Hay proyectos que son absolutamente suicidas, uno no entiende muy bien en qué momento Universal ve lógico gastar 130 millones de dólares en la adaptación del cómic R.I.P.D., una obra de Peter M. Lenkov, guionista, entre otras cosas de Demolition Man. Pero el proyecto siguió para adelante, con un material realmente endeble, y a las manos de un realizador como Robert Schwentke, que si bien es cierto, consiguió un aceptable resultado en la primera entrega de Red, esto era más bien debido al carisma de sus actores que a sus propia dirección. Parecía la crónica de un desastre anunciado, el hecho de que Jeff Bridges pululase por ahí, podría haber sido un buen aliciente, si el carisma del actor hubiera servido para mantener a la película. Pero ni Bridges es capaz de salvar un desaguisado como éste, y el actor no es un reclamo suficiente de cara a la taquilla, de una película, que de por sí ya parecía poco atractiva. Sumado esto a las malas críticas que llegaron en cuanto se comenzó a verlo, convirtió a R.I.P.D. en el fracaso más grande de lo que llevamos de año. De esos 130 millones que costó, tan solo fue capaz de recaudar 30 millones en USA, y la pregunta es ¿quién no lo vio venir?

Nick Walker es un joven agente de la ley, que planea formar una familia con su novia. Tras una redada, encuentra unas piezas de oro junto a un compañero, las cuales decidirán quedárselas sin dar parte de ellos. Remordido por la conciencia, Nick se planteará devolverlas, algo que parece que no es muy del gusto de su compañero (Kevin Bacon) que aprovechará para acabar con su vida. Es ahí cuando el protagonista descubrirá que no se acaba todo una vez muerto, y al llegar al cielo, le darán la opción de ser un agente de la ley a los servicios de los muertos antes de enfrentarse al juicio final. Nick será asignado a Roy Pulsipher, un veterano agente que murió en el siglo XIX. Juntos, tendrán que hacer frente a todos aquellos muertos que se resisten a dejar la tierra. Pero pronto se verán envueltos en una trama mucho más peligrosa, estos muertos que siguen estando en la tierra, planean abrir un agujero que permita a todos los muertos deambular por la tierra.

Es inevitable ver RIPD y no acordarse de Men in Black, el esquema es exactamente el mismo, un joven agente de la ley, de repente descubre un mundo que no sabía que conocía. Debe renunciar a todo lo que era su vida anterior y aprender a congeniar con un agente veterano que no le quiere a su lado y con el que no congenia en absoluto. Pero por desgracia ahí se acaban las similitudes, es cierto que la de Barry Sonnenfeld es una película que ha envejecido bastante mal, y se podría pensar que la forma está realmente caducada, pero el año pasado nos sorprendió con una secuela que seguía funcionando a la perfección, en todos los puntos en los que esta falla. La película, que cuenta con un guión absolutamente esquemático, como si cada escena hubiera salido de un borrador distinto, acaba haciéndose cuesta arriba, antes de desmantelar toda la trama principal, es inevitable pensar que ya llevas tres soporíferas horas sentado en la butaca sin que te hayan contado nada que realmente llame tu atención. Y lo que es más grave aún, cuando ésta se desvela, la película no remonta, la sorpresa es esperada, y lo que queda de película es igual de aburrido, pero con más explosiones y coches volando.

Y es que, si seguimos hablando de Men in Black, que es, indudablemente, el punto del que nace RIPD, en aquella, el peso caía sobre un Will Smith, que si bien, nunca ha sido un actor extraordinario, y ahora parece entregado en hacer que su hijo (sin talento) triunfe, siempre ha sido un actor con un carisma desbordante. No se puede decir lo mismo de Ryan Reynolds, un actor realmente soso, su cara de palo me resulta aburrida, no me le creo haciendo nada, y mucho menos como un héroe. Tan solo cuando le vi encerrado en Buried fue capaz de convencerme ligeramente y estaba demasiado asfixiado por la claustrofobia que conseguía Rodrigo Cortés en la película, como para poder exigir demasiado a su protagonista. Ni siquiera Jeff Bridges, obligado a soltar un montón de chistes sin gracia, y a soltar siempre las mismas bromas repetitivas, parece con ganas de salvar esto, más centrado en recibir su cheque al final del rodaje que en hacer nada más que coger un poco de los personajes que ha interpretado con los Coen y mezclarlo para realizar su interpretación.

La verdadera muerte de RIPD: Departamento de policía mortal, más allá de su título, se encuentra en lo mortalmente aburrida que es. Lo tonta y estúpida que resulta, es imposible que nadie de más de siete años pueda disfrutarla, y para colmo es demasiado grosera para que un niño de menos de siete años la vea. Los 130 millones que costó no sabemos muy bien donde se han metido, pues ni siquiera sus FX son deslumbrantes, y cantan en más de una ocasión, y el 3D resulta tan poco interesante, que me pasé media película con las gafas quitadas, y por momentos, parecía que viéndola medio borrosa incluso ganaba. RIPD es el batacazo del año, pero se lo ha ganado a pulso, porque también es uno de los bodrios del año, ¿Quién da luz verde a proyectos así de suicidas?

Título Original: RIPD. Rest In Peace Department Director: Robert Schwentke Guión: Phil Hay, Matt Manfredi Música: Christophe Beck Fotografía: Alwin H. Kuchler Intérpretes: Jeff Bridges, Ryan Reynolds, Kevin Bacon, Mary-Louise Parker, James Hong, Robert Knepper, Stephanie Szostak, Devin Ratray, Mike O’Malley, Marisa Miller Distribuidora: Universal Fecha de Estreno: 20/09/2013