El amigo Rodrigo Cortés es un cineasta atípico en nuestro país, posiblemente un tipo como él, en Estados Unidos hubiera acabando dirigiendo telefilmes pasionales o thrillers de serie B protagonizadas por Antonio Banderas, pero aquí al menos ha aportado un frescor distinto a nuestro cine, no es que eso sea necesariamente bueno, ya que en su caso no lo es, pero lo cierto es que este thriller con tanta tendencia a la americanitis es algo que aquí en España no habíamos visto hasta ahora. Y no, no es cosa de contar con estrellas americanas, porque en Concursante ya había mucho de esto, aquella era una película horrible, más que una película parecía un video de autoayuda en el que se daba una clase de economía avanzada a un ritmo cocainómano, una película en la que Cortés demostraba que sabía la teoría de cómo hacer cine, pero no tenía ni idea de cómo llevarlo a cabo, tantas idas y venidas, la saturación de recursos estilísticos que parecían metidos con calzador sin aparentemente más explicación que exhibirse a sí mismo como un realizador moderno que cree parecerse a Nolan o a Fincher. Hay que decir que la verdad es que en su segundo largometraje demostró ser capaz de algo más, al menos cuando la historia no acompañaba a los excesos, Buried era un thriller muy tramposo, se le podían poner mil pegas a ese ataúd de cambiantes dimensiones, al uso de ese móvil, a su falsa emotividad o incluso a su final, pero pese a todo la película, convencía, gustaba y sobre todo angustiaba.

¿Nos habíamos equivocado a juzgar rápidamente a Cortés con su primera película? Luces Rojas era toda una prueba de fuego, además el realizador contaba con Sigourney Weaver y Robert De Niro, nombres de altura para un thriller que debería haber sido la confirmación de este orensano afincado en Salamanca que puede presumir de ser un cineasta total ya que él mismo produce, dirige, escribe y monta sus trabajos. El problema de esta polivalencia es que deja un margen de trabajo tan anárquico que es inevitable la tendencia a la hiperbolización y a la exageración, y para un cineasta que está comenzando y que no conoce bien cuáles son sus límites esto le puede acabar haciendo más mal que bien. Buried era una película que por su propio contexto resultaba comedida, además Cortés inteligentemente no recurría a flashbacks ni a ningún otro artificio, se quedaba encerrado dentro, encontrando de este modo el agobio del que quería hacer gala. Ahora se ha vuelto a desmelenar por completo, sin llegar hasta los inhóspitos limites a los que llegaba con Concursante y agradeciendo que la película la haya montado sin recurrir a la cocaína, lo cierto es que Luces Rojos acaba convertida en un completo despropósito carente de toda lógica y que en ocasiones resulta incluso divertido, aunque por desgracia, no sea esto lo que la película andaba buscando.

Hay que decir que el argumento de Luces Rojas ya resulta algo disparatado y parece más digno de ser una serie procedimental de la CBS que de un largometraje. Sigourney Weaver y Cillian Murphy son dos cazafantasmas, aunque ellos en lugar de cazar a los fantasmas se dedican más a cazar a los fantasmas que dicen que ven fantasmas. La primera parte de la película realmente no destaca lo más mínimo, pero tampoco molesta, se van asentando los mimbres de un thriller bastante típico, un villano, una conexión con el pasado, un joven que no se detiene ante nada e incluso atisbos de una relación romántica. No hay nada que realmente pueda resultar novedoso o realmente interesante, pero con el ritmo adecuado y la formula de sobra conocida el resultado es muy ameno y pasable pese a la incursión del patetismo personificado en el personaje de Leonardo Sbaraglia, el problema viene cuando después de su primera hora a Cortés le vienen los atisbos de grandeza, decide dar una vuelta de tuerca al guión y grita a los cuatro vientos, ¡Mamá quiero ser como Fincher! ¡Papá voy a ser David Lynch! Entonces a Rodrigo se le va la cabeza por completo, se olvida por completo de darle coherencia a la historia, se olvida de todo lo cual da lugar a un montón de lagunas argumentales. Se le va la historia de las manos simplemente para gustarse, y puede que él mismo se guste mucho, pero el espectador que asiste atónito al demencial espectáculo que el realizador está orquestando no entiende muy bien a cuento de qué ocurre todo. Cortés da entrada a elementos absurdos de los que abusa sin piedad como esa Lynchiana habitación, o el fácil recurso de secuencias oníricas que tampoco parecen responder a nada. Un batiburrillo de elementos metidos a calzador a través de los cuales la película lucha por avanzar. Ya era realmente difícil tomarse la película en serio mucho antes del final, pero cuando llega éste con una grandilocuente escena en un estadio, el espectador realmente no sabe dónde meterse e intenta aguantarse la risa para no faltar el respeto, pero cuando llegan los tres minutos finales en los que Cortés pretende parecerse al Singer de Sospechosos Habituales, el espectador, ya no puede hacer nada por no estallar soltando una gran risotada.

Es cierto que el realizador, igual que le consiguió arrancar la única interpretación decente de su carrera a Ryan Reynolds consigue traernos el mejor papel de De Niro en los últimos años, lo cual, sea dicho de paso, tampoco significa demasiado, y la película se ve beneficiada del buen hacer y la buena química que desprenden Cillian Murphy y Sigourney Weaver, especialmente el primero que pese a ver como su personaje se ve arrastrado al mayor de los absurdos consigue mantener el tipo en todo lo posible. Cortés necesita control por encima de todo, es un tipo que sabe hacer y que tiene buenas ideas pero que claramente necesita a alguien que le ponga unos límites, que no le deje hacer y deshacer a su antojo, mientras esto no sea así, es más probable que nos encontremos al Cortés de Concursante o Luces Rojas que al de Buried.

Título Original: Red Lights Director: Rodrigo Cortés Guión: Rodrigo Cortés Música: Víctor Reyes Fotografía: Xavi Giménez Montaje: Rodrigo Cortés Interpretes: Cillian Murphy, Sigourney Weaver, Robert De Niro, Elizabeh Olsen, Toby Jones, Joely Richardson, Craig Roberts, Leonardo Sbaraglia Distribuidora: Warner Fecha de Estreno: 02/03/2012
  • uno que pasaba por aquí

    ¿¡FARSANTE!? Farsante será aquel que no reconozca el ejercicio loable que significa sacar a flote un folclore cinematográfico (el español) que lleva agonizando casi toda su vida. Se le puede acusar de haber arriesgado demasiado en su búsqueda por la comercialidad. El final no creo que sea autocomplaciente, es un consciente análisis en busca de un resultado muy determinado: hacer una película para ser vista, para ser comprada y distribuída, nada de miradas introspectivas a más ombligos europeístas. Puede que Cortés sea el primer cineasta honesto, que sigue a los muchos farsantes (quiero decir genios) que han asfixiado nuestro cine con películas reiterativas y vacías (quiero decir, geniales) hasta la saciedad.

  • KasaVete

    totalmente de acuerdo con la crítica, es una basura de película de la que nadie se acordará de aquí unos años… aparte de un guión disparatado, lo peor es el final, por pretencioso y absurdo. y encima con ese montaje de flashbacks final, insultando la inteligencia del espectador, recurso tan típico del cine americano más simplón. es como un capítulo de CSI de dos horas. y de los malos, además.
    a mí no me engaña el Cortés este… y espero que no le subvencionemos más pelis, porque esta chufla ha costado un pastón que hemos pagado en parte con nuestros impuestos. que se vaya a Hollywood a rodar capítulos de CSI y que nos deje en paz con su cine hueco y pretencioso… no necesitamos otro Shamalayan. con uno es suficiente.

  • Coincido contigo: Menuda decepción. Tramposa y efectista. http://twiycine.blogspot.com/2012/03/luces-rojas-y.html