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Después de un grandísimo año cinéfilo, un servidor se estrena en 2015 con Frio en Julio, un atípico thriller que llega finalmente a nuestras carteleras tras pasar por diversos festivales como Sundance o Sitges. Como adelantaba, se trata de una propuesta extraña y hasta cierto punto estimulante, principalmente por presentar un tono tan volátil y cambiante como su propio guión, a caballo entre el thriller y el western neo-noir.

Que la estética retro propia del cine de los 80 esté de moda es un hecho que viene consolidándose desde que se estrenó Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), dándose cada año numerosos ejemplos que imitan desde su puesta en escena brutalmente visual hasta los sintetizadores de su banda sonora o su oscura fotografía plagada de luces de neón y de colores chillones. Sin ir más lejos, este recién enterrado 2014 no has dejado muestras de dicha fórmula en obras como Nightcrawler, The guest o esta propia Frío en julio.

Creo que lo mejor que se puede decir de la última película de Jim Mickle es que desde que comienza, apenas tiene un segundo de respiro, dejando al espectador pegado a la pantalla durante sus casi dos horas de duración. Para ello se apoya en una ejecución visual muy acertada, que gracias a una notable dirección y un buen uso del montaje logra dotar a la historia de un ritmo frenético sin perder ese aire ochentero tan característico.

Su guión, por otra parte, se basa en una premisa aparentemente sencilla que se va complicando más y más hasta prácticamente olvidarse de la base de la misma. Y es que, llega un punto en la trama justo a las puertas del tercer acto, en que uno no puede evitar preguntarse porque están pasando realmente las cosas. Afortunadamente, la película parece ser consciente de eso y sabe distraer al espectador para que ese “salto de fe” narrativo sea menos doloroso de lo que cabría esperar. Es precisamente en este punto donde Frio en julio se queda a las puertas de ser algo más que un buen y entretenido thriller para quedarse en un auto-complaciente ejercicio de estilo que gusta y agrada pero no sorprende.

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Creo que técnicamente la cinta de Mickle tiene pocas pegas, logrando construir una atmósfera sucia, viciada y en todo momento envolvente, y que sabe cómo ganarse al espectador gracias a secuencias bien rodadas y a una escalada de violencia con una resolución francamente potente. Su problema llega cuando aparecen los títulos de crédito y te das cuenta de que no has ido de la mano de sus personajes protagonistas en casi ningún momento (salvo en la gran secuencia inicial), sino que te has limitado a presenciar (y disfrutar, por qué no) otra de tantas historias de venganza y corrupción sureña, que fácilmente podría haber acabado siendo carne de telefilm sino fuese por su envidiable factura técnica. Por otro lado, Creo que Michael C. Hall (y su pelazo) se mueve con bastante gracia en un papel por otra parte desaprovechado en favor de una trama enloquecida, que parece en todo momento en segundo plano debido a un omnipresente sentido del espectáculo que acaba eclipsando las pretensiones dramáticas de la historia.

En otras palabras, Frio en Julio es una buena película que funciona en todo momento como thriller de acción pero que acaba sin dejar huella por no saber conducir su tensión dramática a través de sus radicales puntos de giro. Entretenida.

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Ficha técnica:

Título Original: Cold in July Director: Jim Mickle Guión: Jim Mickle, Nick Damici Música: Jeff Grace Fotografía: Ryan Samul Reparto: Michael C. Hall, Sam Shepard, Don Johnson, Vinessa Shaw, Nick Damici, Wyatt Russell, Bill Sage, Brianda Agramonte, Kristin Griffith, Ken Holmes Distribuidora: TriPictures Fecha de estreno: 01/01/2015