Estamos hablando de Woody Allen, así que me salto todo tipo de presentaciones, porque son innecesarias. Solo diré una cosa, Damas y caballeros, Woody Allen ha vuelto. Realmente, me resulta difícil decir cuál fue la última comedía que me hizo reír como lo ha hecho Midnight in Paris, aunque habría que remontarnos al menos hasta los 90.

Procuraré no contar mucho de la trama, porque desde el tráiler a los créditos, se ha intentado mantener todo esto en bastante secreto, una decisión extraordinaria, y que consigue sorprender al espectador desde el primer momento que entramos de lleno. Gil (Owen Wilson) es un escritor que está pasando junto a su prometida unos días en Paris, ciudad de la que esta perdidamente enamorado. Y hasta ahí voy a leer. No necesitan más información a la hora de ver la película.

Allen, a sus 75 años, se encuentra en plena forma, y nos regala un guión lleno de chispa y talento, capaz en todo momento de arrancar las carcajadas del espectador y no borrarle en ningún momento la sonrisa de la cara. Nos regala chistes brillantes como el que tiene lugar delante del cuadro, o todos los protagonizados por Corey Stoll. Y escenas tan delirantes, como la última que protagoniza el detective, en las que es completamente imposible estallar a carcajadas.

Esta es una de las misiones que mejor cumple el realizador, y posiblemente una de las más complicadas, la forma en la que consigue perfilar a todos sus personajes, es sin duda más complicada que nunca. Owen Wilson y su Gil es como casi siempre ocurre con sus protagonistas en las películas que él no está, una extensión de sí mismo, o al menos del que era su personaje siempre. Y la verdad es que ha sido uno de los que mejor ha funcionado hasta la fecha. Pero lo más difícil no se encuentra en sus personajes, si no a la hora de presentarnos a todos los personajes que forman ese fascinante mundo que Allen diseña, haciendo a todos ellos fácilmente reconocibles para el espectador, pero haciéndolos suyos en todo momento.

Paris también es un personaje imprescindible en una historia como esta, la forma de retratarlo de Allen es genial, regalando al espectador fantásticos planos de la ciudad desde el principio, y es que como digo, esta es una historia que no podría haberse ambientado en ninguna otra parte del mundo.

Ya sabemos que Allen suele sacar los mejores de los actores con los trabaja. Owen Wilson no sorprende a nadie, porque pese a todas sus comedias tontas ya le habíamos visto en algún papel interesante y sabíamos que para nada era mal actor. Marion Cotillard consigue encandilar al espectador desde su primera escena.

Woody Allen ha vuelto a ser el genio que era, esperemos que esto siga así, la próxima parada la hará en Roma y parece que será la última por el viejo continente. Esperemos que esta aventura por Europa, que ya lleva más de un lustro, acabe por todo lo grande. Y es que a sus 75 años, el realizador neoyorquino parece querer gritar a los cuatro vientos eso de: “¡Estoy hecho un chaval!”

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