Acabamos la crónicas diarias del 65º Festival de Berlín volviendo a introducirnos de nuevo en su Sección Oficial con trabajos que miran al pasado: a competición nos encontrábamos con la rumana Aferim! de Radu Jude, y con Eisenstein in Guanajuato, de Peter Greenaway, mientras que, fuera de competición, Oliver Hirschbiegel presentaba Elser – 13 minutes, ganadora hace unas semanas del Bayerischern Filmpreis a la Mejor película, a pesar de que su presentación mundial ha sido en la Berlinale. Pero no solo nos quedamos con la Sección Oficial de este año, sino que rescatamos uno de los filmes que participó la edición pasada, Die geliebte Schwersten, de Dominic Graf, seleccionada por Alemania para los Oscar, y que volvió al festival en la sección LOLA at Berlinale.

Aferim! – Ética y estética

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Es extraño no tener una representación rumana importante casi en cualquier evento cinematográfico que se precie, y el director Radu Jude es una importante presencia en festivales de todo el mundo, por los que ha pasado con considerable éxito. En Aferim!, nos traslada a la Wallachia de principios del siglo XIX, donde, dentro de una sociedad profundamente tradicional y religiosa, se pone el foco en un policía que recibe el encargo de capturar a un esclavo gitano que se ha escapado.

Desde un punto de vista constantemente irónico, ya desde su propio título, Jude critica el extremismo de la época desde un guion lleno de momentos inspirados, algunos realmente brillantes (la escena en la que se encuentran con el sacerdote es de lo mejor que se ha visto en todo el festival). Aunque pueda parecer lo contrario, Jude sigue la línea del cine realista rumano actual, con largos planos, cámara en mano, o la falta de música extradiegética. La película no está planteada simplemente como un ejercicio de estilo en blanco y negro, sino que realmente quiere dar la apariencia de ser una película antigua. Contribuyen a ello los grandes planos pictóricos de paisajes, con la espectacular fotografía de Marius Panduru (Si quiero silbar, silbo). Aunque las situaciones que tienen lugar puedan acabar haciéndose algo repetitivas por su escaso desarrollo, Aferim! es un filme divertido, y un placer visual para cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad estética.

Eisenstein in Guanajuato – Desperate Romantics

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Lo que hace Peter Greenaway en Eisenstein in Guanajuato es un acto de amor. Amor algo onanista, todo sea dicho. Es obvio que el director se quiere mucho a sí mismo. Pero también quiere al cine, y concretamente el de Serguéi Eisenstein. Del mismo modo que Eisenstein quería al arte, al cine, a México, y a Palomino Cañedo. La última rareza de Greeaway relata los años que en aquel país pasó el director soviético, entre 1930 y 1932, para rodar el proyecto ¡Que viva México!, que nunca llegó a hacerse película.

Eisenstein in Guanajuato es una comedia excesiva y barroca, llena de referencias a la sociedad artística del momento, de la que hace un repaso impresionante. La formación plástica de Greenaway hace que su cine sea fundamentalmente visual, saturando al espectador imágenes y de todo tipo de técnicas cinematográficas, como el uso de la pantalla partida, o la significativa utilización del color. La visión que se da de Eisenstein es completamente absurda (aunque, curiosamente, no del todo irrespetuosa), algo en lo que colabora la caricaturesca interpretación del actor finés Elmer Bäck. La película se centra sobre todo de forma muy explícita en el descubrimiento de la sexualidad de Eisenstein, y su atracción por los hombres, concretamente por el guía que le enseña la ciudad, y le hace sacar a la luz sus propios sentimientos. Sí, dentro de su propuesta excéntrica y a ratos desquiciante, es obvio que lo que nos está contando Greenaway es una historia irremediablemente romántica.

Elser – 13 minutes – Héroe a la fuerza

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Con una filmografía de lo más ecléctica, que denota tanto una capacidad de adaptación bastante eficaz como cierta falta de personalidad, el director Oliver Hirschbiegel vuelve a rodar en Alemania tras el fracaso que supuso su último trabajo anglosajón, Diana. Y lo hace para contar la poco conocida historia de Georg Elser, un hombre judío que planeó un atentado contra Hitler que pudo haber cambiado el rumbo de la historia.

Lejos de lo que pudieran augurar las convenciones del biopic, nos encontramos con una crónica dura y fría, muy en la línea de lo que ya realizó Hirschbiegel en El hundimiento, o sobre todo, la de Sophie Scholl. Los últimos días, de Marc Rothemund. Dentro de su corrección, se aleja de lo típicamente académico: Elser no es una película que intente complacer en absoluto al espectador. Más bien al contrario: es muy poco amable con sus personajes, a los que trata de forma totalmente desmitificada. A pesar de la excelente interpretación del actor Christian Friedel, cuesta empatizar con un personaje que podría tender al heroísmo, pero que se queda en lo terrenal. Por otro lado, se muestra la violencia de forma muy cruda (quizás recreándose demasiado, pero es difícil poner el límite entre lo cobarde y lo sensacionalista), con momentos de torturas realmente escalofriantes. Una película, por tanto, que trasciende lo excesivamente dramatizado para convertirse en un riguroso documento sobre un personaje fundamental, que no posee toda la relevancia que debiera.

Die geliebten Schwersten – Amar sin pasión

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Si afirmábamos antes que, sorprendentemente, Eisenstein in Guanajuato se revelaba como una atípica historia de amor, no es menos chocante que Die geliebten Schwersten, cuidada y ambiciosa producción alemana de época, resulte casi antiromántica, cuando lo que nos cuenta es la relación de Friedrich Schiller con las hermanas Caroline y Charlotte von Lengefeld. Schiller se casó con Charlotte, a la que le tenía cariño, para poder estar cerca de Caroline, a la que realmente quería, y que estaba casada. La falta de pasión entre Schiller y Charlotte va a marcar el tono de la película, que pocas veces se deja llevar por los sentimientos desatados.

Narrada con una voz en off que podría recordar a la de Barry Lyndon, el veterano director Dominic Graf les da a Hannah Herzprung y a Florian Stetter (a quien es España hemos visto hace poco en Camino de la cruz) la oportunidad de descargarse con unos personajes rotos, manipulados por sus sentimientos y manipuladores por mantener la dignidad. Con además un impecable diseño de producción, puede parecer que Graf se excede en los 170 minutos de duración del filme. Pero esta historia taciturna y poco estereotipada de celos, arrebatos y vínculos perversos se toma su tiempo para analizar y quitar delicadeza, como pocas veces hemos visto en el cine, a lo que podría haber sido un típico relato amoroso.