Si hay un país cuyo cine ha evolucionado muchísimo en las últimas décadas ha sido Polonia. La problemática historia contemporánea de este estado, que sufrió las garras del nazismo para luego ser comunista y posteriormente transicionar de forma brusca hacia la democracia, hace que sea un caldo de cultivo muy interesante para las mejores historias, siempre muy dependientes de su propia nacionalidad pero con una base muy universal y bastante exportable en círculos de cine de autor.

En Corpus Christi (2019) de Jan Komasa, nos encontramos ante una película que encajó muy bien en el circuito de festivales sin dejar de ser cine muy disfrutable para un público más abierto, al cual no llegará por la barrera lingüística. La expectación es alta antes de la proyección en el BCN Film Fest de la película nominada a los Oscar, que se coló en la lista por delante de filmes de gran recorrido.

Daniel, un preso de un centro de detención juvenil, en una de sus salidas de la libertad condicional llega a un pueblo cercano en el que se hace pasar por un joven sacerdote. Su llegada es una oportunidad para que la comunidad local comience el proceso de sanación tras una tragedia ocurrida en esa pequeña población.

La inclusión de esta película en la lista de nominados a mejor película internacional en los Oscars no sorprende en absoluto. Estamos ante una película bastante inteligente y dirigida con un cuidado y un gusto notables, creando algunas imágenes que se te quedan grabadas en la retina. El guión de Mateusz Pacewicz se podría haber quedado en contar una historia de redención con unos personajes profundos y muy reales, pero además le interesa hablar de forma muy fiel y detallada de su país y criticar su forma de ser, sin caer en maniqueísmos y en la crítica vacía a la religión y a la hipocresía de la gente.

Corpus Christi no es para nada irrespetuosa con la Iglesia ni con las creencias de cada uno, lo que sí es una película sobre las apariencias y el dolor que llevamos escondido dentro, que se suele manifestar en odio. Tanto el guión como la estupenda dirección de Komasa usan muy bien el contraste para crear tensión, tanto el contraste entre dos mundos diferentes, como el contraste de una sociedad ultracatólica que da la espalda a lo que dice su religión para odiar, abrazarse a la botella y juzgar al prójimo. Tiene que llegar un chico que ha hecho cosas repudiables para darle una nueva visión a los feligreses, a preocuparse por el dolor de la gente e intentar sanarlo.

La fotografía de Piotr Sobocinski Jr es una delicia y le da un tono terrenal a esta historia casi bíblica, usando humo y fuentes de luz natural para darle una textura oscura y fría y con dos momentos espectaculares: la escena inicial y final, que darán lugar a muchos debates y análisis, por su precisa puesta en escena.

Por último, pero no menos importante, supone la revelación de un actor tan dotado como Bartosz Bielenia, que lleva toda la película a cuestas y, pese a su juventud, goza de una madurez interpretativa muy alta.

 En definitiva, creo que Corpus Christi es un filme muy potente y gratamente disfrutable y tiene ese trasfondo social que hace que sea una película muy especial y de las mejores películas europeas del pasado año 2019. Probablemente no sea una película tan única como puede parecer por mis palabras, pero tiene un enfoque muy original a la hora de tratar su tono, y, aunque puede que caiga demasiado en el melodrama en algunos momentos, es cine de un nivel más que notable.

Crítica escrita por Jaume Maneja