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Corría el año 1999, dos tipos completamente desconocidos llamados Daniel MyrickEduardo Sánchez se fueron con sus amigos a los bosques de Maryland, se gastaron 60.000 dólares en realizar una peliculilla llamada El proyecto de la Bruja de Blair y recaudaron un total de 140 millones de dólares, sólo en Estados Unidos. Como pueden imaginar esto no se quedó en una mera anécdota, que alguien de fuera venga, reviente la taquilla y se lleve una ganancia tan espectacular, es algo que en Hollywood, siempre abiertos a nuevas ideas (recicladas), decidieron investigar y aprovecharlo. Siendo justos El proyecto de la Bruja de Blair era una película bastante mala, tuvo la suerte de montarse una campaña viral en la que pronto la gente empezó a creer que todo lo que ocurría en la película era real. Esa ingenuidad tan del Siglo XX, posiblemente el último fenómeno de este tipo que jamás veremos, con nuestra continua tendencia y abuso a saber absolutamente todo lo que rodea a una película. El boca-oreja funcionó y eso hizo que las ganancias de la película fueran tan espectaculares. Pero esto no era lo que importaba, si no la forma de la que se había hecho la película. Aún sin consumar un fenómeno como el de El proyecto de la Bruja de Blair, producir una película con un claro perfil comercial a ese bajo coste eran ganancias aseguradas.

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Quince años han pasado desde que El proyecto de la Bruja de Blair se estrenase, en este tiempo, el found-footage o metraje encontrado ha pasado a formar parte de nuestro vocabulario terminológico cinéfilo. En quince años y a este precio, uno podría pensar que ha habido tiempo de sobra para realizar un buen puñado de películas de este tipo, pero mi mente sólo alcanzar a recordar dos obras realmente memorables Monstruoso y la española REC. El resto entre lo mediocre y lo espantoso y cada vez más instalado en lo verdaderamente bochornoso. Ahora demos una última vuelta de rosca, vayámonos al año 2009, bajemos los costes de El proyecto de la Bruja de Blair, tomemos un presupuesto de 15.000 dólares para filmar una película, una película que acabó recaudando 107 millones de dólares. Hablamos, como no podía ser de otra forma de Paranormal Activy, una de los fenómenos más estúpidos que hemos podido ver en los últimos años. Paranormal Activity no sólo mostraba lo económico que podía llegar a resultar el proceso, si no que eliminaba de un plumazo el proceso creativo, habría las alas a un nuevo universo de rentabilidad.

A alguno puede sonarle a un verdadero agravio el tema de que se prescinda por completo cualquier atisbo de creatividad, pero con la formula evolucionada de Paranormal Activity era así. Sólo necesitas una idea de perfil terrorífico, decirle al espectador lo que va a pasar, y que éste permanezca atento esperando a que pase, regalándole algún que otro susto facilón que otro. No te preocupes en elaborar una historia, basta con esbozarla. Calcula los planos de manera automatizada, una cámara colocada en un buen lugar te valdrá para rodar multitud de ellos, con la mera excusa de que los personajes pasaban por allí. Así llegamos a la última heredera de Hollywood del plan Paranormal Activity, El heredero del diablo una película que apenas ha costado 7 millones (pese a lo elevado en la comparativa, no olvidemos que cada película en Hollywood conlleva un gran gasto y aún así, 7 millones, es un presupuesto irrisorio) y que se limita una vez más a copiar exactamente la fórmula tal y como la conocemos, sin desviarse del camino, andando en cada momento por la baldosa indicada.

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Tenemos una presentación rápida, dos chicos jóvenes se acaban de casar y se van a pasar la luna de miel a un país latinoamericano. Ella vuelve embarazada y nosotros sabemos que hay algo raro en ese embarazo. Tenemos también un desenlace rápido, en el que básicamente todos los personajes implicados se limitan a gritar constantemente para dejar constancia de que algo malo ha pasado. Entre la presentación y el desenlace no tendremos mucho más que veinte minutos de película, los setenta minutos restantes, el nudo, son los que deberían ir destinados al desarrollo de la historia, pero… ¿qué ocurre cuando no tienes historia que desarrollar? Pues que la película simplemente se limita a que el espectador observe, sin nada más, sin nada que contarle, como el que observa la cámara de seguridad de un supermercado, viendo gente pasar, hablando (incoherencias) y poco más. Pero sabiendo ajustar el tiempo para recordar cuándo hay que meter un susto, casi siempre marcado con el grito de alguno de los protagonistas, o mostrando lo inquietante que resulta ese bebé que está por llegar.

15 años han pasado desde que El proyecto de la Bruja de Blair llegase a los cines, posiblemente sus realizadores no eran consciente del mal que sin pretenderlo acabarían haciendo al cine. Porque no nos engañemos, cuando se opta por una película rodada en found-footage suele pasar porque no hay absolutamente nada que contar, y la película tiene que salir adelante. ¿El público se empezará a cansar? Es posible que ya lo haya hecho, de hecho, El heredero del diablo apenas llegó a los 15 millones de dólares en territorio norteamericano, cifras realmente modestas, pero que aún así doblan su presupuesto. Con la rentabilidad garantizada, la única forma de que esto cambie es que llegue alguien eliminando más factores de la ecuación para mostrarnos una forma de hacerlo más barato. Dios nos pille confesados. O el diablo.

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Ficha técnica:

Título original: Devil’s Due Director: Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett Guión: Lindsay Devlin, Zoe Green Fotografía: Justin Martinez Reparto: Zach Gilford, Allison Miller, Robert Belushi, Kurt Krause, Steffie Grote, Sam Anderson, Sloane Coe, Joseph Fischer Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 25/04/2014