Coherence

Siento verdadera fascinación por The man from earth, aquella obra que Jerome Bixby se tiró toda su vida escribiendo y perfeccionando hasta prácticamente el momento de su fallecimiento. Era un película pequeña, mínima, pero una de las obras de ciencia ficción más inteligentes que jamás se han filmado. Un grupo de amigos asistían en un pequeño salón a la narración de un hombre de una historia alucinante, un ser inmortal que ha vivido todos los acontecimientos a lo largo de la humanidad. Lo más gratificante de aquella película era el hecho de que sólo con un guión redondo, y sin apenas presupuesto, se jugaba con los límites de la imaginación. Hay en Coherence, la ópera prima de James Ward Byrkit mucho de aquello con lo que jugaba Jerome Bixby en The man from earth, pues no deja de ser una obra límite en la que sólo cuentan con un recurso: ¿hasta qué punto es capaz de llevar el espectador su imaginación? Más allá de eso, no hay límites.

En Coherence un grupo de ocho amigos se juntan un grupo de amigos la noche que un cometa va a pasar alrededor de la tierra. Existen precedentes terroríficos del paso de ese cometa por el paso del planeta tierra a principios del siglo XX. Cosas que para los invitados de esa noche no son más que cuentos chinos. Pero pronto verán que algo extraño empieza a pasar esa misma velada. No están solos, están rodeados de ellos mismos. Existe una especie de agujero negro que eleva a mil realidades distintas lo que están pasando, universos alternativos con los que se juega de la misma forma que Community lo hacía en su brillante capítulo Remedial Chaos Theory. Pronto los acontecimientos empezarán a mostrar algo extraño, y sobre el espectador se plantea la misma pregunta que sobre los invitados, ¿qué está pasando? ¿a dónde pertenece cada uno? Hay traidores e invitados, paradigmas sin resolver. Como el gato de Schrödinger es imposible saber si están vivos o muertos, y que es lo que pasará cuando se abra esa caja.

Obviamente aquello con lo que juega Coherence es aún mucho más complicado que lo que mostraba The man from earth. Es una película que bordea con el peligro de la incomprensión del espectador, todo podría haberse hilado demasiado fino para caer en los mismos errores que Primer la ópera prima de Shane Carruth, cuya complejidad hace que resulte imposible comprender los acontecimientos que nos están mostrando. Pero el guión de Byrkit juega con una maestría experta. Da al espectador los ingredientes suficientes como para comprender lo  que está pasando y deje que sea éste que teorice y complete todo lo demás. La complejidad de la obra no reside en el “qué”, si no en el “cómo”. El resultado es inmaculado, una obra verdaderamente fascinante, para mascar con cautela y disfrutar con verdadera pasión, una de esas películas que llaman al espectador tonto, y le dejan sin argumentos para rebatírselo. Porque Coherence invita a pensar y a jugar con ella, no para explicar la película, sino todo lo que ella muestra.

Rigor Mortis

Pero si Coherence es compresible desde la incomprensión de la inteligencia mostrada, no podemos decir lo mismo de la hongkonesa Rigor Mortis. No entiendo muy bien que pretendía su realizador con ella. Un chanchullo incomprensible, una película sobre vampiros o algo así, incomestible, incomprensible, tan estéticamente bella como mortalmente estúpida. A mitad de la tarde y ya con unas cuantas películas a las espaldas, la mejor opción parecía abandonar la sala, y así lo hicimos, y por las caras de los que valientes que estoicamente aguantaron hasta el final, tampoco parece que ellos encontraran mucha explicación en lo que veían.

In fear

Terror low-cost

No ha estado muy fina hoy la Muestra, la verdad, la tarde arrancaba con In fear, película dirigida por Jeremy Loving, uno de los responsables de la serie Sherlock. Nos cuenta la historia de una pareja que deciden escaparse antes de un festival a un paraje romántico, pero pronto verán como la cosa se les complica y nunca lograrán llegar hasta ahí. Loving tiene sus referencias muy claras, In fear comienza pareciéndose a Turistas, haciendo gala del absurdo de la obra de Ben Wheatley. Poco se entiende entonces que la película plantee un giro que la acerca a Eden Lake, y es ahí en ese momento cuando la obra comienza a fallar. Con una atmósfera que roza lo ridículo, el argumento empieza a convertirse en excesivamente reiterativa, la aparición del villano, con algún momento que recuerda a El diablo sobre ruedas, no hace si no, que empeorar el resultado de la película. Esforzada en exceso en buscar la aparición del clímax a base de golpes de efectos. El resultado de esta película es poco más que dos idiotas en el bosque con el espectador deseando su muerte para que la película termine pronto.

Almost Human

Mucho mejor fue la cosa con Almost human, otra película de bajísimo presupuesto que nos cuenta la historia de un hombre que reaparece dos años después de su desaparición convertido en un alienígena psicópata. Como un Terminator, metido en una obra del Peter Jackson de los inicios. Realmente Almost human, es una obra muy justita, pero que sabe jugar a la perfección con sus limitados recursos para dejar un regusto muy superior al que habría tenido de otra forma. Su tono es completamente ochentero, nostálgico. Se apuesta por el gore artesanal, e incluso se permite el lujo de entregar alguna escena memorable, como una de las violaciones más retorcidas que hemos visto en mucha tiempo. No, desde luego no es una gran película pero sobre todo en un día tan flojo destaca con ganas.

Piraña

Mitch Buchannon al rescate

El día ha acabado con Piraña 3DD, secuela del remake que dirigió Alexander Aja hace ya unos añitos. Ya su Piraña era una comedia deliberada, dónde destacaba un arruinado Jerry O’Connell que tras quedarse sin piernas sufría por su pene. John Gulager toma el testigo en esta nueva entrega y lo hace repitiendo la fórmula de la primera entrega elevándola al máximo. Piraña 3DD es precisamente la película que estábamos echando en falta en esta muestra, una obra deliberadamente divertida que elevase el nivel de las carcajadas. Tuvo que ser David Hasselhoff, el socorrista más famoso de la historia de la televisión el que tuvo que aparecer parodiándose a sí mismo, no dudando en decir que está acabado, el que tuvo que llegar en rescate de una muestra demasiado pobre de momentos disparatados.