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¿Qué pasa cuando un hombre sereno estalla? ¿Qué ocurre cuando alguien acostumbrado a la represión de los estándares sociales no puede más y desata toda la rabia que tiene en su interior? Esto era lo que se planteaba el irregular Joel Schumacher en Día de furia, la que sin duda es la mejor película de su carrera. Allí un mal día valía para desatar toda la ira que el personaje de Michael Douglas había contenido en su interior y expresaba mediante la violencia toda su necesidad de liberación. No cabe duda de que la obra de Schumacher ha servido de inspiración a Damián Szifrón, película que incluso llega a versionar en uno de los capítulos (el mejor) de Relatos salvajes. Lo que hace Szifrón es básicamente lo que hizo Schumacher en aquella historia, hablar de la rabia contenida que empuja al ser humano a los hechos más atroces, lo hace en una antología de relatos realmente dispares, que intentan guardar entre sí cierta conexión, una conexión que en la mayoría de los casos acaba siendo más difusa que lo que el realizador pretende.

Y es que Relatos Salvajes adolece del mismo problema del que suelen adolecer todas las películas basadas en una estructura episódica, la falta de consistencia en un todo que se tambalea continuamente con altibajos, teniendo además la mala fortuna de no haber sabido ordenar estos episodios para contar con una tendencia ascendente. Y es una pena, porque realmente estamos ante una película que empieza de manera perfecta, con un simple gag realmente divertido que sirve para poner al espectador a tono para lo que va a acontecer en el que una serie de desconocidos coinciden en un avión que les deparará una fatal sorpresa. Y tampoco es mala la idea que tiene Szifrón de comenzar con la más floja de las historias, ambientada en un bar de carretera a la que va a parar un peligroso criminal, una historia realmente simple con personajes bastante planos y que resulta completamente olvidable.

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Y es a partir de ese momento cuando el ascenso de la película sucede. La segunda de las historias, protagonizada por Leonardo Sbaraglia y con ecos a El diablo sobre ruedas, es, sin lugar a dudas, la más bestia y gamberra de toda la película. El principal problema que nos encontramos con este genial episodio, es que su clímax final es total, y sin lugar a dudas su lugar éste debería haber sido el último episodio, porque la sensación de flaqueza ya adolece en toda la película y poco importa que tras él venga el que sin dudas es el mejor y más desarrollado de estos relatos. Y es que el episodio protagonizado por Ricardo Darín, precisamente ése que tiene ecos a la película de Schumacher, es el único de los cinco capítulos que verdaderamente está desarrollando, el único que sabe explicar a la perfección donde reside esa rabia interna que acaba explotando por más que intentes contenerla. Pero sin duda, adolece de encontrarse con un telonero excesivamente potente, en el que las carcajadas precedentes acaban eclipsando a sus estupendas intenciones.

Y es ahí cuando comienza el debacle de estos Relatos Salvajes, cuando la película no hace más que caer en picado. No sé muy bien cuáles eran las intenciones de su realizador con la historia del hijo de una pareja bien posicionada que asesina con el coche a una mujer embarazada y acaba dándose a la fuga. Soy incapaz de entender las intenciones del realizador de insertar esta historia acerca de la codicia humana y la falta de escrúpulos en una película que habla esencialmente de la ira humana y el comportamiento irracional, sencillamente, es una historia que jamás encuentra su sitio. No es una mala historia, y está bien contada, pero es como un pez fuera del agua tratando de encontrar su lugar en una película que sencillamente no es la suya.

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Mucho más afortunada es la elección final con la historia de una pareja, en la que en su día de bodas, ella descubre que su marido está siendo infiel. De nuevo vuelve a hacer aparición ese salvajismo al que hace referencia el título, pero el problema, entre este vaivén de historias carente de consistencia narrativa, cuando llega esto, resulta demasiado tarde, y aunque arranca de manera potente, no puedo más que sentir que este último relato está demasiado alargado, como un chiste que empieza bien pero que se estira y se estira hasta perder la forma.

Me gusta el análisis que hace Szifrón acerca de la rabia humana, de los instintos más animales que alberga en su interior el ser humano, tratando de cohibirlos por los estándares sociales, pero no puedo dejar de sentir de que la ejecución de la misma acaba tirando al lastre una buena idea, en la que realmente, sólo una de las historias me parece verdaderamente salvaje, y sólo una de ellas está perfectamente construida. Szifrón es listo, sabe perfectamente cuál es el tono que debe encontrar para contar cada una de estas historias, que indudablemente habrían funcionado de maravilla como piezas individuales. Pero es incapaz de encontrar la tecla para hacer de Relatos salvajes una pieza lo suficientemente consistente para que funcione como una película de dos horas. Su unión me parece endeble, su construcción está poco estudiada, y los bajones de ritmo acaban por hacer de ella un compendio de escenas con demasiados vaivenes que no llegan a encontrar su lugar.

Ficha técnica:

Título original: Relatos salvajes Director: Damián Szifrón Guión: Damián Szifrón Música: Gustavo Santaolalla Fotografía: Javier Juliá Reparto: Ricardo Darín, Darío Grandinetti, Leonardo Sbaraglia, Érica Rivas, Oscar Martínez, Rita Cortese, Julieta Zylberberg, Osmar Núñez, Nancy Dupláa, Germán de Silva, María Marull, Marcelo Pozzi, Diego Gentile, María Onetto Distribuidora: Warner Fecha de estreno: 17/10/2014