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Seguramente hay quien cree que el basar una película en hechos reales es aval para hacer una buena película, ignorante (o quizá reticente a aceptar) que la cosa puede incluso funcionar al contrario. Y es muy posible que se apueste por incluir en los títulos finales fotografías de los protagonistas de la historia en la llamada vida real,  confiando en despertar de este modo  la piedad del espectador descontento. Pero nuevamente, de suceder algo, sucede lo opuesto: el malestar puede crecer al sospechar que la película no solo traiciona las expectativas del espectador, sino también (muy probablemente y por el mismo precio) la de aquellos que protagonizaron la historia. No por ser real una historia resulta más creíble llevada a la pantalla, debiendo prevalecer el mismo cuidado por el mantenimiento de una suspensión de incredulidad que en la ficción pura.  De lo contrario, uno termina cantando lo mismo que el gran Nat King Cole en aquella vieja tonada: “Your story is so touching, but it sounds just like a lie”.

Me pregunto si en arte se puede cometer un crimen peor que el de convertir en inverosímil una historia que aconteció de verdad. Los responsables de Un largo viaje (que originalmente se titula The railway man, traducción exacta del título en inglés, ya sabéis: The=Un; Railway=Largo; Man=Viaje) se las apañan para lograr que nos acordemos de la canción de Cole, porque todo lo que tiene lugar en esta película es muy terrible y muy emocionante sobre el papel, como sin duda lo fue en su encarnación histórica, pero en la pantalla resulta más falso que Busquets retorciéndose en un gesto de dolor.

Es una historia muy acongojante que suena a mentira podrida. Y la inclusión de grandes estrellas en el reparto no solamente no contribuye a aplacar esta sensación (como ingenuamente habrán pensado, también, sus responsables) sino que agiganta la impresión de fraude. Si para interpretar un personaje insulso, al cual el guión no dota de personalidad alguna, eliges a Nicole Kidman, no arreglas el fallo sino casi al revés. Ahora el espectador no se contenta con pensar: “Qué personaje más soso e inconsistente me quieren vender”. Ahora completa la idea: “Si será soso e inconsistente el personaje que me quieren vender que han tenido que contratar a Nicole Kidman para intentar colármela”. Y no es que Nicole lo haga especialmente mal: hace lo que puede con su mal dibujado personaje, con el agravante de que ese “lo que puede” resulta más aparatoso al ser ella quien es. Una competente actriz más o menos anónima no habría rechinado tanto.

RUSH

Con esto de las grandes estrellas sucede además en esta película que, a fin de ahorrarles días de trabajo, y colocar con calzador este rodaje en sus agendas, gran parte de su metraje transcurre en medio de larguísimos flashbacks en los que otros actores interpretan a la correspondiente estrella cuando era joven. No hace falta que el espectador sea Doctor en Ciencias Exactas para que repare en los escasos minutos de pantalla que finalmente atesoran Kidman y Firth. Se da además la circunstancia, poco estimulante, de que el personaje que interpreta a Firth en su juventud se parece tanto a él como un huevo a una castaña, lo cual no sería demasiado irritante si no saliera durante más rato que él (o por ahí). Eso sí, no se vacila en promocionar la película como el encuentro de estos dos grandes astros del firmamento cinematográfico mundial.

Por lo demás, entra maravillosamente por los ojos (lo cual tal vez tampoco debiera ser un halago considerando lo truculento de su trama) pero no transmite, y deja muy escaso poso en el alma. Es, pese a su impecable ambientación y su hermosa fotografía, de una impotencia alarmante. Uno entiende por qué el término “academicista” puede a veces dotarse de un sesgo despectivo justificado. Y no resulta fácil de aceptar, porque en todo momento se impone la sensación de que esta tendría que haber sido una gran película, pero otra. Una muy otra gran película de la cual no se nos deja ni olisquear el rastro. Una que lidiara con temas tan tremendos y enjundiosos como la maldad, la venganza o la redención de otra manera, qué sé yo cuál. Pero de otra.

Hasta aquí todo lo que tengo que decir sobre la película. Ahora cambio radicalmente de tema y paso a hablar de Colin Firth.

THE RAILWAY MAN

Colin Firth es un actor descomunal. Va ser una leyenda gloriosa de la interpretación, suponiendo que no habite ya ese estrato. Él es lo único impolutamente bueno que tiene este film, al cual, incluso, logra salvar en varios momentos, cuando todo lo demás jugaba en su contra. Si hay un instante de genuina emoción y credibilidad en esta producción, es gracias a él. Colin Firth es quien, en última instancia, la salva de un suspenso más categórico.

Por último, una pregunta: ¿no quedan en la industria cinematográfica mundial otros secundarios que no sean Stellan Skarsgård?

Ficha técnica:

Título original: The Railway Man Director: Jonathan Teplitzky Guión: Frank Cottrell Boyce, Andy Paterson Música: David Hirschfelder Fotografía: Garry Phillips Reparto: Colin Firth, Nicole Kidman, Jeremy Irvine, Stellan Skarsgård, Hiroyuki Sanada, Sam Reid, James Fraser, Marta Dusseldorp Distribuidora: DeAPlaneta Fecha de estreno: 04/07/2014