Dos de las citas más esperadas de la Sección Oficial de esta edición de la Berlinale eran la chilena El club, de Pablo Larraín, y la alemana Als wir träumten, de Andreas Dresen, que fue miembro del jurado oficial hace dos años, ambas dejando una impresión bastante buena. También fue bien acogida en Panorama la tercera de las películas del festival en las que interviene James Franco, junto con la ya comentada Queen of the desert, y Everything will be fine de Wim Wenders, y la más independiente de ellas: I am Michael, de Justin Kelly.

El club – Ángeles caídos

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Pablo Larraín ha arrancado los aplausos casi unánimes del público del festival con El club, una película sobre la que, de primeras, convendría saber lo menos posible. Con unos primeros minutos de magnífica introducción de personajes, nos encontramos ante un grupo de hombres que observan desde lejos una carrera de perros. Pronto vamos a descubrir que estos hombres son curas, y conviven juntos en una casa de penitencia, castigo y represión. Y no es la única, hay muchas más casas de este tipo repartidas por todo Chile.

El mérito de El club reside en hablar sin tapujos de temas que todavía en cierto sentido son tabú. Y lo hace desde una perspectiva intencionadamente grotesca. Sin embargo, por momentos parece quedarse en tierra de nadie, como si no supiera si decantarse por la sobriedad, o por el histrionismo de, por ejemplo, La mala educación. Con unas interpretaciones poderosísimas (el punto más fuerte del filme), y la música de Arvo Pärt marcando el destino trágico de los personajes, como en el tramo final, con esas campanas juzgando sus actos, Larraín firma una película muy distinta a lo que estamos acostumbrados, pero que a veces se deja llevar por el tremendismo. En cualquier caso, una de las grandes sorpresas del Festival.

Als wir träumten – Morir, dormir, tal vez soñar

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Las dos películas de producción alemana que han participado en la Berlinale, Victoria y Als wir träumten, dejan claro que el festival se interesa por un tipo de cine que se hace en su país muy concreto: fresco en su realización, y que trate argumentalmente los problemas de los jóvenes, actuales y de etapas anteriores. Als wir träumten, basada en la primera novela del escritor Clemens Meyer, nos habla precisamente de eso: las andanzas hacia el autodescubrimiento de un grupo de chicos en Leipzig entre los últimos años de la RDA y los primeros tras la caída del muro.

Había muchas expectativas con respecto al último trabajo de Andreas Dresen tras su impactante última película de ficción, la estupenda Stopped on track. Nos encontramos ante la versión de Dresen más explosiva y juvenil, pero también más elaborada desde la woodyalleniana Whisky & Vodka en 2009. Su realización es muy potente, con momentos muy cuidados, como el de la pistola en la discoteca. Sin embargo, se echa de menos al Dresen más personal, al del estilo improvisado, naturalista y casi dogma como el de la también estrenada en España En el séptimo cielo. Es por ello que en las escenas intimistas, en las que el director no corta el plano y mantiene la cámara, es en los que la película gana.

En Als wir träumten la ausencia de música se sustituye por un latido electrónico casi constante, que acompaña a los jóvenes y muy competentes actores. El problema es que la película habla de un tema de sobra conocido y muchas veces visto sin introducir apenas ninguna novedad. Y no ayuda que la narración se estanque constantemente. Pero aunque pueda parecer decepcionante, los momentos en los que la cinta brilla, la elevan de categoría, y solo por eso ya estamos ante uno de los trabajos más importantes de la Sección Oficial.

I am Michael – La búsqueda de la identidad

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En un principio, I am Michael, la ópera prima de Justin Kelly estrenada en Sundance, puede recordar a Mi nombre es Harvey Milk: una película sobre un activista de los derechos de la comunidad homosexual que vive en San Francisco, en la que también actúa James Franco, y que, además, está producida por Gus Van Sant. Sin embargo, cuando nos enfrentemos a la historia real de Michael Glatze, nos encontramos con algo totalmente diferente. Fundador de la revista Young Gay America, Glatze empezó a sufrir ataques de ansiedad relacionados con su miedo a la muerte, y tratando de buscar respuestas y un sentido a la vida y a su propia condición, se volvió profundamente religioso. Y lo más impactante, “dejó” de ser homosexual.

James Franco, esta vez sí tomándose su papel muy en serio (al contrario de lo que hacía en Queen of the desert, como ya comentamos), es el alma de esta producción de carácter marcadamente independiente, que hace uso de medios modernos, como la utilización de blogs o de MySpace, para conducir el relato de manera convencional pero competente. Aunque incluso Franco queda ensombrecido cuando entra en escena un Zachary Quinto extraordinario. I am Michael genera además polémica debido a su acercamiento neutral y poco recriminatorio a los temas que trata, incluido el de la peligrosa influencia de la religión en la vida de alguien que se sienta inseguro. Y una película que crea debate, siempre es necesaria de ver.