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Cuando el año pasado se estrenó The Purge: La noche de las bestias, me sentí inmediatamente seducido por su propuesta. Aquella originalísima película planteaba un futuro distópico en el que el crimen y el desempleo se habían reducido al máximo gracias a una noche de anarquía total. Una noche en la que todo crimen estaba permitido. Aquella alegoría política me parecía fascinante, parecía salida de la mente de Orwell o Bradbury, estaba hermanada con el activismo de Michael Moore y además llegaba en un momento ideal, cuando tras las matanzas que tuvieron lugar el año pasado en terrero estadounidense, Obama planteaba sacar a debate la tercera enmienda para regular su uso de armas. Era cierto también que esta película que empezaba teniendo sabor al Funny Games de Michael Haneke se quedaba luego en su desarrollo en camino de nadie. Aunque la propuesta era realmente entretenida y muy divertida de ver, uno no podía dejar de tener la sensación de que aquella idea tan magnífica como terrorífica estaba bastante desaprovechada. Pero si algo tenía este futuro tan terrorífico era las numerosas posibilidades que presentaba para jugar con ella, la de la cantidad de historias ambientadas en esa demoniaca noche que podían llegar a contarse, es por esto que esperaba con bastante impaciencia el estreno de Anarchy: La noche de las bestias.

Esta segunda entrega está ambientada un año después que la primera, en el año 2023, aunque podría tomar lugar cualquier noche de ese futuro, puesto que ninguno de los personajes guarda relación con los de la primera entrega. Mientras que la primera se centraba en como pasaba esta horripilante noche una familia que vivía en un barrio de lujo, ante el asedio de unos jóvenes que querían acabar con ellos aprovechando la libertad desatada. En esta segunda entrega vamos a un territorio a priori mucho más atractivo, ¿cómo se desarrollará esta noche en los barrios marginales? Hasta allí nos traslada el director James DeMonaco en esta segunda entrega para contarnos tres historias, la de un hombre que aprovechará esta noche para buscar venganza, la de dos jóvenes que se quedarán tirados con su coche un poco antes de que empiece la purga y la de una madre y una hija que serán sacadas de su casa mientras que el patriarca de la familia, enfermo, se ha ofrecido como sacrificio para una familia pudiente a cambio de cuantiosa suma de dinero. Las historias de estas personas se cruzaran, protagonizando una peligrosa huida en calles sitiadas por la violencia.

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La crítica política sigue presente con la misma fuerza, o incluso más, en esta segunda parte, planteando una pregunta aún más interesante que en la primera entrega. ¿Y si el gobierno usara esta purga para hacer una diezma de los habitantes con menos poder adquisitivo y así elevar el nivel de vida del país? Esta duda está siempre presente, a través además de un grupo marginal que tratará de sublevarse a la purga atacando contra los más poderosos. Pero toda esta crítica, que pese a su formalidad, no se trata de algo en lo que la película incida continuamente. Esto supone tan sólo un extraordinario pretexto para construir un sólido thriller de acción, cuyos elementos de cine de terror se ven menguados en esta entrega aún más, quedándose en un par de sustos, tan eficaces, como facilones.

La violencia y la acción se apoderan más de la pantalla, planteada como una yincana de continuas pruebas que el grupo deberá atravesar gracias, especialmente, a las acciones de un Frank Grillo que parece opositar al puesto de tipo duro que no querrás toser. Todo está construido con extraordinaria eficacia, la película es ágil, siempre es entretenida pues nunca baja el ritmo ni permite que el espectador se relaje lo más mínimo sabiendo que a la vuelta de la esquina habrá una nueva amenaza acechando. Esto también le permite al realizador plantear una serie de situaciones distópicas que posiblemente de haber profundizado en ella no habrían acabado de cuajar, hubieran quedado como una especie de capítulo de Black mirror que podría poco más que repetir de lo que vimos en la primera parte. Pero no, aquí nos encontramos un puñado de ideas que funcionan a la perfección en su pequeño conjunto, desde esa resistencia contra el gobierno a un acto final que recuerda al Perseguido de Paul Michael Glaser. Aderezado todo ello con un toque de testosterona cuyo punto álgido lo pone un pasadísimo Michel K. Williams gritando “Preparaos para sangrar, jodidos ricos, ha llegado vuestra hora” antes de ponerse a repartir disparos por doquier.

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Anarchy: La noche de las bestias pertenece a ese universo de secuelas que no son tal, es más una película complementaria a la primera entrega, pero que funciona perfectamente por sí misma. Tanto es así, que dedica el mismo fuerzo que la primera entrega a explicar el mecanismo de esta purga, o incluso más, porque se nota que en el tiempo que separan a las dos entregas DeMonaco ha tenido tiempo para desarrollar aún más su idea y redondearla. Pero lo mejor es sin duda la sensación de tener una película que es superior a la anterior, porque aquí no pesa la cercanía que podía tener The Purge a otras propuestas, lo que evidenciaba aún más lo desaprovechada que se encontraba la idea, si no que nos encontramos una película con la suficiente identidad propia para ser disfrutada por completo. Quizá la alegoría política se podría mejorar, pero realmente no importa, porque al acabar de ver Anarchy es inevitable quedarse con ganas de que te cuenten las muchas más historias que aún pueden contarse acerca de esa terrible noche de marzo en la que la purga tiene lugar.

Ficha técnica:

Título original: The Purge: Anarchy Director: James DeMonaco Guión: James DeMonaco Música: Nathan Whitehead Fotografía: Jacques Jouffret Reparto: Frank Grillo, Michael K. Williams, Zach Gilford, Carmen Ejogo, Kiele Sanchez, Carmen Ejogo, Zoe Borde, Chad Morgan, Justina Machado, John Beasley Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 25/07/2014