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En jugada maestra y también ya manida, la “festividad” de San Valentín ha venido para quedarse, me temo que igual que Halloween, el Día de San Patricio y quizás, a no mucho tardar, hasta la cena de Acción de Gracias. Una de las vías de penetración cultural más eficaces a la hora de configurar nuestra agenda (nuestro modo de gastar dinero) es, cómo no, el cine. Y así ocurre que ya hay un nutrido ramillete de películas (de rosas rojas de plástico) edulcoradas específicamente para ver en pareja cualquier 14 de febrero y “celebrar” convencionalmente el amor, o algo que se le parezca. Pues bien, Brasserie Romantic –primera película del realizador belga Joël Vanhoebrouck– es una de estas películas, pero en realidad no, y ese es uno de sus principales encantos.

Esta contradicción se explica fácilmente, ya que, si el pretexto argumental sitúa en un mismo restaurante a un conjunto de parejas dispuestas a festejar su amor la noche de San Valentín, pronto comprobamos que tal conmemoración encierra no pocas trabas, algunos sabores agrios y hasta dramas con tuétano, que sirven de (in)sano claroscuro a Cupido. En resumen, pronto comprobamos que lo que parecía otra convencional comedia de situación contiene trazas de trizas, valga el juego de palabras. Así, podemos hablar de Brasserie Romantic como de una anticomedia de San Valentín, y eso no es poco mérito, a pesar de algunos tópicos en los que abunda, si bien con clase e inteligencia las más de las veces. Es cierto que la película tiene ciertos toques de humor, aportados sobre todo por el desarrollo de una cita a ciegas convocada por internet, pero tales toques son tan sólo contrapuntos al resto de historias puestas encima de la mesa. De ellas destacan dos, aparte de un especial fuera de carta que se alza como el verdadero atractivo de esta película en apariencia ligera con tres gotas de decisiva angostura.

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Tres mujeres destilan esta amargura, tres interpretaciones de altura que van desplegándose a lo largo del metraje para terminar dominando la película y el sentimiento del espectador. En un lado del elegante restaurante, tenemos al personaje encarnado por Ruth Becquart, una guapa señorita que llega sola a cenar con una pena dentro, un vestido negro y una decisiva caja de bombones. Hacia el centro de la sala, tenemos sentada a una mujer madura y hastiada interpretada impecablemente por Barbara Sarafian, quien compone ese tipo de mujer que tan bien encarnó –pongámonos en pie- Gena Rowlands a fuerza de reivindicarse, dudar, padecer y soltar verdades a la cara mientras vacía la botella de vino. Y, fuera de menú, como auténtico centro del drama, nuestra protagonista mayor es el personaje de Sara de Roo, la dueña del restaurante, una mujer también vestida de negro y aparentemente anclada a un penoso pasado, cuyo estar a disgusto y cuya esperanza renovada se reflejan en cada primoroso primer plano y en los matices que dan sus ojos, sus susurros y también sus comprensibles enojos.

Aparte de la baza principal aportada por estas tres mujeres, Brasserie Romantic tiene una puesta en escena elegante, cálida y teatral, así como una ordenada y atractiva dosificación en el desarrollo paralelo de las diferentes historias. A esta buena medida ayuda su vertebración como de sinfonía, dividida según los movimientos que marcan cada uno de los platos del menú, del que se nos ofrecen planos sin duda apetitosos, que aportan no sólo aire a la historia, sino también un estimable elemento sensorial que enriquece la película. Y además hay silencios y, lo que es mejor, hay elocuentes pausas entre frases, cosa que no sería reseñable si fuera obvia su existencia en el cine, pero que tiene uno que destacar y agradecer por lo poco acostumbrado de esta aparente bagatela en la mayoría de películas actuales.

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Todos los misterios del universo se pueden hallar en una piedra”, dice el menos apreciable de los personajes de la película, y bien vale esta línea para centrar el microcosmos que Brasserie Romantic crea y expone, una colmena de personajes no originales, pero sí al menos con la carne y el hueso exigidos en una historia verosímil. No para de llover en toda la noche, apenas hay planos fuera de la sala a media luz del restaurante, el vino corre, se relajan los protocolos, estallan los conflictos, se crean relaciones, y uno se acuerda levemente de El ángel exterminador de Luis Buñuel como ejemplo insuperable de este tipo de juegos perversos. Llegada la hora de cierre de cocina, con todo por recoger y limpiar, quedan no pocos charcos que seguir pisando. 

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Ficha técnica:

Título original: Brasserie Romantiek Director: Joël Vanhoebrouck Guión: Jean-Claude Van Rijckeghem, Pat van Beirs Música: Tuur Florizoone Fotografía: Ruben Impens Reparto: Koen De Bouw, Barbara Sarafian, Anemone Valcke, Zoë Thielemans, Filip Peeters,Axel Daeseleire, Sara de Roo Distribuidora: Surtsey Films Fecha de estreno: 13/02/2015