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Hay un problema grave en el cine español, demasiado grave, es el hecho de no saber hacer cine adolescente en su plenitud. Y es que en España se hace un cine estupendo, incluso obras como Celda 211 o Lo imposible ha demostrado la calidad de los cineastas españoles para hacer blockbusters de calidad. Pero a la hora de acercarse al público adolescente, a la hora de retratarle de manera desinhibida y sin complejos, todo falla. Uno puede pensar que el problema de esto viene centrado de la idiotización a la que están sometidas los adolescentes españoles, que un público cuyo programa base es Mujeres, hombres y viceversa necesita encontrar películas que satisfagan ese paupérrimo y lamentable nivel cultural. Fuera de España si se hace gran cine adolescente, el mejor espejo donde nos podemos mirar es Hollywood, ya que es sin duda a donde este cine trata de imitar, y ya no hablo de obras sólidas como pueden ser por ejemplo la reciente Las ventajas de un marginado, si no obras de una apariencia mucho más liviana como American Pie, que sin embargo consiguen condensar en ella, mucho más de lo que es la simple apariencia de una obra más banal. Pero aquí al final, recluidos a la adaptación de novelas juveniles, los productos suelen ser tan desastrosos como A tres metros sobre el cielo, Por un puñado de besos o la que ahora tratamos El club de los incomprendidos, películas en la que lo peor que hay es el hecho de que sus personajes son tipos a los que no reconocemos.

Hubo un maestro haciendo cine de temática adolescente, un genio, al que incomprensiblemente aún no se le ha colocado en su lugar entre los más grandes autores del cine norteamericano, éste era John Hughes. Hughes tuvo una carrera ejemplar, era un tipo que sabía a la perfección que era lo que el público demandaba, hacía películas de un claro perfil comercial que eran rotundos éxitos, pero era mucho más que eso, era el cineasta que mejor supo comprender nunca a la adolescencia. La mejor prueba de ella reside en el gran tótem de su carrera, su gran obra maestra: El club de los cinco. El club de los cinco me parece una película única, posiblemente irrepetible, una obra de una fuerza atemporal. La grandeza de esta película residía en la manera de la que Hughes era capaz de comprender y plasmar a toda la sociedad a través de esos años tan complicados, como en esa película de los años 80, retrataba al adolescente de cualquier generación. Cinco chicos, aparantemente distintos, cada uno de una tribu urbana, tenían que compartir una sala de estudio una mañana de sábado, allí ellos se desnudaban, se despojaban de esas etiquetas impuestas por la sociedad y demostraban que todos eran iguales. ¿Y qué les empujaba a ser así? Sus problemas, problemas que desde el prisma de un adulto pueden resultar nimios, y eso es lo que diferenciaba a Hughes de cualquier otro cineasta, sabía darle a estas aparente nimiedades el carácter que sí tenía para los adolescentes, se los tomaba en serio, con su mismo prisma. Eso, es algo que sólo supo hacer.

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Si hago especial hincapié en esa fantástica película que es El club de los cinco no es por ningún otro motivo que por el hecho de que es la obra que El club de los incomprendidos trata de plagiar descaradamente. No queremos decir homenaje, posiblemente esas sean las intenciones de su realizador, sino directamente plagio, porque como suele ocurrir con los plagios, al final deja en evidencia que sus autores han sido incapaces de rascar más allá de la superficie de la película de Hughes. Si El club de los incomprendidos no puede ser El club de los cinco es principalmente porque sus personajes son unos mamarrachos, porque sus problemas son inexistentes, porque todo al final acaba vinculado a una terrible y bochornosa trama romántica que denota y supura machismo por los cuatro costados. Violaciones (e insinuaciones) de las mismas incluidas. Con tipos que obligan a su novia a arrepentirse de pasar un rato con otro hombre, cuando su conducta infiel acaba siendo aceptada por ésta con normalidad. Cuando las únicas que son incapaz de encontrar un hombre que les proteja son una lesbiana y una loca. Cuando esos son los problemas que la película trata de plasmar como grandes hecatombes, y encima quiere parecerse de manera pueril y descarada a El club de los cinco, yo sólo puedo pensar que no voy a dejar que me tomen el pelo, que me importa un bledo eso que me están contado.

Porque si al menos me lo contaran bien al menos algo podría sacar de todo este espantoso espectáculo, por mucho que los personajes sean todos unos simples gilipollas que jamás me creería que pudieran existir.  Pero no, aquí todo es la abogacía por lo ridículo, por el golpe de efecto, y el videoclip más chusco. Su ridículo guión consigue parecer un problema menos, cuando cada uno de los clímax de la película se ve convertido en un bochornoso espectáculo audiovisual. Posiblemente uno de los momentos más lamentables de la película sea aquel que se produce en la estación de AVE de Atocha, con los protagonistas saltando delante de una pantalla de plasma, “viviendo” esa feliz siempre latente. Pero como la película siempre tiene algo con los que sorprendernos, es capaz de ir más allá en la siguiente escena, y jugar a engañar al espectador con trucos de guión absolutamente viles como el de la amiga imaginaria, y llevarle simplemente a pensar, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

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No, no se sabe hacer cine adolescente. Porque si alguien me dice que estos tipos que aparecen en la película se corresponden con el modelo de nuestra sociedad, debería preocuparme, y pese a que, como siempre ocurre, las generaciones posteriores vemos degradadas las que atraviesan la adolescencia, por suerte, no suelo encontrarme con subnormales como los que muestra la película. Lo peor de todo no es ya esto, me daría igual, hay películas malas que caen simpáticas, suele ocurrir con todas las que mentaba como fiascos en el primer párrafo, son tan tontamente inocentes que acaban por resultar entrañables. Pero no es el caso de El club de los incomprendidos, porque ver como una obra trata de plagiar a otra sin tapujos, y lo hace de una manera lamentable, simplemente me cabrea y me hacen sentir que me han tratado de tomar el pelo, y no, no me gusta que me tomen el pelo.

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Ficha técnica:

Título Original: El club de los incomprendidos Director: Carlos Sedes Guión: Ramón Campos, Cristóbal Garrido, Gema R. Neira, Adolfo Valor Música: Federico Jusid Fotografía: Jacobo Martínez Reparto: Charlotte Vega, Álex Maruny, Michelle Calvó, Ivana Baquero, Jorge Clemente, Andrea Trepat Distribuidora: DeA Planeta Fecha de estreno: 25/12/2014