El BCN Film Fest termina y lo hace con una de esas películas de cine indie estadounidense tan reconocibles e interesantes de ver. Sound of Metal, estrenada en el TIFF y próximamente lanzada en Amazon Prime Video, es un character Study que merece sin duda la atención que le da este festival por su propuesta creativa y su enfoque diferenciador.

Ruben es un baterista de una banda de metal que empieza a perder la audición gradualmente, ese hecho cambia radicalmente su vida y la de su novia, la vocalista de la banda que intentarán hacer lo posible para lidiar con esta situación.

El film goza de un carácter especial sobre todo en la gran dirección de Darius Marder, que calcula muy bien la puesta en escena y la puesta en cámara para transmitirnos el viaje de nuestro héroe, desde una secuencia inicial muy potente al tono reflexivo y dramático que domina en la mayoría de la película. No se puede dejar de mencionar tampoco el grandísimo trabajo de sonido, elemento clave para la identificación del público con el protagonista y como este va cambiando con la evolución auditiva de Ruben, creando un tono casi experimental que solo podría llevarse a cabo en una producción independiente como esta.

Riz Ahmed demuestra una gran solvencia como actor protagonista y sorprende llevándose la película a las espaldas y aportando su realidad a la hora de actuar y, sobre todo, mejora un guión que podría pulirse más, ya que algunas escenas no aportan tanto al desarrollo del personaje, haciendo que los 130 minutos que dura sean recortables y se hagan reiterativos, además de que muchas veces es un trabajo árduo entrar en esta historia.

No obstante, el guión hace bien, en mi opinión en abrir las preguntas adecuadas y tratar el tema de como el ser humano se adapta a los momentos traumáticos, a los cambios que son inevitables. Sound of Metal defiende la aceptación de las vueltas de la vida, y, lejos de ser una oda a la sordera ni estigmatizarla, construye un arco preciso que nos lleva a un final potente.

El debut en ficción de Darius Marder tiene unos puntos favorables bien claros que la hacen diferente, desde el ya mencionado uso del sonido, a su retrato de la sordera y la gente sorda, normalizando su condición y sin crear estigmas, hasta su desarrollo profundo del background problemático de los dos personajes principales, siendo una película vitalista y hasta optimista dentro de su oscuro tono. Sin duda una buena forma de terminar el festival y un director al que hay que seguirle la pista en sus siguientes proyectos independientes. Esperemos que a la siguiente consiga distribuir su película en cines o la veamos en Prime Video.

Crítica escrita por Jaume Maneja