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¿Existe la fórmula milagrosa para los Oscar? Posiblemente, de existir, nadie ha sabido emplearla mejor en los últimos años que Los Weinstein, aún pesa en el colectivo aquel Oscar que cambió la historia de los Oscar para siempre (marcaron que para que una película pudiese ganar el gran premio de la Academia debía someterse a un costoso recorrido publicitario) que consiguieron con Shakespeare in love. Pero esta fórmula, de la cuál pocos conocen el secreto, es realmente complicada, hay que implicarse, emocionar al espectador, pero no pasarse, saber medir en qué momento parar. La reciente Invencible (Unbroken) o grandes fiascos como Tan fuerte, tan cerca o El mayordomo, demostraron que si la fórmula no estaba perfectamente equilibrada, la película podía llegar a ser un desastre mayúsculo. Y lo cierto es que tanto el guionista debutante Graham Moore, como el realizador noruego Morten Tyldum, que tras el éxito de su anterior película, Headhunters, da el salto a Hollywood, parecen haber entendido a la perfección el esquema de película ganadora al contar la historia del matemático Alan Turing, su problema es que la película es básicamente eso, un simple y aburrido esquema.

La historia de Turing ya fue llevada a la pantalla por Michael Apted en Enigma una película protagonizada por Kate Winslet y Dougray Scott. La figura de Turing, aunque anónima, fue clave para el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Este matemático fue alistado por el gobierno británico para descifrar los mensajes que los alemanes lanzaban entre ellos, el problema es que estos estaban codificados con una máquina llamada Enigma, que tenía millones de combinaciones, unas combinaciones que cada día cambiaban. Turing consiguió diseñar una máquina, antecesora de los ordenadores actuales, que lograba descifrar cada día los mensajes que se interceptaban. Se calcula, según comenta la película, que el descubrimiento de Turing consiguió que la Segunda Guerra Mundial terminase dos años antes de lo previsto. Pero la gran hazaña de Turing quedó clasificada y no se desveló hasta 50 años después, mientras tanto, y condenado por su homosexualidad, Turing acabó por suicidarse mientras que se sometía a un tratamiento de castración química por las leyes contra homosexuales que estuvieron en vigor en Gran Bretaña hasta los años 60.

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Sí, sin duda el personaje de Turing era un tipo singular, cuya vida, además de estar marcada por la homosexualidad, también lo hacía por un Síndrome de Asperger que le obligó a recluirse y a cortar lazos sociales. El problema, es que este tipo era el Turing real, el que inventó aquella máquina, pero una personalidad interesante no es suficiente para labrar a un personaje interesante, y sin ninguna duda, el Alan Turing que aparece en The Imitation Game (Descifrando Enima) es un tipo muy poco interesante. El guión apuesta curiosamente por dejar al personaje de lado, por centrarse en la creación de la máquina y darle a la película un aspecto de thriller de espionaje que resulta sorprendente. No es un thriller brillante, pero consigue entretener, funcionar e interesar dentro de la absoluta planeza con la que todo en ella está presentado. Porque es ahí donde nace mi problema y principal malestar con The imitation game es una película, no sólo que me conozca, sino que ni siquiera se esfuerza por sorprenderme. Tengo la sensación de que lo mismo que me están contando lo he visto ya en numerosas ocasiones, y me ha resultado más atractivo que en esta capa superficial con la que Tyldum labra su película.

Pero peor es el resultado cuando la película se aleja de esa estética de thriller para intentar profundizar en el propio personaje de Turing, es un error garrafal intentar entrar en la mente de un personaje cuando éste no está apenas construido. Ese Turing que está dibujado con breves pinceladas, puede funcionar cuando The imitation game es un thriller puro, pero no cuando trata de convertirse en un drama humano. Posiblemente el mejor ejemplo de éste se encuentre en el tratamiento de su homosexualidad. De cómo la homosexualidad construyó la personalidad de Turing, lo vemos tratado de puntillas, con breves flashbacks que parecen enfocarse más en el bullying que recibió a causa de su enfermedad que en un traumático primer amor. La situación de los homosexuales en Gran Bretaña tan sólo se ve esbozada brevemente en pequeñas amenazas. Todo esto para presentarnos la situación de que Turing fue encontrado en un bar con un hombre a cambio de dinero, algo que dilapida por completo al personaje construido, porque resulta impensable pensar que el Turing presentado en la película cometiera tal acción. Curiosamente, y viendo los carteles finales –que como es norma general, deben de acompañar a cualquier biopic– parece que uno de los propósitos de la cinta está en censurar las atroces prácticas que se cometían en Gran Bretaña contra estos, pero no puedes intentar meter una crítica social apoyada únicamente en el uso de un cartel informativo cuando no has sido capaz de presentarlo en la historia.

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Hay algo que brilla en ella sin ninguna duda, se trata de un soberbio Benedict Cumberbatch. Cumberbatch se ha prodigado en los últimos años tanto en la televisión, como en grandes producciones mostrando su talento. Un actor peculiar cuyo extraño físico, bastante feo para los estándares de Hollywood, no ha supuesto un impedimento para poco a poco ir abriéndose paso. No cabe duda de que el actor llevaba tiempo buscando un papel como éste, uno que le permitiera explotar al máximo su talento. Ya lo intentó en El quinto poder aquella atroz película sobre Julian Assange, en la que Cumberbatch, en parte también por lo mal dirigido que estaba, se excedía demasiado. Pero en The imitation game encuentra el papel de su vida, sabe medirse, aportar realismo a Turing y alejarle del tono caricaturesco que podría haber llegado a tener. Él es sin duda lo mejor de la película, aunque lamentablemente no se vea acompañado por su compañera de reparto, una Keira Knightley que poco hace más allá que postrarse tras la cámara.

Es cierto, The imitation game no es en absoluto una mala película, pese a los fallos en el tratamiento de su personaje principal, y a la simplicidad absoluta que marca toda la película, ésta sin embargo jamás resulta realmente mala. Pero tampoco es buena. Simplemente es un correctísimo acercamiento al personaje de Turing, una correctísima película academicista. Destaca además en su plano técnico, la soberbia fotografía apagada de Óscar Faura y sobre todo la magnífica composición de ese genio llamado Alexandre Desplat, posiblemente el mejor compositor que hay en activo a día de hoy. Incluso es una historia bien contada, a Tyldum hay que reconocerle su buen quehacer, más allá de lo auto-limitada que sea la propuesta. Pero a The imitation game la pierde su obviedad, su incapacidad de sorprender, su molestosamente pretendida vacuidad. No, no es una mala película. Pero es una que he visto tantas veces, que tardaré poco en olvidar.

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título Original: The Imitation Game Director: Morten Tyldum Guión: Graham Moore Música: Alexandre Desplat Fotografía: Óscar Faura Reparto: Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Mark Strong, Charles Dance, Matthew Goode, Allen Leech, Tuppence Middleton, Rory Kinnear Distribuidora: TriPictures Fecha de estreno: 01/01/2015