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Después de volver a visionar Marnie, la ladrona, llego a comprender un poco tal vez el fracaso de esta película. No es por el contenido, ni por lo que cuenta, sino por esa extraña mezcla de misterio, crimen, sexualidad y algo de psicoanalismo, algo que posiblemente el público de aquellos años no supo encajar muy bien, pero que ahora, después de 40 años, es una realización llena de matices interesantes sobre la personalidad, siendo además una de las películas más interesantes de Alfred Hitchcock. En Marnie, la ladrona, Hitchcock combina varios elementos y géneros como el drama, el misterio, un estilizado romanticismo, realizando una de sus películas más fascinantes, llegando en ocasiones a parecerse a Vértigo con esas escenas de shock psicológico, con luces de colores y parpadeantes, siendo parte esencial en la historia que cuenta.

El guión, que parte de una novela de Winston Graham, nos presenta a Marnie (Tippi Hedren), una cleptómana que roba con sutileza en los sitios en los que trabaja y que conoce a Mark (Sean Connery), un acaudalado hombre que la descubre y se obsesiona con ella, chantajeándola con el casamiento y creándose una extraña relación. El argumento en sí esta lleno de detalles que no son banales, como la afición de Mark al estudio de los animales, obsesionándose y tratando a Marnie con un deseo de domesticarla, de tratar de resolver su intrigante misterio. Mark efectúa un papel, tal vez sin saberlo, de psicoanalista con Marnie, haciendo que ella se enfrente con sus miedos. En ese empleo de psicología en exceso para explicar el misterio, puede que resida el poco éxito que tuvo, seguramente por incomprensión de una mayoría de los espectadores, expectantes en ver algo más de lo que tenían acostumbrados del cine de Hitchcock. Marnie es un personaje que presenta muchas complejidades, desde su cleptomanía, su aversión por los hombres, su necesidad de ser querida por su madre y su apariencia inocente, alguien a quien Hitchcock sabe exprimir, creando en Marnie aparentes mcguffins en líneas similares a los que hizo en Vértigo o Rebeca.

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La actuación de Tippi Hedren es por encima de todo lo mejor de la película, incluso mejor que en Los pájaros, ya que en con su personaje de Marnie no sólo se trata de explotar su belleza sino que se requiere una amplia variedad de estados emocionales para saber crear el efecto adecuado. Connery a su lado es el complemento ideal, pero carece de complejidad y sólo su presencia física hace olvidar ese defecto. Quien resulta impresionante en su breve intervención es la madre de Marnie, sobretodo al principio, en la escena cuando conversa con Marnie y en su mirada observas todo su carácter. La escena en sí es brillante, ya que en ella vamos definiendo como es la personalidad de Marnie, sabiendo cuales son sus miedos y traumas.

Otro de los aspectos destacables de Hitckcock es su manera de filmar. En ocasiones vemos esos fondos de falsas transparencias, muy efectivos en las películas de blanco y negro, pero que en color resultan demasiado evidente, pero aún así en una escena en la cual Marnie va a caballo y se cae, la secuencia es filmada desde diferentes planos, con un montaje espléndido, sonando de fondo la intrigante banda sonora de Bernard Hermann, que siempre se junta con los momentos de shock psicológico, realzando además el arte visual de Hitchcock. Una de las cosas que más me ha fascinado de Hitchcock es cuando coloca la cámara fija y se mueven todos los elementos y en Marnie, la ladrona la sitúa de tal manera en una escena pareciendo la pantalla partida de arriba abajo, con un silencio absoluto, consiguiendo después una pequeña dosis de intriga. Una toma magnífica.

Marnie, la ladrona mezcla con maestría el suspense con el drama, siendo interesante en todos sus matices y dándonos a alguien con tal complejidad que nos deleita. Una película muy recomendable del maestro Hitchcock.