Pocos autores hay a día de hoy en el cine de terror con la capacidad imaginativa y la libertad anárquica que muestra Rob Zombie en cada una de sus películas. Es cierto que el rockero no es un director excesivamente brillante y tampoco las historias que desarrolla son las más interesantes que nos pueden contar, algunas siendo incluso prescindibles, pero su gusto estético resulta extraordinario y absorbente, sus influencias son claras y nunca las oculta y se limita a hacer el cine que le apetece. Posiblemente, llegó a la madurez con su remake de La Noche de Halloween. Su visión se alejaba mucho del típico remake actual que se limita a poco más que actualizar de malas maneras lo que ya estaba hecho. A Zombie lo que le interesaba era la figura del asesino, así se acercaba a la figura de un Mike Myers desde su infancia de un modo perturbador, llegando hasta el punto de hasta incluso justificar sus acciones a través de los motivos por los que lo cometió. Zombie es brutal con sus imágenes, pero también directo y extravagante. No le importa la reacción del público cuando filma, simplemente filma lo que a él le gustaría ver, quizá a veces de manera excesiva, convirtiendo algunos de sus filmes en un completo viaje de ácido, y aunque no sea para todo el mundo, cuando se disfruta, ¿quién se puede resistir a eso?

The Lords of Salem nos lleva a Salem, Massachusetts, en la actualidad, el mismo pueblo dónde siglos atrás se cometieron los terribles juicios de Salem, por los que muchas mujeres fueron ejecutadas acusadas de brujas. Allí una DJ de un programa local recibirá un extraño disco de vinilo en una caja de madera de un grupo que se hacen llamar The Lords, cuando lo ponga en antena, descubrirá que el disco tiene un extraño efecto sobre algunas de las habitantes de Salem, incluida ella. Los ecos de la brujería empiezan a recalar sobre ella, mientras que lentamente observa como su vida se desmorona, es incapaz de entender nada e incluso vuelve a recaer en las drogas. Mientras tanto un historiador local, intentará llegar a la raíz del asunto y por qué ese extraño sonido tiene unos efectos tan perturbadores sobre algunas mujeres y pronto descubrirá, que aquellas brujas que fueron asesinadas quizá tengan un plan para volver.

Pero como decíamos, poco importa realmente la trama de la película, que puede resultar incluso absurda, y que en manos de otro director es probable que hubiera recaído en una película facilona llena de sustos a alto volumen. Zombie apuesta por el anarquismo, por ganar al espectador desde la imagen, por traer el terror a través de la angustia y la extrañeza. Lo hace desde un primer instante, porque ya la imagen de esas brujas desnudas bailando alrededor de una hoguera, resulta abstracto, alucinógeno, y tiene una fuerza y un poderío inusitado, que te conduce a querer seguir viendo que es lo que va a acontecer. Incluso, cuando la historia se relaja, Zombie no dejar salir al espectador de la estupefacción, aunque sea a costa de caer en imágenes tan ridículas como la cortinilla que precede al programa de radio, totalmente innecesaria y absurda, pero que se muestra como un recurso potente e inteligente.

Pero cuando Zombie se desata por completo y muestra todas sus cartas es sin lugar en una recta final, en la que mezcla todo lo que tiene en mano. Desde la impresión generada por ese extraño pasillo, que tiene tanto de los edificios de Polanski como del Kubrick de El Resplandor, a el mayor de los ridículos, viendo a su protagonista cabalgar una cabra. Todo vale con tal de mantener al espectador completamente abstraído del mundo, que visualiza las imágenes grabadas por Zombie sin saber demasiado bien a lo que está asistiendo. Abrumado por la belleza, incapaz de soportar la risa, pero aterrado por todo lo acontecido, un clímax de una brutalidad, que además de los ya mentados tiene grandes influencias del terror italiano. El resultado es el de un tripi, extraño, fascinante, perturbador y realmente terrorífico que hacen plantearse al espectador si lo que acaba de ver es una estupidez mayúscula o la mayor de las genialidades.

Pero que sea una cosa u otra es al propio espectador al que le toca decidirlo, porque está claro que el cine de Zombie es algo realizado para él, sin pensar en que el espectador pueda disfrutarlo o detestarlo. Pero poco importa, porque si eres de esos que consigue entrar en el universo anárquico del realizador es fácil que acabes descubriendo que sin importar muy bien qué es lo que has visto, se sienta como una experiencia enriquecedora y disfrutable, ante la que, pese a todo, te pensarías mucho en repetir, al menos en un corto periodo de tiempo.

Título Original: The Lords of Salem Director: Rob Zombie Guión: Rob Zombie, Steve Niles Música: Rob Zombie Fotografía: Brandon Trost Interpretes: Sheri Moon Zombie, Christopher Knight, Dee Wallace, Clint Howard, Udo Kier, Barbara Crampton, Maria Conchita Alonso, Lisa Marie, Sid Haig, Bruce Davison, Michael Berryman, Meg Foster Distribuidora: eOne Fecha de Estreno: 17/05/2013