Viven

En octubre de 1972 el avión de un equipo de rugby uruguayo que se dirigía a jugar un partido en Chile se estrelló en las altas montañas de los Andes. Durante 72 días, los supervivientes tuvieron que sobrevivir combatiendo contra las duras temperaturas y la falta de alimento, algo que consiguieron remediar recurriendo a la antropofagia. Quedaron varados a su suerte, sin que las expediciones de rescate pudieran encontrar el mínimo rastro de vida humana, y en un desierto de nieve, sin nada más alrededor. Esta dura historia fue contada por los propios supervivientes del accidente en el libro Viven: La tragedia de los Andes, en el que el periodista Piers Paul Read les entrevistó y estos fueron contando cómo fue aquella horripilante experiencia. El éxito del libro y el shock que causó un incidente como éste, hizo que fuera llevado a la pantalla veinte años después de la catástrofe. Fue el productor Frank Marshall, que junto a su esposa Kathleen Kennedy saben bien como se mueve el negocio del cine, pues ya habían producido entre otras cosas las trilogías de Regreso al futuro e Indiana Jones, quien decidió ponerse detrás de las cámaras para dirigir él mismo la película.

Nando Parrado, uno de los supervivientes de la película, a quien da vida un joven Ethan Hawke, fue uno de los asistentes de la misma, él estaba en el rodaje, intentaba supervisar todo y daba consejo a los actores y a los productores. Pese a que el resultado le gustó, cuando le preguntaron si la película se parecía a lo que había vivido, el superviviente dijo que lo que muestra la película era un picnic comparado con lo que habían vivido. Algo parecido deja entrever las palabras del crítico de Roger Ebert cuando al hablar de la película dijo que simplemente, había historias que no se podían contar en la gran pantalla. Y es que uno piensa en la atrocidad que estos hombres tuvieron que vivir varados en medio de la nada, al borde de la congelación y tomando la decisión de comerse a sus compañeros simplemente para poder sobrevivir y se encuentra con que la película es incapaz de plantear ninguno de estos temas, y que en su afán de trasladarlo a un público mayoritario, no deja más que hacer agua por todos lados.

Viendo ¡Viven! resulta imposible pensar que estas personas estuvieran soportando unas temperaturas tan bajas, la sensación continua de estar al borde de la hipotermia jamás se ve trasladada. El frío no parece un enemigo para ellos, y más allá del paisaje blanco y el halo de vapor que sale de sus bocas, no parece que suponga ningún problema combatir contra unas temperaturas para las que ni siquiera tenían ropa de abrigo. Pero donde más adolece la película es a la hora de tratar el tema de la antropofagia. Vemos como la decisión es una idea que poco a poco va creciendo entre ellos, es una locura, pero parece que es la única opción viable. A la hora de plantearlo, se tratan de poner sobre la mesa varios de los temas que abarcan a esta resolución, tanto ética como religiosamente. El problema es que la cinta se atreve tan poco a discutir todas sus vertientes que parece que pasa de puntillas sobre ella, tras una breve discusión, al final parece que es una decisión lógica y para nada incómoda que aceptan con total normalidad.

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Y es una lástima que ¡Viven! no se atreva a ahondar en estos temas tal y como insinúa hacerlo. Porque lo cierto es que la película funciona a la perfección como una película de aventuras, un survival muy entretenido, que huye del cine de catástrofes que hizo furor en los años 70, pero que mantiene al espectador en tensión pese a conocer el devenir de estos supervivientes. Además, cuenta con espléndidas escenas como la del accidente aéreo, que está filmadas con nervio y tensión, y con unos efectos especiales, que veinte años después siguen resultando convincentes.

A sabiendas de lo traumático de la experiencia, aunque se opte por el género de aventuras para contar la historia (aunque realmente nunca fuera una aventura), la película siempre mantiene un tono sobrio que habría sido perfecto para tratar con más cuidado unos temas tan delicados como estos, y mostrar la reflexión de como estando al borde de la muerte el ser humano es capaz de hacer cualquier cosa por sobrevivir. Sin embargo, lo que ¡Viven! muestra es a unos tipos que parece que están de excursión en la nieve, bien arropados del frío, y que deciden comer carne humana como si esto fuera un acto totalmente corriente. Como dijo Roger Ebert que hay temas que simplemente no se pueden filmar por la rudeza de los mismos, y hablar de temas como lo hace ¡Viven! con esa poca predisposición al análisis psicológico, acaba resultando casi blasfemante.