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El que un estudio basado en Bristol facture a día de hoy algunas de las más fastuosas joyas de la animación es una razón para la anglofilia tan válida como los Kinks, el té con scones o la infatigable cortesía británica, pero las obras de Aardman constituyen una razón para creer en el ser humano aún en mayor medida que una razón para creer en el ser humano súbdito de su Graciosa Majestad. Aardman viene siendo un regalo para el mundo desde que Wallace y Gromit se probaron aquellos pantalones equivocados y hasta que esta descacharrante oveja Shaun ha aparecido para deleite de propios y extraños, pasando por aquella fuga de pollos que dejó a Steve McQueen, James Coburn y Sir Richard Attenborough reducidos a la condición de melindres resignados.

Si Chicken run constituía el mejor homenaje posible a La gran evasión, en formato stop-motion, tampoco faltan referencias cinéfilas y guiños para los amantes del séptimo arte en las andanzas de esta oveja y sus intrépidas compañeras en sus aventuras por la gran ciudad, en busca del granjero cuya desaparición han propiciado ellas mismas, involuntariamente, por efecto de su descuido, una roulotte mal calzada y (sobre todo) sus propias e insaciables ganas de cachondeo. Así, por ejemplo, amenaza la integridad física de las rumiantes en cuestión un malo capaz de resucitar tantas veces y tan terroríficamente como Robert De Niro en El cabo del miedo, y las persecuciones a la manera spielbergiana disuadirían definitivamente a Harrison Ford de la idea de ajustarse otra vez el sombrero de Indiana. Ya no está para esos trotes, y nunca mejor dicho porque estas ovejas se ocultan en el rescate del granjero bajo la discreta apariencia de un ingente caballo de colores. No me pidáis que os explique más. Vais a tener que ir a verla. Si tenéis hijos, llevadlos con vosotros, claro. Si no los tenéis, tenedlos para que puedan disfrutarla.

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Los continuos hallazgos visuales propios de Aardman dejarán, sí, a vuestros hijos con la boca abierta, en parte por asombro pero en muchas ocasiones por la risa. Hay que ser muy brillante para conseguir que un público infantil asista sin parpadear a 84 minutos de espectáculo cuasi-mudo: no hay diálogos propiamente dichos y ni siquiera escuchamos demasiados balidos de estos cuadrúpedos ungulados, quedando en entredicho sin son de los que dicen beeee, de los que dicen meeee, o si en realidad se trata de ovejas de balido mixto o ambibalantes, como dirían Les Luthiers. Esta película (adaptación de la serie de Aardman del mismo nombre) entrará a los niños por los ojos y a los adultos por la cinemanía. Mis hijos ya han visto La gran evasión, y quizá me precipité como pude entender cuando el mediano me dijo: “Papá, ¿mañana podemos verla otra vez? Pero que mañana se escapen todos, por favor”. Quizá debí empezar por Chicken run, me digo ahora, del mismo modo que concluyo que esta oveja constituye la mejor introducción posible para que los niños vayan forjándose en al espíritu inmortal de tantos y tantos clásicos que tendrán que ver quieran o no. Porque hay cosas donde es necesario ser inflexibles: los niños deben devenir adultos madridistas y que hayan visto Con la muerte en los talones, Los cañones de Navarone, Robin de los Bosques y El retorno del jedi a su debido momento. Otras decisiones, en cambio, sí pueden entrar en la discrecionalidad de su libre albedrío.

Poco peso, en cualquier caso, debería tener mi opinión sobre la oveja Shaun cuando lo realmente importante, parafraseando a Cortázar hablando sobre Mafalda, es lo que la oveja Shaun opine de mí.

4.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Shaun the Sheep: The Movie Director: Richard Starzak, Mark Burton Guión: Richard Starzak, Mark Burton Fotografía: Charles Copping, Dave Alex Riddett Reparto: Animación Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 17/04/2015