Aunque lo que más renombre tiene siempre en un festival es su Sección Oficial, la experiencia nos enseña que, la mayoría de las veces, lo más interesante se encuentra en las secciones paralelas. A ellas les vamos a dedicar el séptimo artículo de la Berlinale, empezando con Panorama y uno de los trabajos más impresionantes y devastadores que hemos visto en todo el festival, la canadiense Chorus, de François Delisle. Dentro de LOLA at Berlinale, hablamos de The Cut, la última película de Fatih Akin, que Golem estrenará de forma inminente en las pantallas españolas. Y nos estrenamos en la sección Perspektive Deutsches Kino, que da a conocer a realizadores noveles alemanes, y siempre es estimulante por lo que en ella puedas encontrar. En este caso, vimos Sibylle de Michael Krummenacher, que recibió una gran ovación por parte del público.

Chorus – Crónica de un duelo

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François Delisle es un director canadiense que se caracteriza por realizar un cine con cierto carácter experimental, pero, como se observa en el trabajo que presentó en Sundance y ahora se puede ver en la Berlinale, no se sale de lo narrativo. La película nos habla de una pareja separada 10 años atrás tras la desaparición de su hijo, que tendrán que reencontrarse cuando se encuentre el cadáver del pequeño, contada en un elegante blanco y negro, reflejo de las existencias de los protagonistas.

Y es que los personajes de Chorus viven constantemente atormentados por una culpa invisible y autoimpuesta, que nos les deja recuperarse ni avanzar. Solo algunos instantes, como en los que la música ejerce de elemento liberador, Delisle se permitirá darles algo de paz a unos fantásticos Fanny Mallete y Sébastian Ricar. Una cinta que no escatima en dureza, con escenas, como la de la confesión, que llegan a lo más profundo de la sensibilidad del espectador. Y cuando salen los créditos finales, se queda destrozado, esperando que pase algo más. ¿Qué va a suceder después? ¿Cómo van a superar la tragedia (si es que lo hacen)? Es el misterio de la vida, y lo hipnótico de uno de los filmes más conmovedores del Festival.

The Cut – Heridas incurables

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En la escena más hermosa de The Cut, el protagonista ve por primera vez una película, El chico de Charles Chaplin. Al principio, esta nueva experiencia le divierte, pero poco a poco, su mirada se irá llenando de tristeza: la separación de Charlot y el niño le recuerda a la propia separación que él sufrió de su familia durante el genocidio armenio que comenzó en 1915. Se podría pensar que esa es la manera que tiene el director Fatih Akin también de entender el cine: sabe que es un instrumento de evasión, pero al mismo tiempo, puede despertar recuerdos dolorosos de nuestro pasado. En su caso, Akin refleja su última película uno de los momentos más oscuros de su país de ascendencia, Turquía. Fatih Akin ganó el Oso de Oro en la Berlinale en 2004 por la intensa Contra la pared. Ahora, tras presentarla en Venecia sin mucho éxito, vuelve al festival alemán con The Cut, que tiene muchas posibilidades de convertirse en una de las nominadas más importantes a los Lola, premios que siempre han valorado sus películas.

The cut, que completa la trilogía de Akin Amor, muerte y demonio, es su primera co-producción de época, y retrata la odisea de un hombre desde Madin hasta Canadá. Estamos ante un trabajo muy autoral, en ocasiones de recreación preciosista, en el que vemos muchos elementos característicos de los filmes del director, como el cuidado uso de la música, de nuevo de Alexander Hacke, utilizando sonidos electrónicos que contrastan con la época que retrata. The Cut está rodada en inglés, pero la versión que ahora se muestra es con un doblaje en los idiomas propios de los lugares en los que se desarrolla; algo que, al menos, le da más realismo. Aunque esto llega a ser secundario desde el momento en el que, una vez que sucede el corte literal del que habla título, el protagonista pierde la capacidad de hablar. Y aquí encontramos el principal problema de la película: la elección de Tahar Rahim como conductor absoluto del relato, un actor incapaz de transmitir nada fuera de la pantalla. Se supone que durante toda la película le están pasando cosas muy graves, pero por su expresión, nadie lo diría.

Akin no es un director dado a los sentimentalismos baratos, y The Cut no es una excepción. Pero aquí, su habitual visceralidad se convierte en ocasiones en tremendismo vacío. Sorprende la falta de pasión y de emoción en una historia tan importante y conmovedora como ésta, pero, siendo probablemente el trabajo menos inspirado de su director, tiene aspectos de gran cine que no deberían pasar desapercibidos.

Sibylle – Like a cast shadow – Miedo en el cuerpo

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El cine alemán actual no se caracteriza por dedicarle mucho interés al género de terror. Por ellos sorprende encontrarse precisamente una cinta de terror psicológico en Sibylle, la ópera prima de Michael Krummenacher, reconocido director de cortometrajes. Sibylle, una mujer que está de vacaciones con su familia, ve como otra mujer se suicida tirándose por un acantilado. A partir de enconces, Sibylle se obsesionará con ella, hasta el punto de sentir su presencia constante…

La película empieza de forma hitchcockiana (haciendo referencia en los créditos incluso al ojo de Vértigo), para ir poco a poco dando pistas de aquellos que han inspirado a Krummenacher: mira hacia el propio pasado del cine alemán con ambientaciones expresionistas; tiene claras alusiones a Stephen King, sobre todo a El resplandor de Kubrick (el hotel, la sangre, el niño dando vueltas con la bicicleta); los espacios cerrados y claustrofóbicos parecen sacados de una película de Polanski… Es evidente que el director sabe cómo crear tensión. Una lástima que a veces se deje llevar por tópicos tan poco atrayentes como sustos habituales (sí, hay una escena con una mirilla), o que tenga que hacer un uso exagerado del sonido. Sibylle sin duda tiene sus mejores momentos cuando los protagonistas son los silencios. Aunque irregular, se trata de un soplo de aire fresco dentro del joven cine alemán.