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Otto Preminger puede considerarse como uno de los grandes directores europeos que emigraron a Hollywood. Era poseedor de una cuidada puesta en escena en todas sus películas además de dotar al blanco y negro de una poderosa fuerza visual de manera algo expresionista, como buen director de origen germano que era. Quizás Preminger es más recordado por películas como Laura, Al borde del peligro o Anatomía de un asesinato. Pero Preminger borda con El rapto de Bunny Lake una de sus películas más interesantes, que fue un fracaso comercial y de crítica en su momento pero que ha sido revaluada como una película de culto. Se podría definir a El rapto de Bunny Lake como una de esas películas de Hitchcock que Hitchcock no hizo.

Y es que con esta película Preminger con ahonda en los temores internos del espectador, ya que comienza como la pesadilla para cualquier padre o madre. Basada en una novela de Marryam Modell (usando en seudónimo de Evelyn Piper), El rapto de Bunny Lake es un extraño estudio sobre la maternidad, la bondad, el enigma y la locura. Cuenta la aterradora historia de una mujer (Carol Lynley) cuya hija desaparece de la nada en una guardería infantil británica. En esa guardería todos afirman que no saben nada de ella, causando el pánico y la desesperación de esta mujer, la cual se apoya en su hermano (Keir Dullea) quien toma el control y llama a la policía para esclarecer el misterio de la desaparición de la niña.

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A partir de ese momento, se inicia una investigación tan fascinante como surrealista presentado a un elenco de sospechosos siniestro y excéntrico. Y es que esos personajes van desde el inquietante propietario del piso de la mujer hasta esa siniestra señora mayor que vive en el ático de la guardería y que graba las pesadillas de los niños en una cinta de audio. Poco a poco, la película va adquiriendo un cariz psicoanalítico y psicológico que resulta sorprendente ya que en principio se observa que va a ser una trama de lo más previsible. Preminger construye un mundo donde casi todos los personajes hacen alarde de un lado oscuro y perturbador. Ese misterio en apariencia simple va a aportando elementos que podrían resultar inusuales en un principio como cierto masoquismo, incesto, homosexualidad y matrimonio. En ese aspecto, Preminger siempre fue muy hábil para mostrar esos aspectos cercanos a la censura cinematográfica.

Además Preminger se las arregla para mantener el equilibrio suficiente para crear un misterio que satisfaga a un espectador más tradicionalista en este género y de ofrecer a un espectador lo suficientemente inteligente un trasfondo algo más trenzado, más psicológico y rompiendo ciertos tabús. Está en la línea de películas de aquellos años como ¿Qué fue de Baby Jane? y Canción de cuna para un cadáver. Y Preminger suma a la película la excepcional fotografía de Denys Coop, que sirve para ilustrar y exacerbar el miedo, aumentar la desconfianza y las dudas, haciendo esos interiores psicológicos más perturbadores. La cámara en blanco y negro contrasta perfectamente distintas localizaciones como la gris y fría guardería o ese estrecho apartamento logrando un grado de claustrofobia de manera excelente. El punto máximo se alcanza en la tienda de muñecas, con juegos de contrastes de sombra y luz además de algunas reminiscencias de expresionismo alemán que le dan cierto aire macabro. Preminger también juega con la cámara desde distintos ángulos, lo cual multiplica la tensión y respaldada por un ritmo sin interrupciones. También ayuda la partitura inquietante de Paul Glass.

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En cuanto al reparto, la presencia más destacable es Laurence Olivier, el cual resulta ser una sorpresa agradable. Ofrece una actuación sobria que inspira confianza, además de ser un personaje que ofrece los momentos más racionales cuando formula sus teorías. Es el vehículo que nos lleva en casi toda la trama. El resto del reparto es apenas conocido, salvo excepción de Noël Coward que hace de ese perturbado propietario. Martita Hunt da vida a esa excéntrica anciantita que vive en el ático de la guardería. Finalmente, Carol Lynley es esa mujer desesperada que resulta ser muy expresiva en un papel de mucha exigencia emocional. Keir Dullea es más recordado por salir en 2001: Una odisea del espacio y desempeña muy bien el papel de hombre arrogante. Y es que El rapto de Bunny Lake resulta ser finalmente una película inusual, muy bien dirigida e interpretada y siendo justamente una película de culto muy recomendable.