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El cine puede ser mucho más que un simple entretenimiento. No estoy descubriendo nada nuevo al afirmar tal cosa, pero lo cierto es que cada vez resulta más complicado encontrar películas que te demuestren lo contrario; productos cuyo principal objetivo diste de la evasión e inciten a pensar e indagar en preguntas sobre las que puede o no haber respuestas. Aunque de vez en cuando, entre superhéroes, películas de explosiones y ñoñerías varias, llegan a nosotros filmes de este tipo, trabajos que implican un ejercicio mayor que el de sentarse en una butaca a mirar la pantalla. Pero no me malinterpreten, yo en particular adoro ir al cine sin más pretensión que la de evadirme del mundo real durante unos instantes, pero es de agradecer que cada cierto tiempo las películas te recuerden que este arte es más que un pasatiempo en el que refugiarse. Y precisamente esa cualidad es la que hace del cine el medio más completo que existe.

Borgman, de Alex van Warmerdam, forma parte de esas películas poco frecuentes que generan preguntas al espectador. La última obra de este polifacético director holandés podría definirse utilizando adjetivos como desconcertante o sugestiva, palabras que, en este caso, están íntimamente ligadas a la subjetividad. Y es que Borgman no es una película que haya que entender sino que interpretar. Todo lo que se muestra en ella puede ser interpretado de maneras muy diferentes, de ahí la importancia de que el espectador se muestre receptivo y dispuesto a reflexionar.

Y esa subjetividad tan evidente que emana de Borgman es la que ha provocado la división de opiniones en torno a ella. La película de van Warmerdam se presentó en la Sección Oficial del pasado Festival de Cannes y aunque se marchó de vacío, los halagos no fueron pocos. Muchos expertos la calificaron como hilarante, imaginativa, espeluznante y genuinamente perturbadora, pero otros la criticaron por su falta de concisión. Pocos meses después la película se alzó con el máximo galardón en el Festival de Sitges, terminando de llamar la atención de todos aquellos que aún se mostraban reticentes a su visionado. Es precisamente esa diversidad de opiniones la que hace aún más interesante a Borgman ya que es un producto hecho para la discusión, para el choque de pareceres entre espectadores.

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Para este peculiar ejercicio cinematográfico, que pone a prueba la agudeza intelectual del espectador, van Warmerdam ha optado por actores con escasa experiencia en el mundo del cine, y aunque en Borgman lo más destacable no es su reparto, es innegable que el papel de Borgman, a quien da vida Jan Bijvoet, es esencial para que el filme funcione. Porque para que la inquietante atmosfera que el director consigue crear surta efecto y cale en el espectador, es necesario que el actor transmita todo con su cuerpo, y la pasividad que muestra Bijvoet a lo largo de la cinta es perfecta para que esto tenga lugar.

Tres hombres armados, uno de ellos un sacerdote, están cazando en el bosque. Su presa se esconde bajo sus pies: un hombre, sórdido y sucio, que duerme en un refugio bajo tierra que él mismo ha construido. Borgman consigue escapar de sus perseguidores y avisa a sus compañeros, que se esconden en refugios similares. Borgman camina por la verde avenida de un vecindario acomodado. Llama a uno de los timbres y pregunta a quien abre la puerta si puede tomar un baño… De esta manera tan turbadora comienza Borgman.

Aunque antes de eso, antes de que la película de van Warmerdam te atrape con los interrogantes que despierta su inquietante historia, se puede leer sobre un fondo negro la frase “Y descendieron sobre la Tierra para reforzar sus huestes”. Ya entonces comienzan a asaltarte las primeras preguntas: ¿serán ángeles, demonios? A medida que la película avanza a esos interrogantes se suman otros muchos: ¿quién es Borgman? ¿De dónde viene? ¿Por qué se esconde? ¿Qué significa la cicatriz de su espalda? ¿Qué pretende?… Lo peor (o mejor) es que todas esas preguntas no se responden y la duda acompaña al espectador durante el visionado de toda la película.

Borgman tiene unos primeros 40 minutos muy prometedores, unos minutos que además, coinciden con la parte más desconcertante del largometraje. Durante ese tramo de la película a muchos les resultará imposible no recordar aquella magnífica obra que Wim Wenders realizó en 1987 llamada El cielo sobre Berlín, en la que unos ángeles sobrevolaban Berlín custodiando a los humanos. Es entonces cuando te preguntas si Borgman será uno de esos ángeles, si su misión será la de proteger a las personas. Y la respuesta es muy simple: tal vez sí o tal vez no. Lo correcto sería decir que Borgman representa aquello que quieras creer.

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Es cierto que pasados esos minutos la película parece estancarse en una postura determinada, las acciones de estos peculiares personajes parecen definir sus intenciones (si hablamos del Bien y el Mal), aunque nunca se llega a tener la certeza sobre nada. ¿Se trata de un simple juego para ellos o de verdad quieren cambiar en algún sentido las vidas de la familia en la que se integran? Quizá estos seres pretendan sacar lo peor del ser humano, poner a prueba su resistencia, sus celos y ambiciones, o quizá lo único que quieren es divertirse a costa del sufrimiento ajeno. Borgman también puede entenderse como una mordaz crítica a la forma de vida de la clase alta, esa dominada por la insatisfacción y la codicia, una clase alta que las extrañas criaturas que pueblan este filme descomponen desde dentro.

O quizá Borgman no quiera decirnos nada de eso. Quizá van Warmerdam ha jugado con nosotros de la misma manera en que juegan Borgman y sus compañeros en la película. La única cosa que parece clara es que la mezcla de humor y maldad que desprende la cinta resulta irresistible. Ver Borgman significa quedarse pasmado delante de la pantalla durante casi dos horas, sin que te moleste no saber qué significado tiene cada cosa. La película consigue que compartas el miedo y la angustia de sus personajes con una facilidad insólita.

Es cierto que quizá el mensaje que quiere transmitir Borgman (si es que existe) sea excesivamente amplio y se toque con demasiada imprecisión como para que consiga llegar al espectador, pero esa mezcla entre comedia costumbrista y thriller psicológico, que tanto recuerda al Funny Games de Michael Haneke, consigue despertar tal curiosidad que poco importa todo lo demás, resulta imposible resistirse a un producto así. 

Ficha técnica:

Título original: Camiel Borgman Director: Alex van Warmerdam Guión: Alex van Warmerdam Música: Vincent van Warmerdam Fotografía: Tom Erisman Reparto: Jan Bijvoet, Hadewych Minis, Jeroen Perceval, Tom Dewispelaere, Sara Hjort Ditlevsen, Eva Van de Wijdeven, Alex van Warmerdam Distribuidora: Surtsey Fecha de estreno: 11/07/2014