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Rodar hoy en día una historia de amor entre dos mujeres dista mucho de ser rompedor. Considerar que tal argumento justifica por sí solo la existencia de una película, sin necesidad de huir de los tonos demasiado obvios ni de una realización convencional, puede convertir una obra cinematográfica en algo demasiado fácil de olvidar, por mucho que el interés histórico de quienes la protagonizan sea elevado y la época (años 50) y el país (Brasil) parezcan ayudar a ello.

Luna en Brasil, insólita traducción de una obra titulada inicialmente Flores raras, comienza con la poeta Elizabeth Bishop leyendo unos versos sobre el fracaso en un banco de Central Park, en Nueva York, dejando claro desde un principio que la historia que observaremos no llegará a buen puerto y que tendremos que conformarnos con tener la versión de una de las dos protagonistas. La otra es la arquitecta brasileña Lota Macedo Soares, a la que Bishop conoce de forma accidental durante una visita, en un principio de dos semanas y que se acaba alargando durante quince años, a su amiga Mary. La relación inicial entre las dos últimas y la súbita irrupción de Bishop añade uno de los puntos de interés al film, que es el extraño vínculo triangular que se desarrollará, con Mary como la tercera en discordia, marcado por amores, odios y desconfianzas cruzadas, con el añadido de una hija adoptada que surge cuando la relación entre la poeta y la arquitecta ya está en pie y que es uno de los principales meandros que interfieren en la principal línea argumental.

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Las diferencias de carácter, temperamento e ideología entre una escritora procedente del bohemio mundo literario de Nueva York como Bishop y una arquitecta brasileña de clase acomodada como Macedo no se escamotean y veremos con claridad meridiana cómo la segunda se inserta en los ambientes golpistas que derrocarán el gobierno democráticamente elegido de Joao Goulart en 1964 (y que dio lugar a más de 20 años de dictaduras militares), mientras su escandalizada compañera es capaz de criticar el golpe en un acto público ante el silencio incómodo de los presentes -entre los que se encuentra Carlos Lacerda, entonces gobernador de Guanabara y principal impulsor del Parque del Flamenco que encumbró la carrera como arquitecta de Macedo-. Tanto Macedo como Lacerda pagarán caro su inicial apoyo a las dictaduras militares, la primera siendo ingresada (intuimos que contra su voluntad) en un psiquiátrico y el segundo refugiado en Estados Unidos.

Este indudable atractivo argumental se ve lastrado por escenas que echan abajo cualquier posibilidad de emoción. La primera relación sexual entre Bishop y Macedo se ve seguida de un desprendimiento de tierra, tan excesivo como poco casual y acentuado además por la decisión de hacerlo obra de la propia arquitecta, que se apresura en el siguiente plano a construir un gran estudio para su nueva compañera. Abundando con estos innecesarios acentos, a la primera discusión entre Lota y Mary, incapaz de aceptar el nuevo estatus subordinado que le espera, le sigue una huida desordenada de Elizabeth en plena noche, bajo una lluvia torrencial y que acaba con un camión a punto de atropellar a la entonces confundida poeta. Huelga decir que tras sufrir un incidente tan poco sorpresivo enseguida regresa a los brazos de su anfitriona brasileña.

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A este tipo de decisiones se le añade un evidente exotismo en la forma en que la cámara se acerca a Brasil, haciendo hincapié en la inmensidad y el salvajismo de su naturaleza, aunque en esa mirada intuimos que hay mucho de los ojos con que Elizabeth Bishop contempló el que fue su país de residencia durante quince años. El difícil crecimiento de esta potencia emergente y su rígida estratificación de clases son otros aspectos que se destacan, sin salir nunca de los márgenes del estricto terreno que Bruno Barreto se marca para construir una obra comercial y de fácil digestión, en la que, al contrario que otras obras de parecidas pretensiones (Aimée y Jaguar, 1999, de Max Färberböck, se nos viene a la mente), no existe brillantez alguna a la hora de construir momentos emotivos, ni sucede nada más allá de lo intuido y esperado en cada plano.

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Ficha técnica:

Título Original: Flores raras Director: Bruno Barreto Guión: Matthew Chapman, Julie Sayres Música: Marcelo Zarvos Fotografía: Mauro Pinheiro Jr. Reparto: Glória Pires, Miranda Otto, Tracy Middendorf, Marcello Airoldi, Lola Kirke, Tânia Costa, Marianna Mac Niven, Marcio Ehrlich Distribuidora: Splendor Films Fecha de estreno: 09/01/2015