Scener ur ett äktenskap (1973)

Me pregunto si habrá algo más horrible que un hombre y una mujer que se detestanAugust Strindberg.

Secretos de un matrimonio pertenece al selecto grupo de obras imprescindibles de su director: Ingmar Bergman. La película destaca principalmente por todo lo que es capaz de abarcar a la hora de radiografiar la “Sagrada Institución del Matrimonio”, y no solo eso sino por ser capaz de ir más allá para hacer un análisis en profundidad de las relaciones humanas. De la (in)capacidad a la hora de comunicar, de vivir y de amar. De dos personas condenadas a no entenderse y a pesar de ello. a estar siempre juntas.

La cinta nos presenta la historia de Johan y Marianne (Erland Josephson y Liv Ullmann respectivamente), un matrimonio que entra en una profunda crisis después de presenciar una discusión entre una pareja amiga suya durante una cena. Este es el motor de arranque de la historia que hará que ambos se planteen su relación y todo su universo personal empiece a desmoronarse. Una historia dividida en seis partes diferenciadas que marcan cada uno de los pasos que la pareja da hacia una nueva forma de ver la vida y su propia relación.

En Secretos de un matrimonio Bergman va más allá del drama romántico entre sus dos protagonistas para elaborar un auténtico ensayo psicológico de los problemas que golpean a una pareja en todos y cada uno de los aspectos de su vida conyugal. Una cinta en la que el sueco aprovecha para reflexionar sobre el amor y el desamor, el sexo, la convivencia, la soledad, los vínculos, el cariño, la violencia física y psicológica… y un largo etcétera, todo enmarcado en este universo conyugal. Por supuesto, la visión de Bergman es profundamente pesimista y desesperada, nadie quisiera verse envuelto en una relación tan tortuosa como la protagonizada por Ullmann y Josephson, aunque por otra parte sea inevitable sentir que conocemos algunos de estos sentimientos o situaciones porque forman parte de nuestra condición de ser y de vivir en compañía de otras personas. En esa necesidad casi tan primitiva como el comer o el dormir, y es también ese uno de los temas que se plantea la película: hasta qué punto tenemos la necesidad de estar con alguien.

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La relación de Johan y Marianne es, en ciertos aspectos, extraordinaria por la fuerza de sus dos caracteres a la hora de hablar de todo, de intentar rasgar en lo más profundo de ellos para comprender por lo que están pasando y llegar al entendimiento mutuo. Tarea que se antoja en muchos momentos imposible e insufrible porque quizás en su amor también existe mucho rencor, muchas cosas que no se dijeron y que siempre se pensaron, cosas que salieron en el peor momento con la voluntad de hacerse daño.

Liv Ullmann y Erland Josephson ofrecen con seguridad dos de las mejores interpretaciones de sus respectivas carreras. Los primeros y primerísimos planos a los que Bergman les somete, exprimen lo mejor de ellos en los momentos más álgidos de la cinta y permiten que nos creamos en todo momento lo que la pareja está pasando, sin que nos cuestionemos en ningún instante su dolor y su amor. Es como si Bergman se limitara a espiar las conversaciones más íntimas de un matrimonio cualquiera en una situación tan límite. Elogiable es cómo el sueco aguanta el pulso y mantiene la tensión emocional de cada escena durante los 168 minutos que dura la cinta, consiguiendo que la implicación del espectador vaya in crescendo, que le remueve por dentro y le hace plantearse y cuestionarse muchas cosas. Un grado de implicación que consigue también con la ausencia total de música. Al no existir un elemento externo que nos manipule no hay más juicio que el de nuestro propio corazón. No importa en qué etapa de la vida se encuentre uno cuando esté viendo esta película, por su condición humana inevitablemente encontrará muchos puntos de conexión y aprehensión con lo que está viviendo la pareja.

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Secretos de un matrimonio es la historia de dos analfabetos emocionales (tal y como en cierto punto de la historia se auto denominan) que son incapaces de encontrar la felicidad propia y también compartida en sus vidas, y que viven en una permanente confusión y angustia acerca de lo que sienten, quieren y el modo en que ven la vida. Bergman disecciona y deconstruye a la pareja, pasa de una situación ordinaria, como puede ser un conflicto conyugal, a algo extraordinario. Un ejercicio único de (sobre)análisis, una auténtica tesis para ser estudiada. 

Es bien sabido que nunca un cineasta ha explorado de forma tan profunda y apropiada los grandes conflictos, condiciones e inquietudes del ser humano como Ingmar Bergman, pero en esta ocasión en particular lo hace acerca de un tema tan complicado como el de las relaciones sentimentales. Y lo hace con éxito evidente. El sueco había dirigido tres años antes Pasión, película que también aborda algunos de esos temas y que se siente en cierto modo como un pequeño ensayo de la que sería su obra maestra: Secretos de un matrimonio.