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En un mundo totalmente globalizado, dónde estamos conectados unos con otros y a buen seguro que cada uno de nosotros conoce a gente de todas partes de España y ha descubierto que no son tan diferentes entre sí, quizá realizar una comedia centrada en los tópicos regionales suene a algo viejo, caduco. El caso es que funciona, lo hicieron los franceses en Bienvenidos al norte y supuso un éxito sin precedentes, lo repitieron los italianos en Bienvenidos al sur y también les funcionó. El caso es que esta formulas se sienten realmente cercanas al público, son bromas y chascarrillos de la cultura popular, y por mucho que esas diferencias cada vez sean menos evidentes, han existido siempre, y existen ancladas en la cultura popular. Lo que hace Ocho apellidos vascos es ir un paso más allá de la comedia francesa y la italiana antes mentadas y no lleva al cosmopolita a un ambiente rural, si no que decide enfrentar en ella a dos culturas a priori tan extremas y opuestas como la andaluza y la vasca. Quizá esto suene manido, o como decíamos antes, viejo, podemos pensar que es un argumento más propio que de una comedia de Paco Martínez Soria que de de una comedia actual, pero lo mejor de la película es que consigue que funcione, y consigue que se sienta fresco y siga resultando divertido.

A Amaia le acaba de dejar de su novio justo antes de la boda, lo que iba a ser una despedida de soltera con sus amigas acaba en un viaje a Sevilla para olvidar las penas. Allí conoce a un sevillano llamado Rafa, con el que pese a su odio a los andaluces, acabarán enrollándose. Enamorado de esa vasca que se ha ido sin decir nada, Rafa se embarcará en un viaje hasta Euskadi para devolverle su bolso, y también para enamorarla. El problema llegará cuando aparezca el padre de ésta, sin querer decirle que su novio la abandonó y conociendo el odio que tiene hacia los andaluces, a Rafa no le quedará otra que hacerse pasar por el prometido vasco de Amaia, una oportunidad que verá como la oportunidad perfecta para tratar de conquistar a su amada.

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Me gusta mucho la nueva ola fresca de la nueva comedia española, y curiosamente ésta viene en parte del norte y del sur (sin contar a los castellano-manchegos del grupo Chanante). Por arriba tenemos a Borja Cobeaga, parte del grupo responsable del programa ¡Vaya semanita! y que ya tiene en su haber dos comedias muy divertidas como Pagafantas y No controles, y que debería haber sido quien se hubiera encargado de dirigir la película, al igual que hace su guión que firma junto a su compañero habitual Diego San José. Por abajo tenemos a Alfonso Sánchez y Alberto López. Creadores de Mundo ficción, que sorprendieron a España entera con ópera prima El mundo es nuestro, una de las comedias más locas, divertidas, arriesgadas y berlanguianas que se han estrenado en este país en los últimos años. Aquella era una fusión perfecta del cine como lo entendía Berlanga, tenía el alma de Tarde de Perros de Lumet, y a su vez estaba tan anclada en la actualidad que todo lo que había en ella parecía salida de Foro Coches, una cubierta de aúpa, para lo que en realidad era una de las obras más críticas con la situación de la España actual que se han realizado.

¿Y cuál es el secreto para que Ocho apellidos vascos funcione tan bien? El saber aunar toda esta frescura de la nueva comedia española, porque como ocurría en El mundo es nuestro, es cierto que tiene un sabor añejo, especialmente en su planteamiento, pero está tratado con gente que comprende el humor tal y como se realiza ahora. Algo que es incluso extrapolable a su protagonista, el monologuista Dani Rovira que realiza su primer papel en el cine, y que sabe usar su conocimiento del tiempo de la comedia para realizar una gran actuación, además de sorprender por la estupenda química que desprende con Clara Lago. La buena labor tanto de estos, como de sus secundarios interpretados por Carmen Machi y Karra Elejalde (y por supuesto, esos roba-escenas increíbles que son Sánchez y López), consiguen que la suma de todos estos factores consiga perder la esencia de ser algo pasado de moda. Esas bromas, que sin llegar a la brillantez, siempre son lo suficientemente divertidas para provocar la carcajada, tienen su anclaje en todo aquello que el espectador conoce, todo aquello de lo del espectador se ríe. Y una vez más debemos hablar de la juventud de la película para hacer referencia a una de sus principales bazas, la extrema valentía que la película tiene realizando bromas con temas peliagudos, pero que se sienten incluso necesarias. Porque la mejor baza de Ocho apellidos vascos es la de nunca hacer creer que se están riendo de los tópicos de otros, si no que son ellos mismos los que están riéndose de sus propias raíces, y es ahí dónde nace la fórmula de su éxito.

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Y en una comedia que funciona por su frescura y su juventud, precisamente lo que menos funciona es la realización de Emilio Martínez-Lázaro, aunque en su haber tenga verdaderos hallazgos de la comedia como la estupenda El otro lado de la cama, dejó en clara evidencia con La montaña rusa, que su tiempo había pasado por completo, y es una pena que finalmente los mandos no hayan caído en Cobeaga. Su realización es bastante plana, casi televisiva, el punto más negativo de una película que acaba creciendo gracias al eficaz trabajo de una juventud que viene pisando fuerte haciendo humor desde sus entrañas, de lo que siempre ha mamado y riéndose de sí misma. Y Ocho apellidos vascos es el hoy riéndose del ayer, y precisamente el ayer es su mayor fallo. Poco importa, porque al grito de “Aiba la hostia, mi arma” al final todos acabaremos disfrutando, seamos de Irún, Dos Hermanas o del barrio Chamberí.

Ficha técnica:

Título original: Ocho apellidos vascos Director: Emilio Martínez-Lázaro Guión: Borja Cobeaga, Diego San José Fotografía: Gonzalo F. Berridi, Juan Molina Reparto: Clara Lago, Dani Rovira, Carmen Machi, Karra Elejalde, Alfonso Sánchez, Alberto López Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 14/03/2014