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Una figura parecida a la de Federico Fellini se sienta ante un decorado de un atardecer junto al mar, parecido a lo que sería “Y la nave va”. Aparece alguien con una claqueta donde pone “casting”. Y empieza el desfile de personajes fellinianos: una mujer negra con una sábana blanca y un mago pertenecientes a Ocho y medio, un trompetista al que le siguen unos globos perteneciente a La Dolce Vita, un hombre escupiendo fuego por la boca con un físico parecido al de Zampanó en La Strada… Un desfile de artistas de Music-Hall, un circo. Pues a Fellini siempre le apasionó el mundo del circo, y Ettore Scola como buen amigo suyo lo sabe bien, y decide comenzar la película de esta manera.

Scola nos cuenta la vida de Fellini, de manera diferente. No se adentra a contarnos aspectos de su carrera como cineasta como haría cualquier otro director, él se centra más en la juventud de Fellini y sus primeros pasos hacia el reconocimiento. Los primeros 30 minutos de film aproximadamente nos relatan cómo un joven Fellini llegó a la revista Marc’Aurelio, y el método de trabajo de la revista. Está plasmado más como una escena que un análisis de esto, los diferentes trabajadores de la revista discuten sobre el chiste que irá en portada. Después, pasamos de la vida de Fellini a la de Scola, de cómo él también llega a la revista y consigue un puesto. Allí le hablan de un antiguo redactor llamado Federico que ahora se ha pasado al cine. Federico les visita, y Scola y Fellini establecen su primer contacto, que les llevará a una amistad entre ellos. 

Y en lo que queda de film, poco nos centraremos en la vida del “Maestro”. La opción del realizador es tirar por la memoria, por situaciones que vivió junto con su querido amigo: conversas en cafés, cuando recogen a una prostituta en el coche y hablan con ella, cuando recogen a un artista callejero… Aún así, lo que nos cuenta sobre la vida de Federico es algo más relacionado con su persona que con su carrera cineasta. Nos habla de como le encantaba mentir, un pilar en la forma de ser del Maestro, lo veía como un juego no como algo malo. Habla de su carrera en los Oscar, y de cuando actuó en un par de films (uno de Rosellini y otro del propio Scola). Nos introduce una figura que fue un pilar en las vidas de ambos directores: Marcello Mastroianni; y a partir de un paseo de los tres andando por Roma, vemos como era él. También le dedica unos minutos a la que fue la casa de ambos directores: Cinecittà. Va mostrando archivos de imagen del estudio, y tomas rodadas en la actualidad.

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Como ya se ha obviado, este no es un documental al uso. Tampoco es totalmente un documental, pero tampoco es un largometraje de ficción. Scola va combinando entre escenas rodadas con actores interpretando a los alter ego de los personajes que se van mencionando en el film (Fellini, él mismo, Mastroianni, la redacción de Marc’Aurelio…) con un cierto toque felliniano más de una vez; con imágenes de archivo y pequeños clips películas. Además incorpora a un narrador que a veces es invisible para los personajes de la historia, y otras veces es un personaje más que deambula por ese universo. 

Pero la combinación es llevada aún más allá, cuando Scola se dedica a romper la ficción pasando más de una vez del color al blanco y negro, y mostrando planos del narrador deambulando por los estudios de Cinecittà vacíos o preparados para empezar a rodar. Más de una vez también da protagonismo a otros personajes, regalándoles parte de una secuencia o toda una secuencia. 

El film está contado totalmente desde una visión totalmente subjetiva: la de la memoria. Algo similar a lo que el propio Fellini hizo con Amarcord. Es cierto que narra situaciones de la carrera de Federico como rodajes o premios, pero siempre estrictamente relacionadas a la relación con otra persona. Un ejemplo de esto es cuando nos muestra imágenes sobre el rodaje de Casanova, justo después de cuando hablan de la gran amistad que tienen Fellini, Scola y Mastroianni. Fellini no quería que Mastroianni interpretara el papel, porque tenía una cara demasiado corriente. A partir de ahí vemos las imágenes anteriormente relacionadas, y luego como años más tarde Scola sí que utilizaría a Mastroianni para interpretar a Casanova en uno de sus films.

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La cinta alcanza el final tocando la muerte del Maestro. Pero después de ese momento de pena, deja la realidad y la ficción y adquiere un nuevo estatus para el poco metraje que queda: el de la fantasía. Scola brinda un final mágico y emocionante, para dejar satisfecho al espectador. La única cosa que se le puede reprochar al “documental” es que en su gran mayoría, no pasa de la mera curiosidad, y puede llegar a ser realmente confuso todo el despliegue de recursos que Scola pone en escena.

En definitiva, un film hecho para la nostalgia del espectador que desea conocer un poquito más de Fellini, pero no solamente de él, sino de la nostalgia que le tiene el propio director a él y a lo viejos tiempos. Un bonito recuerdo hecho documental para los más seguidores del Maestro, hasta para los que quieran iniciarse en su cine.

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Che strano chiamarsi Federico! Director: Ettore Scola Guión: Ettore Scola, Paola Scola, Silvia Scola Música: Andrea Guerra Fotografía: Luciano Tovoli Reparto: Documental Distribuidora: Surtsey Films Fecha de estreno: 30/04/2015