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Cuando uno se enfrenta a un filme como Toni Erdmann (Maren Ade, 2016), lo primero  que nos llama la atención es la aparente confrontación que se crea entre dos términos como el género y duración. Sí, Toni Erdmann es una comedia de dos horas y cuarenta y dos minutos. Normalmente, a lo largo de la historia del cine, se ha asociado la comedia a películas de corta duración, películas cuya aparente ligereza argumental debía ir también ligada a su duración de forma casi impuesta y obligada, casi como si las risas tuviesen un límite de tiempo, una fecha de caducidad. Pero la directora alemana – que ha tardado  siete años en poder hacer esta película – no entiende ni de géneros ni de duraciones impuestas, pues casi de forma indirecta, parece que como espectadores tengamos que aceptar que películas como por ejemplo Rogue One o Los Vengadores puedan durar más de dos horas (aunque durante el visionado pueda parecer que duren siete días) y nos asustamos ante una comedia alemana de casi tres horas. Y es más, si todas las comedias de tres horas son al menos la mitad de buenas, divertidas y profundas que Toni Erdmann, bienvenidas sean.

Un padre viaja a Bucarest para sorprender a su hija Inès – una ambiciosa, organizada y seria ejecutiva – antes del cumpleaños de ésta. Tras ver la titubeante respuesta de Inès al preguntarle si es ella feliz, el padre intentará darle un vuelco a la vida de su hija con la aparición de un excéntrico pero simpático personaje llamado Toni Erdmann.

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A diferencia de su anterior película, la irregular pero magnética Entre Nosotros (2009), Maren Ade ha conseguido con este filme una cinta de una solidez y consistencia admirable (y más teniendo en cuenta su larga duración) y dotada de una perpleja vitalidad apasionante. Es una película que vaga de forma magistral por los terrenos de la comedia incómoda para poder llegar a desembocar poco a poco en grandísimos momentos dramáticos (un drama que por suerte no hunde, sino que conmueve profundamente). Además, es casi obligatorio destacar que nos encontramos ante una de las escenas más divertidas que recuerdo haber visto en pantalla, y es que la denominada escena de “la fiesta nudista” es de lo mejor que le podría haber pasado al cine reciente. La película nos plantea algo realmente interesante: ¿Cuál es la diferencia entre una sonrisa provocada  por una dentadura postiza y cualquier sonrisa falsa y aduladora de cualquier reunión,  cena o fiesta de empresa con un evidente objetivo monetario? ¿Cuál de ellas es más verdadera? Y la respuesta que nos ofrece Maren Ade (en forma de una triste carcajada.

obviamente) es aún más fascinante e inteligente que lo que cualquier otra comedia de éste índole nos habría ofrecido jamás, un discurso profundo no solo sobre las máscaras y sobre lo que es (actualmente) verdadero, sino que por encima de todo se establece un bellísimo, profundo y conmovedor discurso sobre lo que es ser padre (e hijo).

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Sin duda, la película alemana es completamente única. No estamos ante una comedia negra, ni tampoco me aventuraría a decir “comedia inteligente” pues probablemente este término puede acabar siendo algo discutiblemente elitista, incluso despectivo hacia otro tipo de comedias, pero si algo es indiscutible es que se trata de una película inmensa. Sí, Toni Erdmann es una auténtica obra maestra.

Crítica escrita por Joan Pàmies

5_estrellas

Título original: Toni Erdmann Director: Maren Ade Guión: Maren Ade  Fotografía: Patrick Orth Reparto:    Peter Simonischek, Sandra Hüller, Lucy Russell, Trystan Pütter, Hadewych Minis,Vlad Ivanov, Ingrid Bisu, John Keogh, Ingo Wimmer, Cosmin Padureanu, Anna Maria Bergold Distribuidora: Golem Fecha de estreno:  20/01/2017