Tras la muerte de Steve Jobs en 2011, varios estudios se lanzaron a la disputa de conseguir los derechos por llevar su vida a la gran pantalla. No era ya el simple hecho de aprovechar toda esa publicidad gratuita que se deriva de acercarse a un personaje de actualidad, algo a lo que Hollywood siempre está alerta (de hecho pronto veremos un proyecto centrado en la figura de Julian Assange, mientras que son varios los proyectos sobre Lance Armstrong que también se están preparando). Si no que el reciente éxito de La Red Social hacían que un biopic centrado en Jobs fuera muy suculento. Además, durante la primera década del siglo XXI, gracias a los lanzamientos de iPod y iPhone, Apple no sólo consiguió resurgir de sus cimientos, si no que reunió a un amplio grupo de acólitos, que seguían cada convención de la compañía, y a la figura de su CEO como si de una gran estrella del rock se tratase. Finalmente el proyecto se llevó de manera independiente, con un equipo con poca experiencia, pero que trabajó a toda prisa para que la película se pudiera presentar este año en el festival de Sundance, tan sólo un año después de la muerte de Jobs.

Quizá, uno de los mayores problemas que nos encontramos es que demasiado pronto para saber qué puesto ocupa Steve Jobs en la historia. Sí, es cierto que junto a Bill Gates es el padre de la computación moderna, tal y como la conocemos hoy en día, pero, ¿hasta qué punto su figura debe ser ensalzada?. El biopic recorre la vida de Jobs al completo, iniciando con el lanzamiento del primer iPod, toda ella está narrada como un enorme flashback que arranca con los primeros años universitarios de Jobs. De cómo fundó su empresa en el garaje de la casa de sus padres, y pese a su tosco y misántropo carácter fue capaz de encontrar puertas que ir abriendo para crecer. Su forma de ser, unida a su mente, siempre visionaria, más preocupada por labores creativas que por negocios, le llevó también a ser destituido de una compañía que para él no podía ser una más, si no la mejor, la que diera a la gente esos productos que aún no sabían que no eran imprescindibles para ellos. Esta visión de negocio le llevó a ser despedido de la compañía que él mismo había creado. Aunque años después, tuvieron que volver a recurrir a él para sacarla del pozo en la que se había hundido, consiguiendo hacer de Apple, lo que es ahora.

Uno de los más graves problemas que nos encontramos en Jobs, es precisamente la sensación de que la película está hecha por esos seguidores ciegos de la marca. Jobs es una película hecha por y para fans de Apple. El relato es prácticamente hagiográfico, y hasta resulta ligeramente bochornosa la forma que tienen por comparar constantemente a su creador con un nuevo Mesías. No faltan incluso las referencias a Jesucristo, más allá de por el aspecto de Steve, nos encontramos con algún momento bastante vergonzoso, como ése en el que Jobs vuelve después de un tiempo, y uno de sus empleados exclama: “¡Jesús!”, a lo que éste responde: “No, sólo soy Steve”. Lo peor de un relato siempre preocupado por endiosar a la figura de la que habla, es que pierde con ello el riesgo de mojarse, de crear un análisis profundo de un personaje que podría haber dado un juego mucho mayor. La película se limita a justificar su comportamiento con la única excusa de que era un genio.

El relato es tan cobarde, que ni siquiera se atreve a profundizar en puntos interesantes de la vida de Jobs, como es su disputa con Microsoft por el robo de la interfaz gráfica de Macintosh, algo que queda relegado a una simple llamada telefónica. Aunque la película fluye con facilidad, el relato nunca se arriesga a hacer nada distinto, todo en ella es absolutamente obvio, es incapaz de sorprender al espectador, de indagar en sus personajes, de construir algo realmente rico. Los personajes secundarios deambulan por la pantalla, poco importa cuando desaparecen. En un punto de la película, Jobs se niega a dar acciones a algunas de las personas que trabajaron con él para crear la empresa, ¿y qué es lo que hace la película? Justifica a su protagonista haciéndole decir que eran simples empleados y que él era el genio. No sabemos bien si por respeto o por devoción, son incapaces de tomar una decisión que pueda ensuciar la figura de Jobs. Pero lo peor, es que la manera de la que más la ensucian, no está dentro del guión, si no en la elección de su protagonista. No se puede negar que el parecido físico de Kutcher con Jobs es apabullante, y apenas necesita de maquillaje para meterse en su piel. Pero parecerse a alguien va más allá del simple parecido físico, y realmente un servidor no sabe muy bien qué es lo que se dedica a hacer el actor en la película, un actuación tan demencial, que por momentos parece que hasta le cueste recordar sus líneas.

No podemos decir que Jobs sea un completo desastre, es una película que hecha para los fans de las compañía, y seguro que ellos saldrán satisfechos. El resto, al menos, podrán pasar un par de horas ociosas, con una película que es realmente ágil y entretenida, una simple distracción que no molesta demasiado. No sabemos si el problema ha sido el de querer mitificar rápidamente la figura del personaje, o si ha sido el respeto a un cadáver que aún está caliente, el que ha impedido alcanzar cuotas mayores, pero es una lástima que un personaje tan interesante acabe hundido en una película carente de ninguna ambición. Echamos la vista atrás y vemos como Fincher usó a Zuckerberg para construir el mejor relato sobre la sociedad actual que nos ha dado Hollywood y vemos que Jobs es un iPod sin canciones. Una película que a buen seguro, el propio Jobs, habría tratado de mejorar para considerarla apta de llevar puesto el logotipo de la manzana.

Título Original: jOBS Director: Joshua Michael Stern Guión: Matt Whiteley Música: John Debney Fotografía: Russell Carpenter Intérpretes: Ashton Kutcher, Dermot Mulroney, Josh Gad, Matthew Modine, James Woods, Amanda Crew, J.K. Simmons, Lesley Ann Warren, Jeremy Shada, Lukas Haas Distribuidora: TriPictures Fecha de Estreno: 20/09/2013