snowpiercer

Bong Joon-ho es uno de los mayores exponentes de la ola de nuevo cine coreano que explotó la década pasada encabeza por Park Chan-Wook y Kim Ki-Duk. Un cine coreano que se ha caracterizado especialmente por dos cosas, su violencia y la forma de arrastrar al límite a sus personajes. El esperado estreno de Snowpiercer, la primera experiencia de Joon-ho con un reparto internacional, es posiblemente el mayor estreno que ha conseguido traer en su breve historia la Muestra de Cine Fantástico de Syfy, estrenada apenas en un par de países de todo el mundo, su premiere española tenía lugar dentro del marco del festival, un estreno que el público no se ha querido perder agotando las entradas con rapidez pasmosa. Y el espectáculo lo merecía. A diferencia de lo que han hecho recientemente Kim Jee-woon y Park Chan-wook tratando de adaptar su estilo al cine americano, aquí Bong Joon-ho, firmante de esa obra maestra llamada Crónica de un asesino en serie, lo que hace es llevar occidente a oriente, y demostrar también que ese cine coreano, con un alto componente comercial, puede funcionar igual de bien aquí que allí y que no hace falta estar inmiscuido de lleno en la cultura del país asiático para comprenderlo.

Snowpiercer que traducido sería algo así como Rompenieves, nos cuenta la historia de un tren que tras congelarse toda la humanidad gira alrededor del mundo, con los últimos restos de la supervivencia y con capacidad para mantener esa civilización por muchos años. El problema es que dentro de ese tren, los últimos vagones están llenos de desechos humanos, gente que es fustigada y obligada a vivir en la miseria y que se rebelarán contra el poder ejercido por aquellos que les recluyen. Joon-ho plantea la película de forma episódica, cada puerta que se abre trae una nueva sorpresa, y con ello viene un nuevo martirio, una nueva fase de descubrimiento atroz. Chris Evans, el guapo Capitán América, da vida de manera sorprendente a un héroe torturado, lo hace con una mirada madura, mucho más de lo que su juventud debería mostrar, pronto sabes que este hombre está marcado por una dura carga en su pasado, y resulta gratificante encontrar como este puzzle que Joon-ho va montando, pronto empieza a encajar sus piezas con precisión.

Lo que tampoco pierde la película es ese sentido de la violencia tan estética que tiene el cine coreano, es cruel y salvaje, sin sutilezas ni dejar nada fuera de campo. La violencia no forma parte de los personajes, si no que son empujados a ella, por lo cual es necesario verla sin concesiones. El reparto de Snowpiercer está lleno de estrellas, además de Evans, aparecen Jamie Bell, Tilda Swinton, John Hurt u Octavia Spencer, además de un personaje que es mejor no desvelar y el siempre impresionante coreano Song Kang-ho, pero jamás pierde la identidad del cine que su autor está acostumbrado a hacer, dando una sensación de rico mestizaje, mostrando que oriente y occidente pueden ser una sola, que no vivimos tan alejados unos de otros y (que los distribuidores se enteren) de que el cine oriental puede sentirse tan cercano como el estadounidense.

Maniac

Cosa de remakes

La segunda tarde de la Muestra de Syfy habría con Maniac, remake de la obra homónima de William Lustig, dirigida por el francés Franck Khalfoun y producida y escrita por Alexander Aja. La de Lustig, como ocurre con muchas películas de los 80, es de esas cintas de culto, de aspecto sucio y artesanal, que se han ganado el sobrenombre de “de culto” por la nostalgia que son capaz de imprimir. Lo más interesante de esta nueva versión protagonizada por Elijah Wood, que parece con ganas de convertirse en todo un referente del cine de género europeo, está en la forma de rodar de manera subjetiva a ojos del protagonista. Además la película apuesta todo a este estilo, algo no demasiado habitual en el cine, y acaba convirtiéndose en un acierto. Precisamente cuando se aleja de esto (de manera inexplicable, cabe decirlo), es cuando la película más muestra sus deficiencias, porque no deja de ser una película de terror bastante plana y corriente, pero el resultado acaba siendo lo suficientemente estimulante como para poder disfrutarla.

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No he visto la cinta mexicana en la que se basa We are what we are, película dirigida por Jim Mickle, que este año ha causado sensación en Sundance con su nueva película Cold in july. Pero su película me ha atrapado por completo. La cinta nos cuenta la historia de una familia de caníbales que deben de seguir con su habitual ritual tras la muerte de su madre, planteando serias dudas en los más jóvenes de la familia. We are what we are tiene una atmósfera envolvente, turbia, retorcida… de esas que piden a gritos explotar al final, y la película lo cumple llevando su tramo final hacia el exceso completo, olvidando cualquier atisbo de la sutileza inicial, para acabar convirtiéndose en un espectáculo gore. Quizá el mayor de los problemas de la película está en la investigación paralela al caso de la familia, absurdo y carente de interés que empaña ligeramente el festín que la película nos tiene preparado. Poco importa, una vez más el disfrute que aporta la película nos hace olvidarnos de las carencias tan obvias que muchas veces profesa el cine de género.

El origen de un bostezo

No todo son alegrías en la Muestra. Este año arrancó con la secuela de 300, basada en la batalla de Salamina. El problema de 300: el origen de un imperio, es que entrega todo lo que tiene a elevar lo que su predecesora hizo. El estilo visual de la película de Zack Snyder resultaba bastante fresco y original, pero esta secuela hace de su uso un abuso. La saturación de la cámara lenta y la sangre salpicando la pantalla acaba resultando extenuante. Ni siquiera la peculiar fotografía de la primera entrega sirve, pues aquí se imita con un tono azul que acaba resultando bastante plomizo. Cuando el aspecto visual de una película que se preocupa poco de un guión bastante tonto acaba resultando encima tan cansino, el resultado es francamente atroz, y es precisamente lo que le pasa a 300: el origen de un imperio, una secuela innecesaria que es incapaz de mantener el espíritu de la primera parte por mucho que lo intente.

frankensteinsarmy

En el segundo día también hemos tenido un mal trago con el estreno de Frankenstein’s Army. Debo confesar que estoy muy cansado del dichoso found-footage, entiendo que su uso sea productivo, es barato y suele acaecer grandes resultados económicos. Pero desde que la estúpida El proyecto de la bruja de Blair lo experimentase, pocas películas lo han sabido usar correctamente (hay grandes aciertos como Monstruoso o la española REC pero son realmente pocas). Frankenstein’s Army nos cuenta la historia de unos soldados rusos que en mitad de la Segunda Guerra Mundial lidiaran con un científico nazi que está realizando investigaciones con humanos para crear maquinas asesinas. Es una película bastante tonta y aburrida, y aunque acabe resultando gracioso, durante su alargado tramo final, ver las creaciones diseñadas por este personaje que es el nieto del doctor creado por Mary Shelley, el viaje para descubrirlas resulta agotador. Es una pena que hayan sido unos holandeses, y no esa factoría de la diversión cutre que es Asylum la que haya trabajado con dicho material, pues el resultado seguramente habría sido mucho más divertido y satisfactorio.