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Si nos ponemos a pensar en películas sobre el juego, inevitablemente pensaríamos en El Golpe. Si pensamos en películas sobre estafas, está claro que a nuestra mente vendrá El Golpe. Si buscamos en la memoria una película con uno de esos finales que no te esperas, El Golpe será de las primeras en venirnos a la cabeza. Pocas películas, después de 40 años de su estreno, gozan de tan buena salud como la que dirigió George Roy Hill en la década de los 70. De visión obligada para cualquier cinéfilo, El Golpe representa una de esas experiencias cinematográficas que, cuando un amante del séptimo arte prueba por primera vez, es inevitable que se quede con la boca abierta. Pero realmente la verdadera grandeza de El Golpe no radica en que te sorprenda en un primer visionado, radica en que aunque la veas 10 veces siempre te dejará absorto en su historia, ensimismado con sus interpretaciones, enamorado de su banda sonora y al final de la cinta… Volverás a caer en la estafa como la primera vez.

Cuatro años después de haber juntado a Robert Redford y Paul Newman en el fenomenal western Dos hombres y un destino, el director George Roy Hill volvería a reunir a ambos actores en 1973 para un ambicioso y exitoso proyecto: El Golpe.

Dicha película sería la gran triunfadora de los premios Oscar de 1974 llevándose un total de 7 estatuillas de 10 posibles, entre ellas las de Mejor película, Mejor director y Mejor guión original. La anterior obra de Hill, la citada Dos hombres y un destino, también sacó una buena tajada en los premios Oscar de 1970 llevándose 4 estatuillas, la más importante la de Mejor guión original. Estas dos películas supusieron los dos mayores éxitos de George Roy Hill, director bueno pero no legendario.

Más allá de los merecidos premios que ganase, hablar El Golpe es hablar de un verdadero clásico de la historia del cine, y no es debido precisamente a que ganase la friolera de 7 premios de la Academia, se debe a que con el paso de los años se ha ganado el reconocimiento de público y crítica, convirtiéndola en una verdadera obra maestra.

Dos timadores deciden, con la ayuda de otros muchos estafadores, timar a un peligroso gangster que mandó asesinar a un amigo de ambos. Mediante un laborioso y complicado plan, los timadores pondrán todo su empeño en asestarle al mafioso el duro golpe de la estafa.

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Ante esta sinopsis se podría decir que la fórmula ha sido repetida infinidad de veces en otras películas, pero lo que hace especialmente singular a El Golpe es que, de no haber existido, seguramente esas películas posteriores no habrían sido lo que son. El Golpe es una película clave en la historia del cine por su planteamiento, nunca antes se había visto una red tan perfectamente tejida de engaños y estafas y con un final tan sublime que es capaz de engañar al propio espectador. Esa es la mayor virtud de la película, en ser pionera en una manera de hacer cine y que 40 años después siga siendo la mejor en su estilo.

Otra característica que no hace otra cosa que engrandecer El Golpe es que es una cinta redonda en todos los aspectos. Empezando por una excelente dirección de George Roy Hill que firma su obra maestra absoluta y que hace que todo fluya en armonía en una película perfecta. Luego el extraordinario guión de David S. Ward, al que muchos han tachado de tramposo y efectista. Es un guión perfecto, sin fisuras. Tampoco hay que olvidarse de la partitura de Marvin Hamlisch, ganadora del Oscar y, hoy por hoy, una de las bandas sonoras más míticas y recordadas de la historia del cine. La ambientación, perfecta que transporta al espectador a las calles de Chicago de los años 30. Parece mentira que la película sea de 1973, porque derrocha un clasicismo impresionante.

Finalmente, el estupendo elenco de actores, con Paul Newman y Robert Redford a la cabeza. Los míticos Butch Cassidy y The Sundance Kid volvieron a ponerse a las órdenes de George Roy Hill para interpretar a Henry Gondorff y Johnny Hooker, una de las parejas de cine más extraordinarias y con más química de todos los tiempos. Ninguno de los dos se llevaría el premio Oscar, de hecho Newman ni siquiera estuvo nominado. Quizás ese punto fuese la gran mancha de los premios Oscar del 74, aunque el premio se lo llevase el legendario Jack Lemmon por Salvad al tigre, una película bastante olvidada.

Tras ellos, un inmenso Robert Shaw interpretando a Lonnegan, el villano de la película. Un despiadado gángster sin escrúpulos con una sola obsesión: ganar dinero a través del juego. El reparto se completa con una infinidad de secundarios que cuajan un excelente trabajo, como Ray Walston o Charles Durning.

Innumerables secuencias hacen de El Golpe una película inolvidable. El primer contacto entre Redford y Newman, la elaboración de la trampa, la partida de cartas entre Newman y Shaw, el final… Un amante de esta obra maestra es incapaz de quedarse con un solo momento, la película en sí es un gran momento para enmarcar, más de dos horas de cine de leyenda y de arte desmesurado.

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El propio David S. Ward sería el encargado de escribir el guión para una secuela de El Golpe rodada en 1983, con Jackie Gleeson, Mac Davis, Teri Garr, Oliver Reed, Karl Malden… Buen reparto para una secuela tan pobre como innecesaria. Hollywood quiso repetir la fórmula del éxito que tuvo con la película de Hill pero, evidentemente, no lo consiguió. Aquí se puede aplicar el conocido dicho de que “segundas partes nunca fueron buenas”.

Es necesario hacer especial hincapié en lo comentado antes sobre la presunta “trampa” que supone el guión de El Golpe. Aunque son pocos, los detractores de la obra maestra de Hill han manifestado en alguna ocasión que El Golpe es una película tramposa y que juega con el espectador. Ante esto habría que hacer una pregunta muy interesante: ¿No es esa la esencia de la película?

El Golpe es una obra sobre el engaño, sobre la estafa, y si es capaz de engañar al propio espectador es porque el guión es una verdadera genialidad. Que una película que trata sobre las estafas entre los personajes de la misma consiga dar el golpe al que la está viendo es lo más grande que un cinéfilo puede experimentar. La trampa no es la que le tienden Hooker y Gondorff al malvado Lonnegan, la trampa es la propia película y es el espectador el que irremediablemente cae ella.

El tiempo ha conservado muy bien a la película de Hill, dado que cuatro décadas después sigue teniendo ese estatus incontestable de obra maestra. No han pasado los años por ella, sigue siendo tan fresca como en 1973, no todas las películas pueden decir lo mismo. Es más, se ha convertido en una de esas cintas a las que la gente irremediablemente se engancha si la pasan por la televisión, a veces llamadas “anti-zappings”. Hay momentos para reír, para emocionarse y para quedarse boquiabierto en El Golpe. Una película para ver en familia, en pareja, con amigos o en soledad, de cualquier manera es altamente disfrutable. Podrán pasar años, lustros y décadas y podrán innovar en la manera de hacer cine. Pero lo que está claro es que jamás habrá otra dirección como la que hizo George Roy Hill, jamás habrá una pareja con más química que la formada por Robert Redford y Paul Newman, jamás se escribirá un guión tan redondo… Jamás habrá otra película como El Golpe