Sitges es el mejor lugar del mundo para hacer un festival, decía Àngel Sala en la gala de presentación de la 47ª edición. Y hay que darle la razón, el de Sitges es un festival único por su ambiente, una programación ecléctica, se respira cine por las calles… Y sólo un festival como el de Sitges tendría la idea de programar una sesión infantil en el Auditori justo antes de la sesión inaugural, retrasando la proyección hasta más de media hora. Un retraso que no ha contribuido a la mejor de las predisposiciones para saborear [REC]4, última y fallida entrega. A la saga [REC] le pasa lo mismo que a Madrid con los Juegos Olímpicos, se le atragantan los números pares que diría Ana Botella.

REC

[REC]4 no se puede entender sin su conjunto. Es preciso recordar que la esencia y la gran piedra de toque fue una cierta reinvención del modelo found footage, género que ya nació muerto de la mano de la pesada El proyecto de la Bruja de Blair y que Balagueró y Plaza supieron sacarle el máximo jugo para crear un clásico del cine de terror. La segunda entrega fue un bache en el camino, abusaron del recurso de la cámara en mano y el resultado final estaba más cerca de un  mal videojuego que de la fantástica película que era la primera. Quizá por esto decidieron que la tercera parte fuera una precuela en la que rompían por fin con la cámara en mano. Como el propio Plaza comentó en una entrevista, tenía ganas de montar un travelling y por eso a los cinco minutos la cámara que graba la boda termina rota por los suelos, inutilizada. La excusa perfecta para recuperar la cámara omnisciente.

Jaume Balagueró opta por la misma jugada: cargarse la cámara en mano directamente. Sin ninguna acción que justifique esta ruptura en la esencia de la saga. Y este no será el único elemento que rompa con la esencia [REC]. Probablemente esta última entrega sea la más inconexa de todas, un golpe en la línea de flotación que llega a desconcertar. Balagueró opta por refugiarse en un lugar común, traslada la infección en la claustrofóbica finca del Eixample barcelonés a un más claustrofóbico barco navegando aislado en alta mar. Esta aparente agorafobia narrativa nos traslada a un nuevo escenario muy apetitoso a la par que terrible, pero no se le sabe sacar el jugo necesario con una dirección torpe y por momentos muy impersonal.

[REC]4 se convierte en una traición tras otra a sí misma. Para empezar, se toma demasiado en serio, abandonando el tono desenfadado de las primeras entregas con la tercera como punto álgido del desenfado narrativo. Por otra parte, el cambio formal es bastante notable, más allá de abandonar la cámara en mano. Una narrativa visual bastante sencilla que pierde toda su fuerza en las numerosas escenas de acción que trufan la película. Agitan tanto la cámara que es imposible distinguir nada. También se ha abusado demasiado del recurso musical sin apenas dejar unos segundos de silencio. Un recurso tan manido que llega a subrayar hasta la más intrascendente de las escenas. Finalmente, el mayor de los defectos de la película son sus personajes, empezando por algunos tan arquetípicos como el informático gordinflón y simpático o el salvador musculoso hasta llegar a una exageradamente histriónica Manuela Velasco que cumple con nota cuando su papel se limita al de una reportera, pero que pierde toda credibilidad cuando el personaje le exige una carga más dramática.

[REC]4 es un paso en falso en el cierre de la saga que deja con un mal sabor de boca. Una clausura con demasiados agujeros de guión que traiciona al fan y le deja la amenaza de una hipotética 5ª parte. Veremos cómo evolucionan los tiempos.

El resto de la jornada en Sitges:

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Evidentemente, el primer día no ha sido todo [REC]4, aunque debemos reconocer que era el plato estrella. Empezamos con la decente Creep de Patrick Brice, otro found footage más modesto que juega todas sus cartas con sus dos actores: el propio Patrick Brice y Mark Duplass. La historia de un comunicador audiovisual, Aaron (Patrick Brice), que ha sido contratado a razón de 1.000 dólares la jornada para grabar el día de Josef (Mark Duplass). Un filme claustrofóbico, rodado íntegramente desde el punto de vista de una sola cámara y que llega a inquietar por el constreñimiento narrativo que ese único punto de vista ofrece.

Una narrativa muy sólida durante la primera mitad de la película, pero que se diluye buscando la conclusión durante la segunda. El tándem Brice-Duplass funciona muy bien durante la presentación que nos lleva por caminos desconcertantes y bastante frikis para pasar a una segunda parte más convencional con múltiples finales que parece no terminar nunca. Una lástima esta irregularidad, Creep acaba convirtiéndose en un quiero-y-no-puedo en busca del cierre. Un cierre que, paradójicamente, funciona perfectamente y confirma a Duplass como la auténtica alma de la película.

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Y por último, la mejor película del día ha sido la australiana The babadook, una actualización del hombre del saco. Historia bastante angustiosa con un pulso narrativo bastante firme en el que Jennifer Kent retrata la vida de una madre que tiene que encargarse sola de un niño con una imaginación excesiva. Y este exceso de imaginación nos lleva a una película multitemática que tanto puede parecer que realmente existe un fenómeno paranormal como que aborde la esquizofrenia o todo forme parte del mundo onírico invadiendo cada vez más la realidad cotidiana.

Sin duda, The babadook es una película desconcertante que divaga entre varios temas, ofreciendo múltiples elementos al espectador hasta revelar la resolución. Una película bastante inteligente, con pulso formal y un guión compensado que no deja ningún cabo suelto. Una película oscura y enfermiza, incómoda, con un imaginario muy potente. Una reinvención del género que introduce elementos nuevos y reformula los clásicos. Un acierto que llega desde las antípodas para turbar nuestros sueños. Cuidado con el babadook, una vez llama tres veces a tu puerta no te lo podrás quitar de encima. Babadook… dook… dook.