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Lo primero que me viene a la cabeza al hablar de La noche de Halloween es el recuerdo de una gran película de terror que vi cuando era muy joven. El problema viene después de un nuevo visionado, ya que, si bien John Carpenter es uno de mis directores favoritos, uno se da cuenta de lo mucho que ha envejecido la cinta. No me malinterpretéis, La noche de Halloween es una gran película, pero más por lo que representó en su momento que por su propio valor intrínseco. No ayuda a valorarla positivamente ni sus secuelas ni la propia evolución del género de terror y sus excesos visuales.

La noche de Halloween es considerada la primera gran película de la edad dorada del slasher, cintas de terror donde el principal protagonista es un asesino, muchas veces casi sobrenatural, que suele campar a su aire asesinando a diestro y siniestro a adolescentes.

La noche de Halloween está dirigida por John Carpenter y se estrenó en 1978, dos años antes que la que fue su gran competidora en su época, Viernes 13 de Sean Cunningham. Posteriormente llegarían más títulos que dieron lugar a grandes sagas de este género como Pesadilla en Elm street o Prom Night que ayudarían a encumbrar al slasher.

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En la película se nos cuenta la historia de Michael Myers, un niño que a una muy precoz edad decide asesinar a su pecaminosa hermana llevado por sus propios instintos asesinos. Después de eso los padres del niño deciden entregarlo a la policía y estos a su vez recluirlo de por vida en una institución mental. Pasan los años y Michael, nuevamente llevado por sus instintos asesinos, decide fugarse para volver a su ciudad y castigar a todo aquel con el que se encuentre. Además Michael parece estar obsesionado con una chica, Laurie Strode  (Jaime Lee Curtis), que resulta ser la hermana menor de Michael.

A lo largo de toda la cinta asistimos como espectadores a los asesinatos de Michael, quien una vez tras otra castiga a los adolescentes cuyos lujuriosos comportamientos les hacen merecedores de la ira de Michael. John Carpenter compone una planificación muy de su estilo en este film, con secuencias largas, con un ritmo lento en el desarrollo de la trama, donde podemos destacar ese uso de la cámara en mano, esos planos subjetivos para dar la sensación de que estamos en la piel del asesino, de Michael. Destacaremos así por ejemplo la secuencia inicial de la película, donde vemos a través de los ojos de Michael toda la escena, con Michael preparándose y asesinando tanto al novio de la hermana como a ella misma, todo ello en un magnifico plano subjetivo.

Algo que me choca en este nuevo visionado de la cinta es el hecho de que en la cinta hay una gran ausencia de violencia física, de sangre y vísceras, algo a lo que el género de terror nos tiene más que acostumbrados a día de hoy. Es curioso como el espectador recuerda a ésta y otras cintas de la época, como La matanza de Texas de Tobe Hooper, como muy sangrientas cuando en realidad suelen jugar más con lo que sugieren, con lo que muestran fuera de plano. Hoy en día directores como Eli Roth apuestan más por el exceso recreándose en cada una de las muertes con todo tipo de detalles.

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Si bien es innegable la capacidad de Carpenter de crear una atmósfera insana, sobre todo con la ayuda de esa banda sonora compuesta por él mismo. Tampoco se puede discutir lo insustancial y aburridos que son sus diálogos, cayendo en una mediocridad a la hora de definir sus personajes y dejándolos a todos en un nivel muy superficial, en meros arquetipos.

Un detalle curioso a mencionar, es como a lo largo de toda la película podemos observar cómo los personajes tienen de fondo en el televisor El enigma… de otro mundo, producida por Howard Hawks, película admirada por Carpenter y que sería el origen de una de sus mejores obras: La cosa. Carpenter nos la muestra como telón de fondo, en un segundo plano, donde a veces escuchamos alguna de sus frases advirtiéndonos de quedarnos en casa, de cerrar las puertas, etc.

La noche de Halloween estableció las bases de todo un género, repetido hasta la saciedad perdiendo así un poco su gracia, pero ¿quién puede olvidar a esos grandes personajes que ya forman parte de nuestra cultura como el propio Michel Myers, Freddy Krugger, Candyman o el mismo Jason Voorhees y que nos acechan en nuestras más terribles pesadillas?