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En la historia del cine se han dado diferentes maneras de concienciar y/o denunciar sobre un conflicto o injusticia: mediante la épica de la lucha/resistencia, a través del drama más desgarrador, las películas bélicas, thrillers, el documental, el simple panfleto… Pero el camino escogido por el cineasta Hany Abu-Assad en su aún corta filmografía, desde su ópera prima Rana’s Wedding (2002), pasando por la multipremiada y nominada al Oscar Paradise Now (2005), incluyendo su corto A boy, a Wall and a Donkey integrante de la película coral Stories of Human Rights (2008), hasta la presente Omar, también nominada al Oscar y premiada en Cannes,  apunta a un estilo muy personal y extremadamente coherente (obviando la excepción que supuso su extraña aventura americana con ese thriller titulado The Courier) de enfocar el conflicto palestino-israelí: a través del costumbrismo y de un cierto humor negro. Cada título de su filmografía supone un acercamiento a diferentes aspectos de esa enredada maraña en la que se encuentran atrapados los habitantes de ese punto del globo.

La sinopsis es aparentemente simple: un joven palestino, Omar, está acostumbrado a escalar el muro que separa a los territorios ocupados, esquivando los disparos de las tropas israelís que lo vigilan, para visitar a su amor secreto, Nadia, que vive al otro lado junto a sus dos amigos íntimos de la infancia. Ese punto de partida romántico sirve para ir tejiendo un entramado que trata muchos más temas del complicado puzzle del conflicto palestino-israelí: como el Mossad mantiene bajo vigilancia y ejerce su control intimidatorio sobre toda una sociedad, los movimientos armados palestinos, la traición, la amistad, las estructuras y costumbres familiares palestinas, una especial atención al tema del colaboracionismo… Y todo ello sin renunciar a un sorprendente humor negro teñido de triste fatalismo.

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Lejos, pues, de todo acercamiento épico o puramente dramático al conflicto, Abu-Assad opta, sin embargo, por realzar la crudeza del todo a través de los pequeños detalles, las rutinas, las simples alegrías y desdichas de la gente corriente, ya que eso son siempre, y no otra cosa, los protagonistas de sus historias, ya sean los mecánicos aspirantes a mártir de Paradise Now, como los amigos de la infancia que aspiran a ser luchadores por la libertad, y acaban enredados en las redes del colaboracionismo, de Omar; y ese costumbrismo, esas vidas tan aparentemente insignificantes, y dolorosamente reales, esa cercanía con los personajes, ese humor a pesar de todo, es lo que al final más impresiona y conciencia sobre el drama que supone ese conflicto. No necesita recurrir a grandes aspavientos cargados de dramatismo o a escenas de extrema dureza para el espectador, que algunas hay, magníficamente ejecutadas por cierto, aunque siempre sugieren más de lo que muestran; no, lo más duro de asumir es precisamente esa “normalidad” con que los personajes aceptan su vida diaria en una situación totalmente alejada de lo que los occidentales consideraríamos “normal”.

La historia de amor entre Omar y Nadia es mucho más conmovedora y dolorosa en base al brutal contraste entre su manifiesta ingenuidad juvenil (ni siquiera llegan a besarse en toda la película) y la naturalidad con la a la vez asumen y justifican su entorno violento y esa espiral de odio retroalimentado. La crudeza del conflicto mostrado en los pequeños detalles, pequeñas rutinas, pequeñas vidas rotas y pequeñas (y a la vez tan, tan grandes para ellos) ilusiones perdidas por el camino. Sus personajes son ante todo humanos, por aborrecibles que puedan llegar a ser sus actos, e incluso se entretiene en dotar de humanidad a los opresores, aunque sea con leves pinceladas, eso sí. Los personajes dotan de alma a la película, pero sustentados en un sólido guion que mantiene el interés en todo momento y en una dirección enérgica y hábil en su sutileza para retratar a los personajes y caracterizarlos.

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La puesta en escena está francamente bien cuidada, sin grandes alardes visuales, sin embargo, contiene no pocos detalles poseedores de una gran poesía:  las persecuciones por los laberínticas calles no dejan de ser una metáfora del laberinto emocional en que se encuentra atrapado su protagonista; el contraste entre la energía y facilidad con que escala el muro al inicio frente a las dificultades del final muestran a un ser humano roto y la inmensa profundidad de sus heridas; un simple montón de colillas en el suelo cuentan mucho más sobre la tortura que diez largas escenas explícitas; un trozo de papel, cogido o no, explica todo lo que sienten los dos protagonistas; y las miradas y los silencios dicen más que cualquier diálogo. Porque, al final, lo peor del conflicto no son sus visibles efectos exteriores en unos barrios miserables de una ciudad devastada, no, lo peor del conflicto está en lo que no se ve y no se dice: en el interior roto de las personas que lo sufren, en como los cambia y dirige sus actos hacia un desenlace inexorablemente fatalista. Y, como ocurriera en la novela de García Márquez, en estos tiempos los síntomas del Cólera, aquí transmutado en el conflicto, se confunden  con los síntomas del Amor y de la amistad. 

Ficha técnica:

Título original: Omar Director: Hany Abu-Assad Guión: Hany Abu-Assad Fotografía: Ehab Assal Reparto: Adam Bakri, Leem Lubani, Eyad Hourani, Samer Bisharat, Waleed Zuaiter Distribuidora: Golem Fecha de estreno: 04/07/2014