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En la canción Un ramito de violetas, una de las más bellas que jamás se han escrito en nuestra lengua, la malograda Cecilia contaba la historia de una mujer que cada 9 de noviembre recibía un ramo de flores, no sabía a quién pertenecía este ramo, simplemente aparecía, un hecho que traía algo de felicidad hasta una vida instalada en un infierno conyugal. En una de las fantásticas estrofas de esta verdadera maravilla, Cecilia hablaba de su fascinación por este misterioso tipo de esta manera: “A veces sueña, y se imagina como será aquel que tanto la estima. Sería un hombre más bien de pelo cano, sonrisa abierta y ternura en las manos. No sabe quién. Sufre en silencio, ¿quién puede ser su amor secreto?, y vive así de día en día, con la ilusión de ser querida”. La película Loreak (Flores) de José Mari Goneaga y Jon Garaño, tiene mucho de lo que hablaba la canción de Cecilia, tanto es así que hubiera sido un signo de gran elegancia cerrarla al compás de su voz, una referencia que quizá pueda no ser pretendida, pero que recoge todo y cada uno de los elementos de esa composición para moldearlos a su antojo en una bella historia de amor de fantasmas.

Ane, la protagonista de la película, vive sumida en la infelicidad, puede que su marido no sea el mismo demonio como el de la canción, pero ella también se puede quejar de que nunca fue tierno. A Ane le detectan una menopausia prematura, lo que anímicamente acaba por devorarla, su gesto cambiará cuando un jueves reciba un ramo de flores en su casa. Un ramo, que por supuesto, en primera instancia piensa que se lo ha mandado su marido, pero cuando le da las gracias a éste, su respuesta se limita a un: ¿Para qué te lo iba a enviar?. A partir de ese momento Ane recibirá un ramo de flores cada jueves, no sabrá de quién es, pero no importará demasiado este hecho, pues esto la sumará en la intensa felicidad. Tras el fallecimiento de un compañero de trabajo, descubrirá que era éste quién la mandaba flores, no existía ninguna relación entre ellos, todo se limitaba a un platónico amor mientras que él la observaba desde el cielo de la grúa. Desde ese momento, Ane, cada semana, devolverá el gesto dejando en el lugar que éste falleció un ramo de flores.

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Me fascina la ternura con la que Goneaga y Garaño cuentan su historia, la gran belleza que desarrollan en una propuesta de cine totalmente minimalista, pero que está contada con una certeza absoluta. La historia es básicamente una historia de amor entre dos personas que no se conocen y que jamás se llegarán a conocer. Es fácil entender el amor y la pasión de ambos, encerrados en sendas relaciones matrimoniales que no son satisfactoria, esas flores, instrumento secreto, se convierten en una metáfora carnal, un nexo de unión de un amor incorpóreo. Realmente lo que menos me interesa de la película son las respuestas que ambos puedan encontrar a esto, especialmente Ane, que ni siquiera necesita saber demasiado de ese hombre que durante un tiempo la mandó un ramo a su casa preocupado por su felicidad. Es más, ni siquiera será ella quién las busque, sino que serán los demás quién traten de encontrarlas en ella.

Y Loreak (Flores) es básicamente eso, un relato sobre dos personajes que están al borde del abismo, que encuentran en esas flores una consumación de un amor completamente platónico, pero también encuentran la forma de mantener erguido su mundo, de seguir adelante. Goneaga y Garaño hacen una película exquisita, con alma triste, pero también con un resquicio a la esperanza, a esa esperanza a seguir adelante. Lo hacen con una puesta en escena magnífica, sobria, elegantísima, repleta de planos estudiados al milímetro, dónde los componentes de esa relación casi siempre se encuentran ahogados en un plano que es demasiado extenso para ocuparlos por ellos mismos.

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 Sí, la canción de Cecilia, era una historia sobre fantasmas, sobre cuerpos etéreos que cada año enviaban un ramo de flores, unos ramos de flores que tenían un mayor significado de lo que la protagonista de la canción creía, porque eran el reflejo de una incomunicación conyugal, cuyo marido enviaba en secreto porque era la única forma de la que sabía hacer feliz a su mujer. Loreak (Flores) también es una historia de amor entre fantasmas, de cuerpos que no se tocan y que no se conocen, pero que son capaces de hilar el amor, un amor que se prolonga tras el fallecimiento, a través de unos ramos de flores que son capaces de hacer más por esas dos personas que un simple abrazo. Porque al fin y al cabo, las flores de Loreak, no son más que el pilar que dos personas necesitan usar para mantenerse con vida.

4.5_estrellas

Ficha técnica:

Título Original: Loreak Director: José Mari Goenaga, Jon Garaño Guión: José Mari Goenaga, Jon Garaño, Aitor Arregi Música: Pascal Gaigne Fotografía: Javier Agirre Reparto: Josean Bengoetxea, Nagore Aranburu, Ane Gabarain, Gotzon Sanchez, Itziar Aizpuru, Egoitz Lasa, Itziar Ituño, José Ramón Soroiz, Jox Berasategui Distribuidora: A Contracorriente Fecha de estreno: 31/10/2014