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Si naciste en la década de los 80 o a principios de los 90, probablemente creciste con esa pequeña película navideña de 1990 llamada Solo en casa. Pequeña a priori, porque hablar de Solo en casa es hablar ya de un clásico moderno. No estamos ante una película de una calidad sobresaliente, pero no hay dudas de que como diversión es una gozada. Muchos somos los que hemos crecido con este film, entre otros, y nos es imposible echar un vistazo al pasado y recordar con nostalgia y alegría cuando veíamos esta película en familia cuando llegaba la Navidad.

Chris Columbus, experto en películas de corte familiar, dirige esta cinta con guión de John Hughes. La trama de la película es bien sencilla: una familia de Chicago se va a Francia a pasar las Navidades pero se olvidan en casa al pequeño Kevin. Éste se verá obligado a “sobrevivir” solo y a proteger su casa de dos peculiares cacos.

Quizás si leyésemos esa sinopsis sin haber visto la película pensaríamos que es “una más”, básicamente porque el estilo ha sido copiado hasta la saciedad a raíz del enorme éxito de Solo en casa. De hecho, el propio Columbus dirigió una secuela dos años después con los mismos actores y que, aunque resultaba muy divertida también, no logró tener la frescura y la chispa de la original. Tampoco debemos olvidarnos de la ya mítica banda sonora de John Williams. Una vez que ves la película nunca te olvidas de ella.

En la película encontramos a un joven Macaulay Culkin protagonizando la película de su vida, la que le daría la gloria y la que le proporcionaría varios papeles de éxito en los años posteriores, como por ejemplo Mi chica. El joven Culkin se ganó el cariño de todo el mundo con esta película interpretando a Kevin McAllister, aunque todos sabemos como acabó una vez que se hizo mayor…

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A Culkin lo acompañan unos incombustibles Joe Pesci y Daniel Stern en los papeles de Harry y Marv, los dos patosos ladrones que intentarán robar la casa de Kevin.

El film nos muestra, aunque sea de manera cómica e infantil, el como una persona (en este caso, un niño) debe afrontar sus problemas cuando está solo ante el peligro.

Una vez que Kevin se da cuenta que está solo en casa, que su familia ha desaparecido sin motivo aparente, se sentirá el chico más feliz del mundo. Se pasa el día poniendo la casa patas arriba, comiendo toda clase de porquerías y viendo películas para mayores. En fin, todo lo que un niño quiere hacer pero no hace por prohibición de sus padres.

Pero poco a poco se irá dando cuenta de que realmente echa de menos a su familia, sobre todo cuando se entera de que dos “peligrosos” cacos quieren asaltar su vivienda. Es ahí donde Kevin se armará de valor y decidirá defender su casa con uñas y dientes preparando un sinfín de trampas para los malvados Harry y Marv.

Y es ahí donde la película alcanza su mayor cota de risas y diversión, cuando los dos patanes intentan sin éxito cazar a Kevin en su casa. El joven McAllister sabe más que los Ladrones Mojados (como se hacen llamar por su manía de inundar las casas en las que roban) y lo demuestra en cada una de sus trampas: pomos incandescentes, sopletes detrás de la puerta, planchas que caen del techo, adornos que se clavan en los pies, latas de pintura tiradas desde el piso de arriba, algún que otro arácnido… En fin, un verdadero maratón de caídas y golpes ante lo que los dos pobres desgraciados solo podrán exclamar la famosa frase: “¡¡¡Voy a matar a ese niño!!!”.

Solo en casa seguramente no ocupe un lugar entre las mejores películas de todos los tiempos, pero una cosa está clara: pocas películas navideñas son tan divertidas como ella. Una cinta familiar con la que disfrutar con la familia (o en solitario, da igual) en estas fechas, independientemente de si eres partidario de la Navidad. Porque aquí, amigos, lo importante es pasarlo bien, y para eso Solo en casa es perfecta. Así que realmente da igual si creciste con esta película o si la has descubierto de mayor, lo que importa es que la disfrutes y que te eches unas risas con Kevin, Harry y Marv en Navidad. No pasarlo bien es imposible con Solo en casa, ese pequeño clásico navideño. Si por contra tus gafas de pasta son tan gruesas que te impiden reconocer que te lo has pasado en grande al menos una vez con esta película, ya sabes: “Quédate con el cambio, sabandija asquerosa”. 

Crítica escrita por Sergio Moreno