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Qué bonita es una buena película de juicios. Así como hay géneros que chocan frontalmente con las preferencias personales (siempre veleidosas y quizá hasta freudianas) del eventual espectador, hay otros que entran divinamente en según quién. Resulta que a mí me encantan las películas de juicios, lo que bien pensado no sé si le ponía a esta película más o menos difícil el objetivo de gustarme. Supongo que tu pasión por un género determinado es un arma de doble filo: te prepara para adorar la película a poco que sea buena, pero te predispone a aborrecerla en caso de considerarla medianamente fallida, pues entrará para ti en el terreno del ultraje.

El veredicto no produce en mí esa desilusión, pero tampoco llega a entusiasmarme como hubiera deseado, por razones poco definidas, algo vagas, que intentaré explicar en breve pero que en esencia se centran en la falta de una mayor pasión en el guión o la puesta en escena, o en cualquier otra cosa que se puede echar en falta sin que resulte fácil dictaminar exactamente qué.

Tiene esta (en cualquier caso) notable película belga un arranque demoledor, inolvidable en el sentido menos sentimental de la palabra, hasta el punto en que queda mucho tiempo grabado en la retina por su dureza sin concesiones. Su protagonista, Luc Segers, sufre una agresión que no es el caso detallar aquí, dado que el revelar cualquier cosa que suceda en una película, y que esté destinada a sorprender al espectador,  no deja de ser un spoiler por más que ocurra en su tramo inicial.

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Lo que le sucede a Segers tiene consecuencias que a su vez acarrean una reacción por su parte, y esta cadena de acciones desemboca en un juicio. Seguiremos a Segers a lo largo del proceso, que nos será explicado de manera inteligible aun en sus aspectos más puramente legalistas, que al menos a los más profanos se nos antojan muy creíbles e interesantes. Una amplia gama de personajes involucrados en el juicio, desde los testigos al Ministro de Justicia, pasando por los letrados y los miembros del jurado, obran ante nuestros ojos con lo que nos parece loable coherencia y verosimilitud, al margen de la valoración moral que sus acciones nos merezcan. La película no pierde en ningún momento su plausible ritmo narrativo, y está contada con tanta sobriedad como respeto a la inteligencia de quien sigue su desarrollo, el cual concluye de forma brillante sin perder en ningún momento el favor del espectador. Otra cosa es si no quedará a un paso de convertir, como decíamos, el favor en un entusiasmo que no llega a producirse. Una pena.

Si bien las razones que mantienen a El veredicto en el umbral del acierto absoluto son algo indefinidas, sí podemos apuntar algunos fallos concretos, empezando por la interpretación de su protagonista, el actor Koen De Bouw, que encarna a Segers. Hay una fina línea entre el minimalismo y la sosería, línea que De Bouw cruza sin paliativos. No es que se trate de una interpretación contenida, llegamos a decidir: es que este actor tiene dentro muy poco que contener. Aun así, alcanza a ponernos un nudo en la garganta en el final, conmovedor a todas luces. Pero su desempeño resulta muy inferior al del veterano actor Johan Leysen, que encarna al abogado defensor de Segers.

Como fallo de guión habremos de calificar el que se nos plantee que la fiscal sea la misma persona que participó en la puesta en libertad del personaje de Kenny De Groot, sobre el que preferimos no contar nada ahora. Parece una licencia en exceso arbitraria el que se plantee dicha coincidencia, y peor aún resulta cuando el propio personaje lo explica en una de las sesiones de la vista, en desbocado excusatio non petita. Volviendo al ámbito de lo personal, no me ayuda el que el personaje esté interpretado por la actriz Veerle Baetens, a quien tengo en escasa estima por su participación en la lacrimógena Alabama Monroe. Son cosas que hay que admitir para que el lector filtre la opinión del crítico.

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Por último, y aunque insistimos en que la mayor parte de los pecados son de vaga omisión de cosas no menos vagas, resultan desconcertantes los créditos finales, que denuncian la existencia y aun abundancia de errores procesales en la Bélgica actual. Si el objetivo de la película es denunciar la existencia de dichos errores, con sus catastróficas consecuencias REALES  en la impartición de la justicia en dicho país, ¿no hubiera sido más honesto decantarse por contar una historia REAL, en lugar de usar para ello la completa ficción que (salvo error u omisión) El veredicto es y representa? Si quieres denunciar algo, cuéntame un caso auténtico. Si eliges una historia fruto de la imaginación de un guionista, procura que su pretensión no vaya mucho más allá de un muy noble entretenimiento.

Dicho esto, es necesario concluir en el tono positivo del comienzo: El veredicto está inteligentemente escrita y pulcramente rodada. Y es de juicios. Hay que verla.

Ficha técnica:

Título original: Het Vonnis Director: Jan Verheyen Guión: Jan Verheyen Música: Steve Willaert Fotografía: Frank van den Eeden Reparto: Koen De Bouw, Johan Leysen, Veerle Baetens, Jappe Claes, Viviane De Muynck, Hendrik Aerts, Joke Devynck, Jo De Meyere, Chris Lomme Distribuidora: Sherlock Films Fecha de estreno: 03/10/2014