joshdoor

El hecho que un director novel como es el caso de Joe Begos afronte su primer largometraje de cine implicándose en el mismo no solo como director, sino también encargándose del guión y de la fotografía,  como un claro homenaje al cine de terror de los 70 y 80 me parece una idea de lo más loable; que lo haga recreando una determinada estética formal y homenajeando/copiando contenidos e ideas, también porque no vamos a estas alturas del postmodernismo a ponernos a discutir sobre la vigencia del concepto de originalidad o entre las diferencias entre referencia, influencia, homenaje y copia; que todo esto lo ruede como si fuera una serie B de la época, pues, oiga, lo suscribo: un servidor también ha crecido con todo eso y siente un gran cariño por ese tipo de cine más recreativo, sin demasiadas pretensiones y presupuestos ajustados, con pósters o carátulas llamativas y espectaculares que extendían cheques que luego su contenido no podía pagar al espectador y, aún así, fuente de muchos placeres culpables donde, de vez en cuando, descubrías pequeñas perlas cinematográficas. Y es que siempre he pensado que para encontrar pepitas de oro, antes hay que haber escarbado mucho en el fango, me produce mucha más satisfacción personal descubrir una obra interesante entre un montón de caspa o arriesgándome con filmografías desconocidas que entre el, siempre reluciente, aparador más académico e “indie” comercial. Todo eso me parece una idea estupenda. Lástima que solo se quede con el “casi” en demasiadas cosas:

1) Casi una buena idea: homenajear siempre es complicado, si no se hace bien se corre el riesgo de crear situaciones forzadas y obras sin personalidad propia, y desgraciadamente este es el caso. La sinopsis ya da buenas pistas de por qué derroteros va a ir la historia: en Maine en plenos años 80 Mark desaparece de su casa abducido por un misterioso haz de luz, siendo su novia y su amigo Seth los últimos en verle con vida. Dos años después una serie de extraños acontecimientos y asesinatos hacen pensar a Seth que su amigo ha vuelto, pero transformado en algo diferente. Retengan aquí unos cuentos datos: Maine, estado natal de Stephen King y donde suele ambientar buena parte de sus novelas de terror; muchas de las cuales tratan sobre viejos amigos y cómo se ven afectadas sus relaciones por elementos externos y extraños, como por ejemplo la llevada al cine por Lawrence Kasdan El cazador de sueños (2003); años 80, década que vio alumbrar innumerables películas de terror, donde la serie B campaba por sus anchas y con una estética muy característica; abducido por aliens y regreso siendo “diferente”: el tema alien y sus invasiones a nuestro planeta de forma parasitaria ha sido todo un clásico de la historia del cine. En Casi humanos su fuente de inspiración más evidente, y descarada, por historia y por algunos recursos visuales y narrativos, es Xtro (1983), de Harry Bromley Davenport, aunque durante la película también podremos encontrar no pocas referencias visuales y conceptuales a La invasión de los ultracuerpos de Philip Kaufman (versión de 1978), Hidden, lo oculto (1987), de Jack Sholder, Invasores de Marte (1953), de William Cameron Menzies, o su remake de 1986 dirigido por Tobe Hooper, e incluso a La Cosa, versión Carpenter (1982), sin obviar el nivel de de influencia que pudiese ejercer la serie Expediente-X (1993) de Chris Carter en Joe Begos al idear tal amalgama referencial.

Vanessa Bloodied Up

2) Casi un desarrollo adecuado: como he dicho, toda la película es un homenaje al cine de género de terror de los 80, especialmente al de serie B, el problema es cómo desarrollar ese homenaje para que no chirríe y/o resulte risible. Joe Begos opta por la peor de las opciones: hacer una película que se toma en serio a sí misma. Amar a ese tipo de cine conlleva amarlo todo, incluso sus muchos y visibles defectos, de hecho muchos lo apreciamos justamente por ellos. Pero plantearse rodar una película de los 80 en la segunda década del siglo XXI exactamente como se haría en esa época, sin conciencia ni perspectiva de sus partes más cómicas y estereotipadas como si el público no hubiera evolucionado desde entonces, es simple y llanamente un grave error. Las mejores películas que han homenajeado géneros y épocas, o directamente ya hablan de metacine, lo han hecho plenamente conscientes de esa inevitable evolución del público, apelando a su nostalgia pero por la vía del humor autoconsciente, de la sátira y haciendo de los estereotipos y los clichés un vehículo de complicidad con el espectador, cuando no se trata del propio desarrollo narrativo de la película: tal es el caso de las recientes Bienvenidos al fin del mundo (2013), de Edgar Wright, La cabaña en el bosque (2012), de Drew Goddard, Castigo sangriento (2011), de Joseph Kahn, Tucker & Dale contra el mal (2010), de Eli Craig, las cuatro entregas que ha dado  la saga Scream (1996), de Wes CravenMars Attacks (1996) de Tim Burton o yendo más lejos en el tiempo, El terror llama a su puerta (1986) de Fred Dekker. Todas y cada una de ellas tienen en común apostar por el humor autoconsciente, cuando no directamente por la parodia, para homenajear a este tipo de cine, y todas lograron conectar en mayor o menor medida con el público, que se reía con la película, no de ella. Incluso el cortometraje patrio de Dani Moreno, Martians Go Home! (2006) vio claramente cuál era el tono adecuado para un proyecto así. Le recomendaría encarecidamente a Joe Begos que las revisase todas ellas si llega plantearse futuros proyectos de similar índole.

3) Casi una ejecución decente: con los problemas de base de los que parte, levantar esta película ya era una proeza, por lo tanto tampoco decepciona en demasía que la dirección y fotografía se limite a intentar emular correctamente las formas y puesta en escena del género en los 80, aunque se ha de reconocer que como puro ejercicio de recreación resulta logrado, el transcurso de la historia chirría por todos sitios: desde unas interpretaciones en el mejor de los casos flojas, hasta unos efectos especiales escasos y casposos incluso para los estándares de la serie B, pasando por unos giros de guión de lo más forzado. Todo parece ideado para que Joe Begos pueda soltar escenas con referencias visuales a todas las películas que le marcaron, donde, sin contar las anteriormente mencionadas, se pueden  identificar fácilmente desde La noche de Halloween (1978) de John CarpenterEl Resplandor (1980), de Stanley KubrickLa matanza de Texas (1974), de Tobe Hooper, la saga Viernes 13 (1980), de Sean S. CunninghamPoltergeist (1982), de Tobe Hooper, y muchas otras que me debo dejar en el tintero. Todo ello conforma un cúmulo referencial de difícil digestión donde Casi humanos no aporta nada nuevo y hace que a la película le sea imposible adquirir el más mínimo atisbo de personalidad propia. Incluso la escena más divertida y gamberra del film, una violación ni más ni menos, no puede evitar que el público al verla se retrotraiga a escenas similares de Re-Animator (1985), de Stuart Gordon o la ya mentada Xtro.

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En definitiva, lo único remotamente parecido a la diversión que probablemente experimenten viendo Casi humanos es intentar adivinar todas las referencias que Joe Begos ha ido metiendo, la mayoría con calzador, por todo el metraje, que, de hecho, es básicamente lo que un servidor ha estado haciendo mientras escribía esta crítica.

Ficha técnica:

Título original: Almost Human Director: Joe Begos Guión: Joe Begos Música: Andy Garfield Fotografía: Joe Begos Reparto: Graham Skipper, Josh Ethier, Vanessa Leigh, Susan T. Travers, Anthony Amaral III,Michael A. LoCicero, Jeremy Furtato Distribuidora: La Aventura Audiovisual Fecha de estreno: 05/09/2014