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Tras el estreno de Grupo 7 hubo quien pronto lanzó las campanas al vuelo, y no sólo la catalogó de uno de las películas más interesantes del cine español de los últimos años, sino que también se apresuraron en nombrar a Alberto Rodríguez como uno de los cineastas españoles más importantes en activo. Aquellos calificativos fueron, sin ninguna duda, prematuros y exagerados. El trabajo de Rodríguez tras las cámaras era notable, y Grupo 7 era sí, una buena película, pero poco más que un policiaco de lo más entretenido cuya trascendencia no era de lo más notable. Pero estaba claro que había algo, y el realizador sevillano empezaba a dejar buenas sensaciones, que para un servidor, desde luego no habían estado presentes en películas bastante malas como After o 7 vírgenes. Lo que sí parece claro, dos años después del estreno de Grupo 7 y con su nuevo trabajo tras las cámaras, es que Rodríguez ha trazado una evolución muy clara, cuyo posible punto de inflexión estuviera en su anterior trabajo, y desde ahí, ha sabido crecer como cineasta a todas las instancias, encontrar sus puntos fuertes y apoyarse aún más en ellos. Quizá hubo quién viera en Rodríguez lo que entonces yo fui incapaz de ver, pero con La isla mínima, ahora sí, el sevillano demuestra ser un grandísimo cineasta.

Pero aunque La isla mínima pueda ser una evolución clara y lógica de lo que mostraba en Grupo 7, un thriller policiaco con una clara referencia política, no cabe duda de que estamos ante una película que es harina de otro costal. La película está ambientada en el año 80, con una España sumergida en plena transición, una España alterada, convulsa, en la que convergen dos mundos distintos. Una España a la que apenas le queda unos meses para sufrir el golpe de Estado de Antonio Tejero. Dos policías bien distintos, cada uno representante de esas dos Españas que existían, se desplazan a Sevilla para investigar la desaparición de dos muchachas. Allí pronto se encontraran con una pintura cruel y tenebrosa. Las dos chicas han sido torturadas, mutiladas y violadas antes de ser asesinadas, pero además, éstas no son las únicas víctimas. Los policías se encontraran en un ambiente cerrado en el que resulta realmente complicado tratar de sacar ninguna información, y con un puzle que parece realmente complicado de resolver.

Isla Minima Una pelicula de Alberto Rodriguez Produccion Atipica

A todas luces tenemos que hablar de una película de esencia puramente española, ahí está el mayor acierto de Rodríguez, que ha sabido aunar a la perfección un thriller con detalles internacionales y llevarlo al ambiente español. No solamente hablamos de la clara crítica social a una España de hace 30 años que parece no estar alejada en muchos puntos de la situación que atraviesa el país en estos momentos, sino de toda la esencia de la investigación. Porque ese escenario, realmente maravilloso de las marismas de Guadalquivir, que bien podría haberse tratado de Mississipi o Louisiana, o cualquier otra parte del sur de Estados Unidos en el que el calor azota y está siempre presente, tiene, para empezar, una comunidad encerrada en sí misma.

Es fácil ver en los habitantes de la película cercanía a los pueblerinos que veíamos en películas como El crimen de Cuenca o El séptimo día ambientada en la matanza de Puerto Urraco. Y ahí también se traza una interesante novedad que la aleja del thriller más actual que deriva de la serie CSI, y es que los investigadores tendrán que intentar resolver el crimen, sin apenas poder sacar pruebas del cuerpo, preguntando a la gente de un pueblo en el que nadie parece querer decir nada. Incluso es inevitable ver la película sin que el caso de Marta del Castillo venga a la cabeza. Sí, es cierto, hay en ella mucho español, pero también existen influencias externas que van desde un final con un ambiente cercano al de Seven, un desarrollo que tiene mucho de Memories of a murder e incluso, pese a que por su coincidencia en el tiempo, es claro que esto no es una referencia, hay un hilo muy pequeño que la separa de aquello que vimos en True Detective tanto por la construcción de sus personajes, como por el ambiente, e incluso por su conclusión.

Pero si con algo juega a la perfección su realizador es con la atmósfera y la ambientación, estás están perfectamente controladas. Como decíamos, el calor parece un personaje más de la película, siempre presente, y aunque no escuchemos una sola queja por parte de sus protagonistas a la temperatura, poco se necesita saber que éste es realmente sofocante, como una mano que les aprieta el cuello obligándoles a trazar las pistas con la mayor rapidez posible. Lo mismo ocurre con ese escenario tan inexplicablemente poco mostrado en el cine español, las marismas del Guadalquivir, su juego con las carreteras y el río, su posición, casi enjaulada, que el realizador muestra continuamente en maravillosos planos cenitales aéreos, componen un cuadro realmente tétrico. Y ahí anda La isla mínima, casi cercana al cine de terror, con alma de cine negro, e incluso de western, totalmente sombría, atroz, dando vida a uno de los mejores thrillers que ha parido el cine español, y es que cuesta echar la vista atrás y encontrar una película patria que se acerque a lo que consigue La isla mínima. Una película que siempre centrada en un caso, es capaz de dar pinceladas que dibujan el carácter de esos dos protagonistas, violentos, agresivos, completamente consumidos por las atrocidades que tienen que presenciar, e ir poniendo poco a poco todas las piezas sobre la mesa, las cuáles conocemos a la par que los investigadores, hasta llegar a un excelso final.

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Lo único que le faltaba a La isla mínima ya desde su soberbio guión y el perfecto tratamiento de Alberto Rodríguez para ser una obra maestra era dar en el clavo con sus dos protagonistas. Y es posible que la elección que tomase fuese arriesgada, pero por completo dio en el clavo, tanto con Raúl Arévalo como Javier Gutiérrez. Pueden ser dos actores más acostumbrados a tomar roles secundarios en nuestro cine, aunque ambos han demostrado sobradamente su talento, especialmente el primero, en cuanto han tenido oportunidad. Aquí ambos toman las riendas en un trabajo nada sencillo, ya que deben de mostrar como esa investigación va destrozándoles tanto física como mentalmente. El trabajo de los dos es realmente impecable, lo que acaba de dar sentido completo a todo lo que vemos, absolutamente metodista, y es completamente imposible destacar a uno de los dos. Posiblemente con Grupo 7 se alzaron las campanas al vuelo demasiado pronto, no había motivo para encumbrar a Rodríguez hace dos años, ahora sí, el director ha presentado uno de los mejores thrillers que jamás se han filmado en España, una película soberbia, única. Una espectacular manera de hacer cine, que se olvida por completo de esas necesidades comerciales que pueden lastrar a filmes recientes como El niño, para hacer, simplemente, gran cine para todos.

Ficha técnica:

Título original: La isla mínima Director: Alberto Rodríguez Guión: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos Música: Julio de la Rosa Fotografía: Alex Catalán Reparto: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Jesús Carroza, Nerea Barros, Antonio de la Torre, Jesús Castro, Cecilia Villanueva, Salvador Reina Distribuidora: Warner Fecha de estreno: 26/09/2014