero resaltar el montaje, cuyo dinamismo hace un gran favor al ritmo narrativo de la película.

Finalmente Locke queda como un valiente y particular experimento que se queda a medio gas; deslumbrante a nivel visual, pero muy irregular en lo que a guión respecta. Sé que habrá muchos que aprecien el reiterativo y vacuo ritmo narrativo que describo líneas arriba como una representación alegórica sobre aquello que supone afrontar los traumas y los errores del pasado. Pero no, lo siento, yo no iba en ese coche.

Ficha técnica:

Título original: Locke Director: Steven Knight Guión: Steven Knight Música: Dickon Hinchliffe Fotografía: Haris Zambarloukos Reparto: Tom Hardy, Olivia Colman, Ruth Wilson, Andrew Scott, Ben Daniels, Tom Holland Distribuidora: Vértigo Fecha de estreno: 22/08/2014