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Seguro que a todos de pequeños nos dijeron que era Santa Claus o Papá Noel quien traía los regalos. Bueno, aquí en España está mucho más arraigada de que esos regalos los traían los Reyes Magos. Pero ¿No sería agradable que ellos existieran? Los padres se ahorrarían un montón importante de dinero cada Navidad y cada niño tendría su regalo acorde a como se hubiera portado ese año. Y eso es lo que plantea De ilusión también se vive (Miracle on 34th Street) con una historia dulce, divertida y especialmente indicada para las fiestas navideñas. Aunque también es una historia inteligente, un tanto cínica y algo oscura ya que aún siendo una historia feliz que demuestra el poder de la fe, también hay momentos en los que el personaje de Edmund Gwenn es considerado mentalmente inestable. Los sentimientos y el verdadero significado de la Navidad están presentes con bastante humor y con un estilo para que no parezca empalagoso.

En De ilusión también se vive, Kris Kringle es una anciano bondadoso que es la viva imagen de Santa Claus. Cuando es contratado en unos almacenes para hacer de Santa, empieza a enviar clientes a otras tiendas cuando ese centro comercial no tiene lo que quieren. Y es que Kris se empeña en decir que él es el auténtico Santa Claus. Con todos estos ingredientes, la película se convirtió en un gran éxito en 1947 y se convirtió en un clásico de las fiestas navideñas año tras año. Y es que ese mensaje optimista y de generosidad a pesar de tantos años y crisis pasadas sigue calando entre el público. De hecho el personaje de Gwenn (el cual recibió un Oscar por esta actuación) que llegó a ser identificado para siempre como Santa Claus hasta el día de su muerte.

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No es solo una película acerca de la Navidad y el espíritu de la fiesta anual, también sobre la bondad humana y de las cosas notables que eres capaz de hacer cuando nuestro corazón está en el lugar correcto. Es interesante que a pesar de que De ilusión también se vive se recuerde como una película familiar y de vacaciones también vale por sí misma como una comedia estridente que sacará nuestras risas. En muchos aspectos, De ilusión también se vive puede recordar a El invisible Harvey, aquella estupenda película protagonizada por James Stewart donde un hombre en apariencia excéntrico y algo ingenuo opera fuera de las normas de la sociedad. Pero pronto, gracias a su entusiasmo y esa capacidad de sacar lo mejor de las personas no nos importa que ese engaño sea válido. Al final lo que importa es que sacan lo mejor de la gente porque ¿Realmente importa que Kris Kingle sea el Santa Claus real?. Al final los personajes han adquirido una nueva perspectiva de la vida y eso es lo que realmente cuenta.

También podemos considerar a De ilusión también se vive como adelantada a su tiempo. Valentine Davis y George Seaton muestran una película sobre la Navidad en la cual la sociedad está muy centrada en el consumismo y en la loca carrera de los regalos en vez de celebrar el auténtico espíritu de la fiesta. Estos temas siguen siendo incluso ahora relevantes. Y Kris Kingle es cuando interviene para cambiarnos la perspectiva de estas fiestas. Es un personaje que solo busca hacer feliz a la gente y restaurar un poco la inocencia dentro de un mundo cada vez más cínico. Si es o no es realmente Santa Claus es lo de menos en la película. Natalie Wood tiene una química extraordinaria con Edmund Gwenn que supone un reto para Kringle en transformarla en una niña con optimismo e ilusión, lejos del mundo escéptico y realista que pretende mostrarle su madre. Y es que De ilusión también se vive es de esas películas inmortales que nos recuerdan los buenos valores y sentimientos que deberíamos tener en estas fiestas tan señaladas.