Terminada la 46ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Catalunya, es el momento de hacer balance de lo qué ha dado de sí el festival. Una edición no exenta de polémica, en algunos casos impropia de un festival de esta talla que esperamos subsanen en próximas ediciones.

Lo primero que queremos hacer es felicitar a la organización por su excelente resultado de público, más de 66.000 espectadores, lo que supone un incremento de un 10,51% a pesar del recorte del 14% de subvenciones. También nos gustaría destacar el palmarés, premiando producciones tan variadas como Borgman, Big bad wolves, Coherence o Jodorowsky’s dune, entre otras. Por último, también queremos destacar el premio del público a la obra de Frank Pavich en Jodorowsky’s dune, sobre todo si tenemos en cuenta que es la primera vez que este premio recae en un documental.

Por otra parte, uno de los grandes momentos llegó con la sesión Phenomena, este año la sesión sorpresa de Sitges. Tuvimos la suerte de ver en pantalla grande una copia en perfecto estado de la remasterización de 1997 de Star Wars, Episodio VI: El retorno del Jedi. Sin duda, una sesión muy emocionante que parecía imposible para los fans de Phenomena y la saga pocas semanas atrás. Lo que sí habría que valorar es si debía ser la sesión sorpresa o se debería haber proyectado alguna película más “premiere” y pasar la sesión Phenomena en otro momento. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Llegados a este punto, no queremos olvidarnos de los errores de la presente edición, que no han sido pocos. Para empezar, nos gustaría recalcar la abultada programación. Este año Sitges ha contado con un día menos y 333 producciones en cartel, en general, un poco discretas. Recordemos que en la edición de 2012, 261 fueron las películas proyectadas. Parece que el festival ha optado más por la cantidad que por la calidad y este exceso considerable ha tenido varios daños colaterales. Por un lado, la exagerada cantidad de películas en la sección oficial con un total de 28 películas. Por otro, algunas películas parecían sobrar en esta programación como podría ser el caso de The jungle o Possession (Sapi), mientras que otras producciones a priori más interesantes como Escape from tomorrow han contado con tan sólo un pase. Además, este exceso de películas fue un quebradero de cabeza para los espectadores que querían cuadrar lo mejor posible sus agendas. Una programación más ligera hubiera facilitado la programación de muchas personas y hubiera mejorado la imagen general del festival.

Otro de los daños colaterales de este exceso de producciones se dejó ver la mañana del miércoles 16 de octubre con los pases de The congress y Open grave. El DCP, un servidor que se usa para almacenar datos, se estropeó y ambas películas sufrieron dos cortes, el segundo de Open grave fue irrecuperable. Quizá con un horario más holgado, estos problemas se habrían podido solucionar sin la presión de una programación demasiado apretada. Al final, la organización optó por cancelar el pase de Open grave a falta de unos minutos para terminar la proyección y cancelar el pase de Mala para no retrasar el resto de sesiones. La solución que tomó fue devolver el dinero o cambiar la entrada a los que habían comprado una individual, programar un pase especial al día siguiente con los últimos minutos para la prensa y dejar de lado a los abonados a los que no se les ofreció ninguna solución. Personalmente, como abonado traté de solucionar el problema con el departamento de prensa, que no hizo otra cosa que dar largas hasta que me derivó al departamento de administración, que optaron por dejar sin respuesta las preguntas acerca de cómo podíamos los abonados recuperar esos cinco minutos de Open grave o ver Mala. Como solucionarle un problema a un abonado es complicado, decidieron esconder la cabeza en el suelo como los avestruces y dejar pasar sus responsabilidades. Total, los abonados ya han pagado, ¿no? Viendo el respeto que demostraron, uno llega a plantearse para la próxima edición dejar de lado el abono y comprar entradas individuales. Tienes más garantías.

Para terminar con algo positivo este balance, me gustaría destacar el ambiente del festival y las sensaciones que uno vive como espectador. Si te gusta el cine, estos 10 días en Sitges son una gozada, una gran oportunidad para descubrir películas que apenas llegarán a distribuirse en España. Pero sobre todo, se trada de mezclarse con un montón de gente que adora las películas y que convierten algunos pases en una bonita experiencia. La gente compensa en gran medida esta sensación agridulce que ha dejado esta edición del festival. Queda un año para la 47ª edición y es el momento de hacer balance. Espero que la organización no se quede sólo con los datos positivos y aprenda de sus errores. Como espectador toca hacer otro tipo de balance y decidir si vale la pena volver a Sitges o es mejor dejarse caer por otros festivales el año que viene. Por ahora, es mejor quedarse con lo disfrutado.