Tercera película del tándem Wright-Knightley tras Expiación (2007) y Orgullo y prejuicio (2005). Tercera adaptación de una obra cumbre de la literatura. Enésima adaptación de Anna Karenina de Tólstoi, la famosa historia de una joven de la alta sociedad rusa que abandona a su marido y su hijo para vivir una apasionada historia de amor con el oficial Vronski.

Sabiendo que se debía ofrecer un punto de vista diferente al público, sabiamente se ha apostado por una fórmula muy visual y atractiva: el grueso de la acción sucede en un teatro que adoptará varias funciones desde acoger un baile, celebrar una carrera de caballos o ser el dormitorio de Anna Karenina. Una apuesta original, aunque un poco confusa al principio. Esta teatralización del escenario lo impregna todo: las actuaciones de los actores están muy marcadas, las transiciones se hacen cambiando el escenario directamente delante de la cámara, los músicos que interpretan la banda sonora están presentes entre la gente y tiene un ritmo que en algunos momentos roza el musical.

Lástima que esta puesta en escena, visualmente muy poderosa, se acaba convirtiendo más en un defecto que en una virtud en sí misma. Se aleja demasiado del público, le falta pasión. Convertir el escenario principal en un teatro ha servido para alejar al espectador de la obra, le desconcierta durante demasiado rato y cuando por fin comprende qué está viendo ya es tarde, ya está perdido entre bambalinas observando como cambian los decorados y empieza el segundo acto. Para empeorar las cosas, incluso algunos actores están extremadamente exagerados, como es el caso de la propia Keira Knightley, una Anna Karenina digna en algunos momentos, aunque extremadamente pija, afligida y sobreactuada. Al igual que pasa con la escenografía, se ha teatralizado en exceso los registros actorales y no todos han podido mantenerse a la altura de lo que la película demanda. Mención a parte merece Jude Law, que sí ha sabido convertir su personaje en un elemento creíble, desgraciadamente es uno de los secundarios.

Anna Karenina posee imágenes de extraordinaria belleza, me parece destacable la carrera de caballos en el escenario del teatro o el primer baile en el que Anna i el oficial Vronski se encuentran, pero se pierde en este teatro que era la alta sociedad rusa. Aunque se pueda comprender la metáfora de que esta gente vivía más actuando que viviendo la propia vida, interpretando un papel de cara a sus amigos ricos, Wright la ha hiperbolizado tanto que ha quedado muy artificial. Un exceso de forma que probablemente no llegará al público en general y que ha derivado en convertir la película en un producto aburrido. A veces se usa la frase, “less is more” (menos es más) para remarcar que no siempre lo complicado agrada. No habría estado mal que Wright la hubiera recordado.

“James Joyce escribió una vez que Tólstoi nunca fue “aburrido, ni estúpido, ni cansino, pedante o teatral”. Hubiera cambiado de opinión si hubiera visto ‘Anna Karenina’. (Rex Reed: The New York Observer.) (Fuente: FilmAffinity.)

Título original: Anna Karenina. Director: Joe Wright. Guión: Tom Stoppard (de la obra de Leon Tólstoi). Música: Dario Marianelli. Fotografía: Seamus McGarvey. Reparto: Keira Knightley, Aaron Johnson, Jude Law, Domhnall Gleeson, Kelly MacDonald, Olivia Williams, Ruth Wilson, Matthew Macfadyen, Emily Watson, Michelle Dockery, Jude Monk McGowan, Hollyday Grainger, Luke Newberry, Alicia Vikander, Susanne Lothar.